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Las últimas medidas del Banco Central dejaron
en evidencia que su principal meta es lograr la estabilidad cambiaria y no
controlar la inflación.
Aunque al inicio del año la entidad que
conduce Guido
Sandleris extremó su política monetaria para dejar en claro que
su objetivo más importante era “reducir la inflación”, un informe de
Ficonomics advirtió que existe “cierta contradicción”en el accionar de la
institución.
Por un lado, se modificaron las metas con
respecto a la base monetaria (se eliminaron los ajustes estacionales y se
extendió el objetivo de crecimiento cero de la base hasta fin de año) y se
fijaron las bandas de intervención cambiarias que anteriormente tenían límites
ajustables. Y por otro, se incrementaron las tasas de
interés para evitar la dolarización de pasivos, en momentos donde la
inestabilidad cambiaria se hace presente.
“Esto
generó que en cierta medida el tipo de cambio se mantenga estable unas semanas,
pero a su vez se produjo mayor inflación”, recordó Ficonomics, al tiempo
que remarcó que las tasas son un precio más en la economía y que luego generan
emisión secundaria al finalizar el plazo del vencimiento de la inversión si
éstas no son renovadas.
El análisis remarcó que la tasa de interés
como instrumento es un arma de doble filo. “Puede contribuir a disminuir la
inflación, en casos donde la actividad productiva se encuentre estancada pero
sólo por un período de tiempo corto, ya que absorbería el exceso de liquidez.
Pero en un contexto donde el estancamiento productivo es más prolongado y bajo
un sistema bancario que no tiene llegada a ese sector, la tasa de interés
se convierte en un generador de emisión secundaria, que contribuye al aumento
de la inflación”, enfatizó el reporte al que accedió ámbito.com.
Falta de credibilidad y coordinación
La excesiva demanda de dólares se corresponde
-según Ficonomics- con la falta de confianza en el peso argentino y el contexto
de incertidumbre que acecha al rumbo de la economía, en un contexto de previa
electoral. Por ese motivo, en abril subió 14% interanual la formación de
activos extranjeros y se duplicó el volumen de transacciones desde enero. “La
mitad de los mismos provienen de operaciones resultantes de compra y venta de
billetes del sector privado no financiero, mientras que la otra mitad es
resultado de inversiones de residentes en el exterior”, remarcó el informe.
Para frenar la sangría, el Gobierno cerró un
nuevo stand by con el FMI por u$s 9.500 millones y
logró una autorización para intervenir en el mercado cambiario. Sin embargo, al
mismo tiempo continuó con su política de tasas de interés elevadas, a las que
sumó planes de atraer nuevos inversores con plazos fijos para no clientes, lo
que según los expertos, generó “mayor incertidumbre” en los
inversores por el cambio en las reglas de juego nuevamente, pero a la vez,
logró estabilizar el tipo de cambio, por lo menos, en mayo.
Frente a este escenario, el BCRA dejó en
evidencia que su meta central es lograr la estabilidad cambiaria y no controlar
la inflación. “Si bien maneja objetivos para mantener su base
monetaria, no está teniendo en cuenta las emisiones secundarias que se
generan en el resto de los agregados y los pasivos monetarios”, alertó
Ficonomics.
Y si se agrega la “falta de
coordinación” entre las políticas monetarias aplicadas y aquellas (aún
inexistentes) relacionadas con la activación productiva del país, para la
consultora “sólo se verán resultados destinados a tapar problemas en el corto
plazo y cada vez será más difícil encaminarse a un sendero de crecimiento real
con soluciones reales”.
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