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Por Luis Campos - Durante el
primer trimestre de este año el salario real de los trabajadores registrados
del sector privado (es decir, el salario medido según su capacidad de compra)
volvió a sufrir un deterioro. Sin embargo, si bien la variación anual sigue
mostrando caídas superiores a 10%, no menos cierto es que el ritmo de su
retroceso se ha morigerado significativamente y que, desde diciembre de 2018 ha
sido mucho más leve que en los meses anteriores. ¿Cuáles son las perspectivas
de cara a lo que resta del año?
En primer lugar, hay que destacar que el ingreso de los trabajadores
sigue una tendencia declinante en el mediano plazo y actualmente se encuentra
un 17% por debajo de los niveles del año 2015. No obstante, es posible que nos
encontremos frente a una dinámica similar a la registrada en el bienio
2016-2017: fuerte caída en el año par, leve crecimiento en el impar. ¿Podrá
repetirse este escenario?
La evolución del salario real depende fundamentalmente de dos variables:
el desarrollo y los resultados de las paritarias y la inflación. En cuanto a
las paritarias, en varios casos se establecieron aumentos anuales superiores a
30% (están allí los casos de metalúrgicos, comercio, entidades civiles y deportivas,
vestido); en otros gremios se han pactado incrementos trimestrales según la
inflación pasada (por ejemplo, mecánicos, sanidad, construcción). Si ello se
suma a los aumentos que se hicieron efectivos en el primer trimestre de este
año, no son pocas las actividades que mostrarán variaciones nominales en torno
a 50% anual en el segundo semestre del año.
Es allí donde el segundo componente de la ecuación entrará a jugar su
partido. Si el Gobierno logra contener la inflación (que, a abril pasado,
acumuló un 55,8% en 12 meses), posiblemente comiencen a registrarse incrementos
reales en los próximos meses. Estos serán insuficientes para recuperar la caída
de 2018, pero sí al menos alcanzarán para mostrar una mínima recuperación. Si
es así, ¿estaremos frente a una nueva ilusión que antecede a nuevo recorte?
Estamos muy lejos de poder responder este interrogante, pero nada indica
que estos aumentos del salario real, al igual que el actual esquema
macroeconómico, sean sustentables en el tiempo. Al igual que en 2017, la
ilusión salarial posiblemente será un efecto acotado a los meses que coinciden
con el calendario electoral.
Finalmente, dos aclaraciones adicionales. Por un lado, este escenario
está condicionado a que no se incremente el ritmo de la inflación; por el otro,
nada de ello es aplicable a los trabajadores del sector público, cuya
remuneración sigue siendo licuada en términos reales a un ritmo que no se
registraba desde la salida de la convertibilidad en el año 2002.
(*) El
autor es integrante del Observatorio el Derecho Social de la CTA Autónoma
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