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Por Pablo Tigani - En torno a los 1.000 puntos de riesgo
país, caen 56% las ventas de autos y la recaudación proveniente de esos
automóviles. El BCRA tendrá
que vender dólares, son inciertas las reservas de libre disponibilidad que
habrá en noviembre. Se percibe una escasa la aflicción por lo
expuesto. Es posible que en 2020 comience un ciclo liderado por juristas y expertos
en finanzas corporativas. Una especie
de convocatoria de acreedores del sector público.
Si fuésemos C-levels y el país una empresa, la gerencia les indicaría a los accionistas que la cesación de pagos está
en camino. Se contratarían expertos en concurso preventivo que
alertarían sobre los movimientos cercanos al “periodo de sospecha”. Si se
hubiera dado gato por liebre, a la postre la calificación de conducta podría
ser fraudulenta. Escucharíamos interposiciones legales como: “… beneficiando a acreedores se
realizaron actos ineficaces de pleno derecho…, “actos que violan en forma incontestable los principios
básicos…”. Sabríamos que los organismos públicos gozan de “priority pass”, pero
tienen que esperar como todos, hasta que se haga el llamado. Pero bueno, no sucederá en 2019 si no hay puja cambiaria
y no se suscita otro ataque de pánico. En este escenario optimista,
el Gobierno suplica que el FMI no se eche atrás con los 3 desembolsos restantes
que suman u$s 11.800 millones. Pero de nuevo: -¿La cesación de pago fue antes o
después del despido de Sturzenegger/Caputo?-¿El prestamista de última instancia
(FMI) lo es aun cuando es obvio que el crédito no se va a pagar en plazo
acordado?-¿Qué decían los informes de los técnicos del FMI, previos al acuerdo?
-¿Estarán estudiando este nuevo experimento del FMI los expertos en
derecho internacional financiero?-¿Al FMI no le engloba?-
Retomando la macro, si todo sale bien, 2019 podría cerrar con inflación de 40%, una caída del PBI-alrededor de
2% y 5% en el total del periodo Macri, en medio de una frenética
recesión con antesala para una híper, y déficit primario en torno al 2%.
Inversión extranjera directa sustentable
Para conseguir la homologación de un concurso preventivo hay mostrar
cómo se generan los flujos de fondos para atender el nuevo perfil de la deuda.
Necesitamos inversiones, como palanca de las exportaciones que han de generar
los recursos genuinos: producción, exportación, dólares, capitalización,
trabajo y distribución como ejes de un círculo virtuoso durable.
Dialogando con Karl Sauvant
-Universidad de Columbia- razoné el enfoque del siglo XXI: Foreign Direct Investment Sustainable. Me
cautivó el concepto incorporado de “sostenibilidad”. Argentina nunca ha negociado inversiones
extranjeras sustentables. Vamos a tener que prescindir de los debates
estudiantiles estériles: inversiones extranjeras o inversiones nacionales.
Leyendo a Žižek, en su perspectiva marxista los griegos no claudicaron, sino
que procuraron mantener una soberanía reducida, bajo una ocupación económica.
También en Argentina 2020, las decisiones económicas estarán subordinadas al
FMI. Nos enfrentamos a “la tentación del suceso”. Un ejercicio disparatado, a cueste lo que cueste, puede hacer que las
cosas vayan a peor y estalle una crisis a gran escala. Está todo
listo. Debemos ser creativos y reflexivos -no hay espacio para un error de
cálculo-, el Gobierno entrante tendrá que decidir qué camino tiene el potencial
menor de aumentar el malestar de la ciudadanía después de estos 4 años
grotescos. No habrá margen de
tolerancia, y la deuda pública actual es una pesada herencia. Es
fácil apelar al gesto heroico pero puede convertirse en kamikaze, no comienza
una vida encantadora, ni se pueden pedir más sacrificios. Habrá que mantenerse
dentro de la frontera de lo posible, aplicando creatividad, imaginación,
talento y experiencia.
Necesitamos desradicalizar la necedad
Ya vimos el último blanqueo superando
los u$s 100 mil millones. El dilema es: la
“sustentabilidad” de la inversión, u otro capítulo de “endeudamiento y fuga”
para Basualdo.
