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Por Gustavo Ber - Más allá de que la fuerte recuperación que vienen transitando los
activos domésticos en las últimas semanas resulta bienvenida, los inversores
con perfil estratégico deberían reconocer que la incertidumbre política y los
desafíos económicos continúan vigentes, y así es que la volatilidad seguirá
latente en el actual escenario.
Ocurre que el importante rebote experimentado
en las últimas semanas, en especial focalizado en las acciones, motorizado
principalmente a través de los ADRs, y los bonos en dólares llegó por una
combinación de factores externos e internos que fueron aprovechados rápidamente
como oportunidad de “trading”.
Ello se debe a que ante las castigadas
valuaciones de los activos, algunos operadores externos - rápidos de reflejos
para apuestas de corto plazo - aprovecharon señales más amigables hacia los
emergentes y desde el frente electoral para impulsar apuestas, y por ello la
reacción debería ser interpretada como un respiro.
En especial, desde el ámbito internacional,
lo más relevante pasó por el tono “dovish” de la Fed
- acompañado por otros Bancos Centrales - que automáticamente disparó las
probabilidades de múltiples recortes en la tasa de referencia, aun cuando éstas
llegarían producto de los daños que la prolongada guerra comercial entre EEUU y
China estarían teniendo sobre las perspectivas de desaceleración de la economía
mundial.
Ocurre que los menores rendimientos que
exhibe la curva del Tesoro en EEUU, así como la profundización de las tasas
negativas en la eurozona, dispararon rápidamente una vez más el apetito por los
emergentes al verse favorecidos no sólo por más amigables condiciones
financieras internacionales, sino también por una recuperación de los
commodities que contribuyen favorablemente en sus economías.
Dicho modo de “risk-on” externo,
que llevó una vez más a superar al S&P 500 los 2.900 puntos, también se vio
combinado por algunas señales más alentadoras desde la política y la economía
local, las cuales fueron interpretadas a favor de las chances del oficialismo,
que sigue siendo el espacio preferido por los inversores.
Entre las primeras podemos encontrar la
fórmula Fernández-Fernández, la cual dejó una sensación de mayor moderación
desde dicho frente político, y a ello se sumó el “efecto Pichetto” que
refleja una saludable ampliación de la propuesta oficial y la base de
consenso-gobernabilidad ante una renovación del mandato.
Desde el frente económico, lo más relevante
sigue siendo la extensión del clima de calma cambiaria desde que el FMI “desató” las manos del BCRA, el cual no sólo no
debió hasta ahora hacer uso de dicho poder de fuego sino que incluso observa
transcurrir una apreciación del peso a raíz de las mayores apuestas por las
colocaciones en moneda local, aprovechando la desaceleración de la inflación y
las aún elevadas tasas reales.
Más allá de que dicho “veranito financiero” abra espacio a un mayor
optimismo entre los inversores, es importante destacar que volatilidad sigue
latente y por lo tanto podría activarse ante cualquier cambio en el escenario
externo o interno, ya que ellos han sido utilizados como “drivers” para el fuerte rebote ensayado.
Entre las principales amenazas están no sólo
una corrección desde un Wall Street, que vuelve a acercarse a los máximos, sino
también mayores señales de desaceleración económica global que cuestionen las
elevadas valuaciones alcanzadas dentro de un mundo de bajas tasas de interés
una vez más sediento de retornos.
A nivel local, las encuestas privadas se
multiplicarán camino a las PASO, que el “11-A” cumplirán la
función de una verdadera - aunque costosa - encuesta nacional que permitirá a
los inversores pronosticar con más precisión las probabilidades de cada espacio
político, y ello podría activar escenarios de mayor volatilidad.
Ello se debe que las primarias podrían actuar
como las eleccionesgenerales,
y así adelantar y profundizar los escenarios de mayor polarización que podrían
llevar incluso a que hacia el 27 de octubre se abra la posibilidad de que
alguna fórmula pudiera alcanzar una diferencia suficiente para imponerse en esa
misma instancia.
Ante dicho escenario, o incluso uno de
ballotage de final abierto, y teniendo presente siempre que tras las elecciones
llegarán múltiples desafíos económicos, los inversores no se alejarían más que
tácticamente de la cautela y la dolarización, ya que la incertidumbre seguirá
conviviendo cotidianamente en la toma de decisiones.
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