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Por Alejandro Colle - Comienza un nuevo mes en los mercados, donde
las dos características salientes serán una alta volatilidad y una menor
propensión a asumir riesgos. Se combinan factores internos y externos para
aventurar que, luego de 5 semanas de calma cambiaria, es altamente probable que
el Banco Central sea puesto a prueba y se vea obligado a vender dólares de las
reservas para evitar saltos bruscos en la cotización de la divisa
estadounidense.
En lo
doméstico, aún subsisten indefiniciones en lo político que, tanto en lo
relativo a la conformación de las alianzas electorales como en la definición de
las candidaturas pueden inclinar la balanza en un mercado que se maneja con
opciones binarias. Para los analistas de acá y de afuera, la alternativa es
Macri o Cristina, sin importar tanto el lugar que ocupe la expresidenta en el
ticket. On/off. Encendido/apagado.
Los
casilleros se irán completando durante el mes, primero el 12 con las alianzas,
que en la oposición marcarán el grado de cohesión del peronismo y las
probabilidades de superar al oficialismo en las Primarias de agosto, la primera
vuelta de octubre y un eventual balotaje en noviembre. También el oficialismo
debe información para terminar de armar el panorama. Y el 22 ya quedará
despejada la incógnita de los candidatos. Tomar riesgos financieros en un
contexto de información imperfecta y alta volatilidad es como tirar una moneda
al aire. Puede salir cara o ceca. Ganar mucho y perder mucho.
Desde
afuera, la última semana marcó un cambio en el ánimo de los inversores. El
presidente de los EE.UU., Donald Trump agregó un nuevo frente de conflicto a
los todavía no resueltos con China por cuestiones comerciales, la tensión
bélica con Irán y ahora la imposición de un arancel del 5% a la importación de
productos mexicanos para forzar al vecino país a frenar la migración ilegal a
los EE.UU.
Demasiados
frentes abiertos de, por el momento, incierta resolución. Previsiblemente los
capitales financieros buscaron refugio en activos de calidad, como se puede ver
en la caída del rendimiento de los Bonos del Tesoro norteamericano a 10 años,
clara señal de la suba de los T10 por la mayor demanda que genera el vuelo a la
calidad. En mayo la tasa bajó de 2,50% a 2,13% anual.
A esto se
suma un aumento de la volatilidad (el índice VIX subió 27% a casi 19 puntos en
7 ruedas), bajas de hasta 1,5% diario en los índices de Wall Street, y reflujo
de inversiones desde mercados emergentes. El fondo EEM que sigue a las acciones
de empresas cuyos países integran el índice MSCI EM perdió el 6% en mayo. El
MSCI Argentina se salvó y quedó prácticamente neutro merced a las compras que
disparó la recategorización a Emergente. Y el cuadro se completa con una mayor
firmeza del dólar en el mundo. El índice DXY que compara a la divisa
estadounidense con las 6 principales monedas (euro, libra, yen, franco suizo,
dólar canadiense y corona sueca) está alto en torno de los 98 puntos. Y también
afecta a las monedas de países emergentes. El peso mexicano, por caso, cedió un
2,3% el viernes.
Los bonos
soberanos estuvieron castigados, algo que se reflejó en el salto del
riesgo-país. Tras recuperarse de un nivel superior a los 1.000 puntos básicos y
perforar los 900, volvió a dispararse hasta 984 en menos de un mes. Los títulos
públicos en dólares siguen acusando bajas superiores al 1% diario, sobre todo
en la parte corta de la curva. El Bonar 20 ofrece un rendimiento del 18,9% y el
Bonar 2024, del 19% anual. Números altos que reflejan la prevención del mercado
ante lo que consideran una eventual dificultad del Estado para hacer frente a
los compromisos financieros a partir de 2020. Los bonos largos, en cambio, como
el Bonar 2037 o el centenario tienen tasas del 12,5% y el 10,8%. La diferencia
es la medida de la vulnerabilidad de las obligaciones más cercanas. En el
mercado se maneja la posibilidad de una reestructuración de la deuda privada,
con diferentes variantes, todas voluntarias, que incluyen estirar plazos, bajar
tasas y probable quita de capital, que crece junto a la probabilidad de un
triunfo de los Fernández. O una combinación de las 3.
Cualquiera
sea el que gane las presidenciales, y pese a las encomiables declaraciones de
varios políticos respecto de que se van a respetar las obligaciones,
descartando cualquier posibilidad de default, desde lo técnico faltan
precisiones respecto de cómo se generarán los recursos para poder cumplir en
tiempo y forma. El bono dual que vence en febrero muestra un rendimiento
superior al 30% en dólares, dato que revela la preocupación del mercado
respecto de un posible cambio en las reglas de juego cambiarias. Hasta ahora,
la licencia que logró el BCRA del FMI
para intervenir vendiendo reservas internacionales sirvió para desacoplar al
dólar del resto de los activos. Desde el 29 de abril la cotización del dólar
bajó un 2,8% y permitió ganancias de al menos el 7% mensual a quienes
invirtieron en pesos.
Bastó el
anuncio para generar una ventana de pax cambiaria. Hasta ahora el BCRA no
necesitó vender divisas, más allá de los u$s60 millones diarios del Tesoro.
Poco contribuyó la liquidación de exportadores de cereales y oleaginosas, que
el mes pasado aportó u$s2.395 millones (un promedio de 79 millones diarios, la
mitad de lo esperado). Se replegó la demanda y aumentó la oferta financiera de
dólares para aprovechar los rendimientos en moneda local que parten del 4,5% en
un plazo común.
Hasta ahora
el BCRA no necesitó intervenir. Pero las definiciones políticas, más las
tensiones globales y la mayor aversión al riesgo pueden combinarse de tal
manera que aceleren la dolarización de portafolios. Las cifras del Balance
Cambiario del BCRA muestran que en febrero la Formación de Activos Externos del
Sector Privado no Financiero fue de u$s965 millones. En marzo pasó a u$s1.771
millones. Y en abril creció un 32,2% a u$s2.341 millones. Habrá que ver si la
oferta alcanza para equilibrar el mercado.
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