Desde la Reforma Financiera de 1977-Ley 21.526-RF/77-, no solo las
multinacionales endeudan y fugan, los grupos oligopólicos nacionales y las
grandes empresas argentinas lo hacen. Inclusive cierta pequeña burguesía que
gime cuando quiebra, y al mismo tiempo hace edificios en Punta del Este o tiene
dólares en el exterior. No hacemos apología de la tradicional IED, sino una
reflexión, acerca de una nueva forma de recibir inversiones.
El cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la
ONU dice que se requieren recursos
esenciales, incluidos flujos de IED sustancialmente mayores en los países en
vías de desarrollo. Sin embargo, el problema no es solo lograr mayor
IED, sino que contribuya al desarrollo económico-social, ambiental.
¿Qué es la IEDS?
Sus principales características son las
contribuciones económico-sociales, ambientales y de gobernabilidad que
Argentina debe y puede exigir y, que las multinacionales han de comprometerse a
realizar. Acuerdos internacionales de inversión, instrumentos
intergubernamentales voluntarios, leyes del país de recepción, políticas del
país de origen, estándares de organizaciones intergubernamentales, empresas
voluntarias y códigos industriales de instituciones privadas.
Una amplia gama de beneficios que representan las claves de la
sostenibilidad. Derechos laborales, seguridad en el lugar de trabajo, no
discriminación, derechos humanos, transparencia, estándares de la cadena de
suministro, participación, cumplimiento legal. Muchos extrañarían: “vengan y
hagan la bicicleta”. Las características de sostenibilidad de la IED, van a
convertirse en comunes en pocos años. En medio del resurgimiento del
proteccionismo y la necesidad de defender nuestro mercado, es obvio que no se
puede soslayar la inversión extranjera sostenible. ¿Cuáles son los
temores? Si la facturación de las multinacionales supera ampliamente a
las empresas locales, hace décadas.
Una concertación de conceptualización teórica peronista
Me impresionó la respuesta de Sauvant cuando le pregunte: -¿Podemos sentar a los sindicatos en la
mesa?- “Por supuesto”, esta convergencia sugiere un consenso entre
una amplia matriz formada por todas las partes. Existen instrumentos
intergubernamentales que sustentan el consenso y, la convergencia tiene
señalización para las partes, hace más fácil incluir instrumentos que se
negocian. Será relevante para los debates de la OMC sobre la facilitación de
los flujos de IED, en fin.
Pero la acción primaria debe tener lugar a nivel nacional y provincial,
es necesario cambiar la mentalidad no solo “local”, sino de las
multinacionales. Hasta las agencias de promoción de inversiones (IPA) deben
impulsar la “IED sostenible”. Habríamos de encarar el desafío desde
Cancillería, en función del número de proyectos, montos de capital y número de
empleos a generar.
Habría que firmar acuerdos, definiendo
“inversión” como “inversión sostenible”, aplicando criterios de admisión a
propuestas y requisitos de aprobación.Podríamos abordar acuerdos locales de
corporaciones presentes en el país planteando beneficios de desarrollo
sostenible para “la calidad de
inversión”,contemplando el ciclo de vida de las inversiones.
No solo Argentina y las multinacionales interactuarían, los países de
origen, cuando apoyen a sus empresas que invierten lo harían. Y, dicho apoyo
vinculado a consideraciones de sostenibilidad, así lo hace Bélgica.
Responsabilidad compartida de países de origen y multinacionales.
La Argentina debe ir definiendo una lista indicativa, ampliamente
aceptada por el arco político y sindical acerca de características de
sostenibilidad, construida en torno a las necesidades comunes.
Luego de este insólito “velódromo”, los
acuerdos de IEDS lucen muy atractivos para recuperar la credibilidad perdida
que expresa el riesgo país de JPMorgan.
*Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política,
Profesor del MBA de UADE Business School. CEO de www.hacer.com.ar ,
www.pablo.tigani.com autor de 6 libros, 900 papers y artículos. Más sobre Pablo
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