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Por Jorge Herrera - La
continuidad del ajuste fiscal, sea quien fuere el próximo presidente, será un
requisito casi “sine qua non” para pensar en la sustentabilidad de cualquier
andamiaje macroeconómico. Más allá del actual “veranito” financiero por el que
atraviesa el mercado local, si bien los analistas internacionales ponderan el
esfuerzo fiscal bajo el programa del FMI, no soslayan la vulnerabilidad de la macro y sobre todo de
la sustentabilidad de la deuda pública. Recientes simulaciones dan cuenta de que
si después de las elecciones se relajara el ajuste fiscal, por ejemplo, a la
mitad de lo que establece el programa con el Fondo en los próximos tres años,
los niveles que alcanzaría la deuda serían críticos.
Al respecto, el influyente Institute of International Finance (IIF)
analizó los posibles escenarios del riesgo de la deuda argentina llegando a la
conclusión de que disminuirá notablemente si la consolidación fiscal es grande
y duradera. Pero los autores del estudio (Sergi Lanau, Martín Castellano y
Jonathan Fortun) advierten que la flexibilización fiscal podría afectar
críticamente los niveles de deuda, y complicar la refinanciación de vencimientos.
De modo que “la vulnerabilidad de la deuda se mantendrá alta durante años”. Por
eso destacan tres fuentes principales de vulnerabilidad: grandes necesidades de
financiamiento público a pesar de los superávit primarios proyectados; una alta
proporción de la deuda en moneda extranjera y la viabilidad de mantener una
postura fiscal estricta durante un período prolongado. “El alto servicio de la
deuda pública aumenta el riesgo de reinversión y el impacto potencial de los
choques de confianza, incluso si el compromiso con el ajuste fiscal se
mantiene”, explican y agregan que “las tenencias considerables de deuda de las
agencias públicas mitigan el riesgo parcialmente, pero no alteran la conclusión
de que el panorama general de financiamiento de la Argentina seguirá siendo
desafiante en una amplia gama de escenarios”. En tal sentido destacan que “una
proporción inusualmente alta de deuda en moneda extranjera para los estándares
de los mercados emergentes hace que la trayectoria de la deuda sea sensible a los
choques de depreciación del tipo de cambio. Por ejemplo, evaluaron la
trayectoria de la deuda bajo un tipo de cambio un 10% más depreciado (lo que
aún implicaría una apreciación real a mediano plazo dada la brecha de inflación
con los socios comerciales). En ese caso “la deuda seguiría disminuyendo, pero
se estabilizaría en niveles más riesgosos”. Por ende, “otro ajuste fiscal
sustancial es crucial para reducir la deuda”, afirman los economistas del IIF.
“Hasta el momento, Argentina ha demostrado capacidad para implementar un
desafiante programa del FMI, habiendo adoptado medidas fiscales en 2018 por
aproximadamente un 1,5% del PBI. El programa apunta a un superávit primario
sostenido de alrededor del 1% del PBI, que no es inaudito entre emergentes,
pero es más de lo que muchos países lograron”. Y advierten que “una erosión
relativamente moderada de la disciplina fiscal, que modelamos como tres años de
déficit primario del 0,5% del PBI después de las elecciones, afectaría
críticamente los niveles de deuda“. Según el IIF, “es poco probable que el
fuerte aumento de la deuda pública que vio Argentina el año pasado se repita en
2019, pero “es posible reducir la deuda a niveles más seguros si Argentina
cumple con el desafiante ajuste fiscal de mediano plazo del programa del FMI”.
Sin embargo, la entidad alerta que “la deuda caería lentamente incluso en un
escenario tan positivo y sería muy sensible a los choques”. Es que “la
depreciación del tipo de cambio y el ajuste fiscal especialmente incompleto
empeorarían significativamente la perspectiva de la deuda y dificultarían el
manejo de la amortización todavía alta”, sentencian. En una de las simulaciones
el estudio señala que bajo un escenario de mantenimiento del ajuste fiscal la
caída de la deuda junto con una recuperación económica podría significar que la
relación deuda/PBI de alrededor del 60% sea factible en el mediano plazo. Pero
vuelven a recalcar que “la vulnerabilidad de la deuda seguirá siendo elevada
durante años debido al riesgo de que se atrase el ajuste fiscal, a la alta
proporción de la deuda en moneda extranjera y a la considerable amortización”.
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