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Por Daniel Fernández Canedo - Como en actitud religiosa, el Banco Central
viene cumpliendo mes a mes con su compromiso de que la cantidad de dinero en
circulación crezca "cero" tras el objetivo de contribuir a
la baja de la inflación.
El plan, acordado con el Fondo Monetario,
arrancó en octubre y hasta mayo su comportamiento fue seguido
puntillosamente en el entendimiento de que si no hubiese pesos dando
vueltas, la gente no tendría efectivo para presionar sobre la demanda
de productos de consumo ni sobre el dólar.
El trasfondo de la medida se apoyaba en que
el Banco Central dejó de emitir pesos para prestarle al Tesoro y que todo
cerraría con una tasa de interés superior a la inflación y a la
variación del dólar. Así, los ahorristas se sentirían tentados en hacer un
depósito a plazo fijo.
El inconveniente fue una inflación rebelde
que metió la cola y el esquema entró en tensión. Una causa fue
que buena parte de las variables económicas clave de la
Argentina están indexadas al pasado y un crecimiento cero de
la cantidad de dinero, y aumentos del costo de vida del orden de 4%
mensual, entraron en colisión.
Jubilaciones, pensiones, planes
sociales, alquileres, tarifas, salarios y gran parte de los contratos
de servicios privados están indexados al un costo de vida que en el último
año superó 50%. Y que , en ocho meses, convivió sin que la cantidad de
pesos aumente.
Es claro que para pagar salarios, tarifas,
alquileres, etc, que se actualizan a la inflación, la gente demanda más
pesos. Y lo mismo sucede con el Tesoro que tiene que pagar con pesos una
alta porción del gasto público, por caso, las jubilaciones.
El Tesoro consiguió los pesos vendiendo
diariamente US$ 60 millones del préstamo del FMI, además de los que logró
por la recaudación de impuestos pero, en mayo aplicó una "flexibilidad" en
el uso de la plata del Fondo.
Si bien tenía el compromiso de mantener
quieto el dinero surgido de la venta del crédito del FMI, el 24 de mayo le
pasó al Central unos $24.000 millones que, de esta forma, salieron de la
inmovilización.
El Banco Central, por otro lado, logró otra
"ayuda" para cumplir con el crecimiento cero de la base
monetaria (circulante más encajes en bancos) sin necesidad de
subir la tasa de interés. Se trató de una operación de pase por
$40.000 millones que colocó el Nación en el Central.
Así la contracción monetaria se mantuvo pero Guido
Sandleris evitó subir la tasa de las Letras de Liquidez (Leliq),
que está en 70,5% anual y constituye un motivo de crítica permanente
de sectores productivos, comerciales y de la oposición política.
En ese punto se concentra la tensión de
un problema clave: industriales, políticos, pymes y cualquier
persona que se dedique al comercio le pide al Central que baje la
tasa porque resulta insoportable y tienen razón.
En la otra vereda, Sandleris está
diciendo que no puede bajar la tasa porque, si lo hace, eso
podría disparar el precio del dólar y desatar una suba aún mayor de
la ya elevada inflación.
Para el Gobierno el discurso es claro:
hoy no tiene otra herramienta a mano más eficiente que la estabilidad
del dólar en el intento de moderar la marcha de la inflación.
Pero el stock de Leliqs (unos US$
24.000 millones) constituye un motivo de preocupación permanente cuando el
financiamiento externo está cortado y la incertidumbre política pone en juego
la capacidad de respuesta financiera que tendrá la Argentina a partir de
diciembre próximo.
Entre tanto, el Tesoro debe cumplir en
la semana con el pago de vencimientos de deuda por US$ 833 millones y el
ministro Nicolás Dujovne ofrecerá por primera vez Letes en dólares
convencimientos en 2020.
La clave estará en la tasa que deberá
pagar (en mayo pagó 6,21% anual) por tomar dólares cuyo pago caerá en el
tiempo de un nuevo gobierno. Será otro indicador del grado de confianza del
mercado que, en las últimas semanas, estuvo bajo presión por los cambios
financieros de la región y se reflejó en una tasa de riesgo país algo por
debajo de los 1000 puntos.
Los capitales del mundo
estuvieron saliendo de los países emergentes y se refugiaron en
los bonos del Tesoro de los EE.UU. que ahora bajaron su tasa y pagan 2,07%
anual.
La Reserva de los EE.UU., que hace un año
pronosticaba una suba sostenida en la tasa de interés, ahora tiene la
expectativa de bajarla de un nivel que ya es reducido.
El mundo desarrollado impulsa una
reducción de las tasas en el intento de favorecer una mejora de la
actividad económica. Ese escenario debería jugar a favor en el mediano plazo de
países como la Argentina.
Pero, por ahora y acá, la incertidumbre
electoral manda y acuerdos necesarios como uno para intentar desarmar
la indexación de algunos contratos clave, o sobre el futuro del pago de la
deuda pública, deberán esperar otro tiempo político.
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