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Por Carlos
Burgueño -La bendición que los mercados hicieron ayer
ante el nombramiento de Miguel Ángel Pichetto como candidato a vicepresidente
de Mauricio Macri no
tiene secretos. Además de las cuestiones electorales (algo polémicas y
difíciles de mensurar tan rápidamente) se cree que el dirigente peronista será
la llave para que una eventual segunda gestión del actual oficialismo logre lo
que hoy parece una quimera: que el Congreso apruebe las reformas clave que
el Fondo Monetario
Internacional (FMI) reclamará
para renegociar el stand by vigente. Dicho de otro modo, los traders, con la
velocidad del caso, analizaron rápidamente que la alternativa Pichetto servirá
para que una segunda gestión de Macri modifique su muy mala relación actual con
la oposición legislativa y consiga los próximos votos necesarios para que se
logre un acuerdo político que haga avanzar una gestión que se anticipa
complicada.
Pichetto tendría así para los analistas un
rol clave: convencer al Senado (Cámara que conduciría si es electo
vicepresidente) de votar al menos dos reformas innegociables para la próxima
relación con el FMI: la laboral y la previsional. Es una certeza universal que
tanto para el organismo financiero como para los operadores económicos y los
candidatos presidenciales será necesario encarar una severa renegociación del
stand by vigente. Sólo examinar los tiempos de repago del préstamo para los
cuatro años de gestión que sucederán a la actual genera parálisis analítica. Y
una primera conclusión: los vencimientos tal como están planteados son impagables.
El FMI tiene así una oferta sobre la mesa: transformar el stand by negociado en
septiembre del año pasado por un esquema de facilidades extendidas. Este tipo
de acuerdo extiende los plazos de los 4 años vigentes a 10 y reduce
sustancialmente los intereses a menos de 3%. Sin embargo, es inflexible en un
punto: no tolera distorsiones macro y obliga a realizar reformas para conseguir
un equilibrio fiscal primario sustentable en el tiempo. Y, en consecuencia,
reclama reformas profundas en aquellos rubros donde se perciben problemas de
base. Ya está hablado con el Gobierno de Mauricio Macri que un acuerdo de largo
plazo necesita que el país solucione su crónico problema de déficit previsional
y su falta de velocidad en la creación de empleo y de reducción del costo en el
rubro trabajo. En consecuencia, si el próximo Gobierno avanzara en una
renegociación con el FMI, sabe el macrismo que si hay una continuidad
oficialista luego de octubre, se le pedirán sin vueltas ambas reformas. Y allí
es donde Pichetto debería comenzar a actuar en su rol de negociador de acuerdos
políticos fundamentales para que los votos legislativos estén presentes.
Los mercados habían comprado a Pichetto
cuando el senador viajó recientemente a Nueva York a defender la política
económica oficial, ratificar el acuerdo con el FMI y criticar la supuesta
posición del kirchnerismo de renegar del puntual cumplimiento de los
compromisos financieros (algo que luego el propio Alberto Fernández negó).
La visión es compartida por los analistas.
Según Luis Secco, la reacción positiva de los mercados se debe a que la
elección del justicialista “garantiza la gobernabilidad a futuro”, garantía que
era “buscada por los mercados”. Se reconoce que Pichetto y su bloque en el
Senado fueron garantía de gobernabilidad en los momentos difíciles y, según
Secco, esto podría ayudar a que se lograran las condiciones “que pedirá el FMI
para negociar un acuerdo de facilidades extendidas”.
Por su parte, Miguel Kiguel opinó que lo que
sorprendió de la decisión “fue el pragmatismo” y la “ampliación de la
coalición” con la que Mauricio Macri quiere encarar su próxima gestión, además
de las posibilidades electorales que traerá “para un eventual balotaje”. Kiguel
insistió en que esta segunda vuelta “es lo que están mirando los mercados”, y
aventuró que Pichetto será además importante en un eventual segundo Gobierno de
Macri por “su perfil de negociador para reformas estructurales”.
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