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Por Carlos
Burgueño - El ala política del Gobierno le está
dando a todos los candidatos que se van sumando a las listas del oficialismo,
una instrucción y un activo para utilizar en la campaña. El primero es casi un
mandato estratégico electoral: se debe hablar lo menos posible de economía
real. La razón es simple. Si bien la situación macro, para la visión del
macrismo, ya tocó un piso y difícilmente se vuelvan a ver perforaciones en los
pisos de la actividad industrial y en el mercado interno, los bombardeos de las
variables que arrojará el INDEC continuarán siendo negativos (algunos de manera
lapidaria), hasta las elecciones de octubre y quizá, lo más preocupante, hasta
el balotaje. Ante esto lo mejor para los candidatos es evitar ingresar en
laberintos explicativos sobre por qué se llegó a un piso en la caída de la
crisis, y por qué las bajas seguirán siendo importantes pese a que la
comparación interanual se realizará desde julio contra los datos de un segundo
semestre de 2018 en donde las variables ya comenzaban a mostrar los números de
la crisis. Lo mejor para los candidatos es, directamente, evitar este temario y
dejar a los funcionarios del Ministerio de Hacienda las explicaciones
complicadas. En todo caso, no hay ninguna persona de esta repartición que se
postule en ninguna lista.
El segundo item que
se está informando a los hombres y mujeres que serán sometidos al voto popular
es más tranquilizador. El Gobierno les está asegurando que durante la campaña,
incluyendo el tránsito a las elecciones de octubre, el dólar no será tema y no
habrá corridas cambiarias que explicar. La tesis oficial es simple. A un mes y
casi tres semanas del inicio de la “pax cambiaria” generada por el anuncio del
permiso del FMI de
poder utilizar los dólares del Fondo para combatir corridas, el mecanismo de
persuasión demostró ser exitoso. El dólar cotizaba el 29 de abril, día formal
del inicio de las actividades del permiso del organismo financiero, a $46,78,
con una amenaza del Rofex de una divisa navegando hacia los $49 para julio. El
cierre del miércoles pasado de una divisa a $44,55, indica una pérdida de $2,23
directos, ubicando la divisa en los valores de tres meses atrás e iniciando un
debate mucho más cómodo que la explicación de una devaluación: ¿hay o no atraso
cambiario? Y todo esto con una realidad que entusiasma al oficialismo: la caída
en la cotización se da sin que se haya utilizado un solo dólar del acuerdo con
el FMI, consistente en la posibilidad de vender hasta $250 millones diarios
hasta completar la liquidación de reservas por u$s9.000 millones o un dólar
cotizando por encima de $51,45, lo que ocurra primero. Según las proyecciones
del macrismo, el valor de la divisa se mantendrá controlado dentro de los
valores derivados de fines de abril, al menos hasta las PASO del 11 de agosto.
Luego, hacia octubre, la intención oficial es mantener un dólar a raya
cotizando no más allá de los máximos del año. Para esto se descuenta que la
oferta sojera continuará firme al menos hasta mediados del mes próximo, con lo
que las derivaciones de la demanda estarían controladas.
Antecedentes
Hasta aquí, y ya
con el cierre de junio al alcance de la mano, para este fin estabilizador
alcanzó sólo la amenaza hacia el mercado de la posibilidad de aplicar esta arma
letal autorizada por el organismo que maneja Christine Lagarde.
La posibilidad de hacer uso de los dólares del FMI fue negociada durante el fin
de semana del 27 y 29 de abril, luego de un cierre del dólar de $46,58 en la
última semana completa de ese mes y en medio de la última escalada de la divisa
vivida por el mercado argentino. Eran momentos de zozobra para el Gobierno,
donde el peligro de una corrida cambiaria terminal golpeaba la puerta del
mercado local al ritmo de la salida masiva de pesos del sistema financiero. Las
compras eran protagonizadas por fondos de inversión que aún permanecían dentro
del mercado argentino, pero que ante la imprevisión política y los malos
números de la economía elegían dolarizarse y salir del país. Ese último fin de
semana resultó de negociaciones directas entre el Ministerio de Hacienda y el
Banco Central que maneja Guido Sandleris, y de una comunicación vía teléfono
rojo entre el secretario de tesoro norteamericano, Steven Mnuchin, y el número
dos del FMI, David Lipton, el principal escollo ideológico para que se le
permitiera al país hacer uso de esos dólares. Mnuchin fue el encargado de
aclararle al economista de origen demócrata que el dinero provenía en realidad
del Tesoro norteamericano y que era estricta voluntad del Gobierno de Donald
Trump que se le permitiera al país hacer uso de esos fondos para el destino que
se requería desde Buenos Aires.
La autorización final
llegó en tiempo y forma para que el lunes 29 de abril se haga pública, y se
aplique formalmente desde el martes 30. El primer día el cierre del dólar fue a
$45,7 y un día después a $45,44. EL cierre del miércoles fue a $44,50, con lo
que a un mes de vigencia de esta etapa de la política cambiaria oficial, la
divisa bajó su cotización. Es lo mismo que decir que se maneja en un clima de
estabilidad un insumo básico para las pretensiones presidenciales de sostener
la inflación y tener algún tipo de fórmula competitiva para las elecciones de
octubre.
Un valor agregado
importante de este tipo de cambio estable es que se dio, además, en días de
importantes definiciones políticas. Los últimos veinte días de cotización, con
dólar además en baja, se vivieron ante las noticias del lanzamiento de la
fórmula Alberto Fernández- Cristina Fernández de Kirchner, los vaivenes en el
peronismo intermedio de Alternativa Federal, el lanzamiento oficial del tándem
Axel Kicillof- Verónica Magario como candidatos para la provincia de Buenos
Aires por el kirchnerismo y, fundamentalmente, la presentación de Miguel Angel
Pichetto como candidato a vicepresidente del oficialismo. Esto implica que aún
con novedades políticas no siempre “market friendly” (salvo la de Pichetto),
igual el tipo de cambio pudo cotizar estable.
El acuerdo entre el
Gobierno de Mauricio Macri y el Fondo Monetario Internacional (FMI) es
concreto. El Ejecutivo puede utilizar algo menos de u$s9.000 millones
correspondientes a los disponibles de Tesorería. Este dinero podrá ser
administrado con topes de hasta u$s250 millones por día, hasta que la moneda
llegue a la cotización de $51,45, precio que según el oficialismo podría
sostenerse hasta, al menos, la primera vuelta electoral. En teoría, este
programa deberá prosperar y sostenerse hasta las elecciones del 27 de octubre.
Pero si no se logra el objetivo, el Gobierno ya tiene la habilitación gestual
para reabrir las negociaciones y ampliar el monto y plazos. Todo dependerá de
la marcha política del Gobierno antes del acto electoral, y de qué tan cerca
esté el Ministerio de Hacienda de cumplir con las pautas pactadas con el
organismo que dirige Christine Lagarde. Algo quedó claro en las negociaciones
que se mantuvieron con el organismo: el FMI apoyará en todo lo que esté a su
alcance la continuidad de Mauricio Macri como Presidente.
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