|
Por Pablo Wende
- La inflación de mayo en torno a 3% que hoy divulgará el INDEC tendrá un sabor
agridulce. Por un lado marcará el segundo mes consecutivo de tendencia
bajista, luego del 3,4% de abril. Pero por otra parte arrojará el
acumulado de los últimos doce meses de 57%, el más alto en más de 25 años.
Recién a partir del mes próximo comenzará a vislumbrarse una tendencia
ya mucho más favorable en materia de inflación, ya que habrá una nueva caída
(la tercera consecutiva) en el dato mensual pero también empezará a retroceder
la estimación anual.
La mayoría de las consultoras estimó una inflación del mes que se ubicó
entre 3% y 3,4% aunque algunas también situaron el índice levemente en la zona
del "2 y pico". Pero más allá de los distintos cálculos, parece
estar claro que el proceso de "desinflación" llegó para quedarse y se
mantendría hasta fin de año. Según la expectativa de economistas y consultoras,
para el cierre del 2019 podrían verse niveles más parecidos al 2% mensual.
El mes pasado hubo algunos aumentos que tienen un impacto en el índice,
como la suba en combustibles, una nueva cuota del incremento del gas y también
en agua. Sin embargo, el peso no será tan significativo. En cambio, jugó a
favor que el dólar prácticamente no se movió, ya que e incremento fue de 1,6% a
lo largo de mayo.
La estabilidad del tipo de cambio resulta un elemento central para
empezar a calmar los ajustes de precios, especialmente en alimentos. Un dato
que arrojó abril y que podría repetirse en mayo es que la inflación núcleo
volvería a ubicarse por debajo del promedio. Allí se incluyen precios de
alimentos y de otros bienes no regulados.
Otro factor que ayudó el mes pasado fue el "Hot Sale", con
fuertes ofertas en pasajes, electrodomésticos e incluso supermercados. En
muchos casos los precios quedaron más abajo incluso luego de las ofertas
especiales para continuar con las ventas. Esto también tendría influencia en la
medición de mayo.
Para este mes se vislumbra el mismo efecto que el mes anterior pero
incluso más marcado. Aunque todavía no se llegó a mitad de junio, la caída
del tipo de cambio, con la cotización minorista abajo de $ 45, debería
tener un importante efecto para suavizar los ajustes de precios.
En distintos sectores, por ejemplo alimentos o combustibles, sostienen
que aún queda un remanente para traspasar luego de la megadevaluación del año
pasado. Claro que la revaluación del peso provoca que este traslado sea menor.
Además, la caída de ventas también limita la posibilidad de remarcaciones.
Aunque por ahora es prematuro, todo indica que la inflación de junio
podría ubicarse en niveles más cercanos al 2,5% y luego continuaría el descenso
gradual.
Esta baja de la inflación junto con los aumentos salariales tras el
cierre de paritarias deberían tener un impacto favorable en la recuperación
gradual de poder adquisitivo.
De mantenerse este escenario, es ideal para los planes del Gobierno
pensando en las elecciones: dólar bajo control, inflación con tendencia a la
baja y recuperación gradual del poder adquisitivo.
|