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Por Claudio Zlotnik - La historia se
repite mes tras mes. En la primera semana, a más tardar, las principales
fábricas de alimentos remarcan
sus listas de precios. De hecho, la comida se viene encareciendo más que el
resto de los productos.
En las próximas horas, la industria recargará
un 4% el precio de la harina, que inmediatamente tendrá un impacto sobre el
precio de los derivados. El kilo de pan, por caso, ya se expende a $100 en
panaderías de la Capital.
Otro de los productos de la canasta básica
que tendrá un aumento en las próximas horas es el aceite: el ajuste será de 8%
en promedio. Se trata de un aumento similar al que sufrirá el azúcar. Para los
edulcorantes, la suba será en torno del 10%, también a partir de esta misma
semana.
De todas formas, algo
cambió. Ya no se trata solamente de dar cuenta de los incrementos. Producto de
un dólar que se mantuvo sin cambios en las últimas semanas y de una recesión
que no afloja, las empresas tomaron las siguientes decisiones:
-Ya no aplican alzas generalizadas en sus
listas de precios, algo que
vino sucediendo desde el año pasado, tras la devaluación.
-Y, lo más llamativo: ya empiezan a verse
algunas rebajas de precios. Se trata de
correcciones específicas, que ponen en evidencia la drástica caída del
consumo.
¿Cómo es esto? Se da la lógica: hay empresas
líderes que, en un intento por ponerle un piso a la caída de las ventas,
rebajan los precios o al
menos tratan de posponer los ajustes. Por ahora se trata de movimientos
puntuales pero que persiguen el objetivo, en los casos de esas compañías, de no
perder mercado frente a sus competidores.
En concreto, los empresarios prefieren en
muchos casos resignar utilidades -y en algunos productos hasta perder dinero
directamente- con tal de que la competencia no le muerda market share.
"Es un equilibrio
delicado. Pero hay que amoldarse a la realidad. Muchas veces conviene perder
plata ahora vendiendo por debajo de los costos antes que resignar mercado.
Después, cuando vuelve la buena época, cuesta más dinero volver a posicionar
una marca", comenta el gerente de una alimenticia líder, en diálogo coniProfesional.
En un contexto de caídas generalizadas en las
ventas de alimentos, la
decisión de rebajar los precios recae sobre algunos productos de nicho, que son
consumidos por la franja de mayores recursos de la pirámide social. Pero que, a
la vez, muestran retrocesos de no menos del 20% en las ventas con respecto a un
año atrás.
Sucede, por ejemplo, con los paquetes de
fideos. Como los consumidores se volcaron por las segundas, terceras y hasta
cuartas marcas, los "premium" ahora vendrán con rebajas de entre 16%
y 20% en sus precios.
El segmento de las pastas secas se ha vuelto
muy competitivo porque, en medio de la crisis, el público
reemplaza las carnes por las harinas; y por la aparición de marcas hasta ahora
desconocidas para el gran público, dispuestas a competir en el estrato más bajo
del consumo.
Con el advenimiento de estos sellos
"desconocidos" y la mayor fortaleza de las segundas y terceras
líneas, las empresas tomaron la decisión de rebajar los productos premium.
Llamativamente, la crisis le da
mejores oportunidades a los bolsillos (menos urgidos) de la clase media
acomodada.
Con el mismo objetivo,
también se aplican descuentos sobre rubros como "pastas rellenas" (de
8% promedio) o "lasagnas preparadas", con una rebaja de 10%.
Otro punto se da con los
vinos. Algunas marcas del estrato más bajo del consumo aplicarán rebajas de
hasta 15% en los próximos días.
Esto se debe a que algunos establecimientos
de Mendoza y San Juan, sin chances de exportación y que dependen del mercado interno,
están sufriendo una fuerte contracción de sus ventas. Urgidas por colocar su
producción (donde juega una cuestión de caja y costos), esas pequeñas y
medianas bodegas tratan de colocar sus vinos aun con una reducción sensible de
sus márgenes.
El consumo no encuentra su piso
La caída del consumo masivo se viene
prolongando junto con la recesión. En las empresas líderes del sector alimentos advierten,
incluso, que están sorprendidos por la persistencia y la magnitud del fenómeno.
"A nosotros, mayo nos
dio peor que abril", asegura a iProfesional el director de una
de las principales fabricantes del país.
Sin números definitivos (aún los están
procesando en base a las ventas de supermercados, autoservicios y mayoristas),
en las consultoras que miden la evolución del consumo masivo coinciden.
"Mayo fue muy flojo", comentan en una de esas compañías.
Los últimos datos del Indec reflejan la
situación crítica: la fabricación de alimentos y
bebidas se sumó a los demás bloques fabriles y también mostró un retroceso del
1,1% en abril, respecto del mismo mes del año pasado.
De acuerdo con las últimas
cifras oficiales (abril último), se registraron caídas en las cantidades
vendidas al mercado interno de postres, flanes y yogures (-17,2%), leches
fluidas y chocolatadas (-14,9%), leches en polvo (-14,0%), quesos (-7,8%) y
manteca, crema y dulce de leche (-6,1%).
A su vez, la producción de carne vacuna
mostró bajas de 3,4%, en abril de 2019, y 3,9% en el acumulado enero-abril
2019, respecto de los mismos períodos del año anterior.
Peor le fue a las bebidas. La elaboración de
gaseosas, aguas, sodas, cervezas, jugos para diluir, sidras y bebidas
espirituosas, exhibió una caída de 16,7% en abril de 2019 en relación con el
mismo mes de 2018 y acumula en los cuatro primeros meses del año una baja
interanual de 14,3%.
Justamente, en las cámaras empresarias que
reúnen a los industriales de la alimentación, los más alterados son los
representantes del sector "Bebidas". En especial, aquellos de las
empresas líderes, cuyas ventas se derrumban entre 25% y hasta 30% respecto de
hace un año. En este segmento fue notable la aparición de segundas y terceras
marcas que ganan terreno a fuerza de precios más
competitivos.
Este desplome en el
consumo no alcanza para revertir la dinámica inflacionaria: según las
consultoras privadas que miden la temperatura de los precios, el índice de
mayo se ubicó en torno del 3%. E incluso algunas décimas por encima.
Lo cierto también es que en este contexto de
retroceso en las ventas y, a la vez, de consumidores mucho más atentos a las
ofertas, que son capaces de resignar calidad y marca, las principales empresas
vienen tomando distintas iniciativas.
Una de las alimenticias más grandes del país
acaba de reclutar a un grupo de especialistas en ponderar precios y nivel
de ventas, con el objetivo de tomar medidas de manera urgente. Como, por
ejemplo, bajar los valores de venta o promover ofertas. El monitoreo es
permanente y exhaustivo. ¿Cómo se toma la decisión? Todo depende, como se
comentó más arriba, de que haya productos "amenazados" por la
competencia en las góndolas de los supermercados.
Hay otras medidas, menos simpáticas: las
reducciones de gastos que se vienen efectuando en el mundo corporativo.
En una de las
multinacionales de la alimentación más reconocidas, por ejemplo, se cortaron
los vuelos en "business", con la única excepción del CEO de ese
grupo. "Si alguien se va, esa persona no se reemplaza", es otra de
las definiciones más escuchadas.
El escenario está bien claro: avanzado el
segundo trimestre del año, los ejecutivos ya repiten aquello de que "hay
que pasar el invierno". Aunque, esta vez, nadie puede asegurar que
superados el frío ambiental podrá decirse lo mismo en relación a la marcha de
la economía.
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