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Por Walter Graziano - ¿Qué novedades habrá
en el terreno económico a partir del próximo mandato presidencial? Sea el
oficialismo o sea la oposición quien termine victorioso en las elecciones,
será necesario esperar novedades. En este punto alguien podría preguntarse por
qué en caso de ganar el oficialismo cabe esperar cambios económicos de
relevancia. La respuesta es sencilla. No sólo la economía está hoy tan pero tan
mal que hay que esperar novedades porque ningún gobierno que se precie de tal
puede darse el lujo de perder popularidad a alto ritmo. No sólo ese factor
obligará a quien gane las elecciones a apurar y anunciar medidas económicas
aunque -al menos en el caso de Cambiemos- pudiera parecer que ni siquiera hay intención
de pensarlas. La cuestión es que hay una sencilla causa por la cual hay que
esperar sí o sí cambios relevantes: la tasa de riesgo-país oscila entre los 900
y los 1.000 puntos. Las elecciones, sea cual fuere su resultado, serán
insuficientes para que el riesgo-país vuelva a niveles compatibles con el
acceso a los mercados internacionales de crédito. En otras palabras, el
riesgo-país seguirá siendo muy alto a inicios del próximo mandato presidencial
y por lo tanto, seguirá siendo necesario usar dólares del FMI para pagar
la deuda en
dólares. Pero los dólares del FMI van a terminar de llegar a fines de este año.
A partir de allí sólo quedará un stock de reservas líquidas que no llegará a
los u$s15.000/ 20.000 millones si se exceptúa el swap con China y los encajes
de los depósitos en dólares. En el año 2020 van a vencer entre u$s30.000 y
u$s35.000 millones si se tiene la suerte de que los vencimientos de corto plazo
de aquí hasta fin de año puedan ser renovados. Ello va a imponer duros
condicionamientos a quien asuma -o reasuma- el poder. Es por eso que habrá que
esperar novedades económicas y financieras de gran relevancia a fines de este
2019. Estas novedades deberán en principio cubrir al menos cuatro variables
económicas claves: la deuda, el dólar, las tasas y los precios. Es en estas
variables en las que hoy tenemos grandes incógnitas. Veamos por qué.
1| LA DEUDA
Como hemos
dicho, quien gane las elecciones tendrá el sinsabor de comprobar que el hecho
de que la incertidumbre electoral comience a disiparse va a resultar claramente
insuficiente para que el crédito al país se reanude. Ello, casi seguro, no va a
ocurrir. Quien gobierne entonces tendrá que anunciar novedades relevantes con
respecto tanto a la política de gastos e ingresos presupuestarios y
extrapresupuestarios como también con respecto a cómo hará para financiar el
pago de la deuda ante el posible y probable achicamiento a niveles límites de
las reservas de libre disponibilidad. Hay que hacer notar que no bastará con
refinanciar los dólares prestados por el FMI para poder seguir pagando la
deuda. Las cuotas de repago de los dólares del FMI van a empezar a vencer desde
mediados de 2021. Y la realidad es que desde mucho tiempo antes va a ser
necesario encontrar alguna fuente de financiamiento en divisas para no caer en
default. Ello implica que más allá de las previsibles declaraciones en el
sentido de que se piensa honrar los compromisos del país más allá de las
elecciones es improbable que tales declaraciones puedan calmar a los mercados
una vez que estemos pisando el comienzo de 2020.
2| LOS PRECIOS
¿Piensa
quien gobierne el país en 2020 seguir con un intento por abatir la inflación de
manera gradual? ¿O por lo contrario se va a intentar una política de shock para
acabar de un solo golpe con la inflación? Desde ya que una contestación a esta
pregunta está atada también a la respuesta que pudiera darse al tema de la
deuda. Es fácil advertir por qué. No es probable que haya posibilidad de
aplicar un plan de shock que no responda de manera exitosa al problema del
repago de la deuda. Y además, aunque se intente una política gradualista para
abatir la inflación, tal salida también va a resultar muy dependiente de lo que
se decida con la deuda. En otras palabras: si se puede garantizar un cierto
repago de la deuda por un período relevante de tiempo, entonces más éxito podrá
tenerse en abatir la inflación, sea de manera gradual, o sea través de un shock
antiinflacionario. Al respecto debemos decir que, al revés de como se suele
pensar últimamente, un “shock” antiinflacionario, no debería resultar de
ninguna manera una especie de “mala palabra”. Hay cierta creencia de que un
shock implica recesión, impuestazo, tarifazo y retracción de consumo. Y la
verdad es que no tendría por qué ser así: en la historia argentina hay varios
ejemplos de shocks económicos que no significaron ni recesión ni desempleo ni
nada por el estilo, sino todo lo contrario: reactivación y más mano de obra
empleada. El fin abrupto y caótico de estos planes de shock fue obra del pésimo
manejo económico por parte de los ministros que se dedicaron a administrar la
economía en aquellos años y no a que resulte una condición “sine qua non” que
un plan de estabilidad con características de shock implique la necesidad de
variables recesivas o empobrecedoras. Más bien es probable lo contrario.
3| EL DÓLAR Y LAS
TASAS
Desde esta
columna hemos dicho que un set de precios relativos óptimo necesitaría de un
tipo de cambio real alto y de tasas de interés reales lo más bajas posible.
Esto es lo deseable. Lo que habrá que ver es si la economía internacional no resulta
desde fines de este año en adelante un condicionante para que ello sea posible.
Hoy existe la gran ventaja de que el mundo es todo lo favorable posible a las
economías emergentes. Quien descrea de ello pensando que los precios de muchos
commodities están en niveles relativos bastante bajos no tiene en cuenta que
ello castiga en general a sectores exportadores tradicionales, pero por lo
contrario hace más llevadera la asfixiante situación fiscal de países como
Argentina. En otras condiciones internacionales, sea por un mayor nivel de
actividad en el Hemisferio Norte que implicara mayores tasas de interés allí, o
sea por una certeza deflacionaria en los países industrializados que espantara
capitales de países emergentes como Argentina, estaríamos en presencia de
presiones que elevarían las tasas de interés en dólares en el exterior a
niveles incompatibles con cualquier atisbo de estabilidad aquí en Argentina.
Todos estos
temas: pago de la deuda, política de precios, tipo de cambio real y tasas de
interés son hoy un gran misterio desde diciembre en adelante. El gran problema
es que hay grandes probabilidades de que ello siga así aún hasta fechas tan
cercanas como lo son fines de noviembre o incluso, de diciembre.
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