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Por Javier Blanco -
Cercadas por una economía sumida en estanflación y sin visibilidad alguna, por
la cuota de incertidumbre que le agregó el próximo recambio presidencial con un
escenario que se planteó en principio binario, las empresas que pese a la
crisis lograron mantener niveles de liquidez y de ganancias volcaron el dinero
"ocioso" a reducir su deuda, mejorar su perfil financiero, defender
su capital o mantener satisfecha a su base de accionistas, retribuyendo su
aguante con mejores dividendos.
Tuvieron esa capacidad de protegerse porque,
en la mayoría de los casos, destinaron allí el total o parte de los recursos
que, en origen, tenían previstos para encarar distintos planes de expansión o
inversión que, en la gran mayoría de los casos, quedaron congelados.
El diagnóstico surge de los movimientos que
reportaron al mercado local de capitales en lo que va del año, un derrotero que
muestra las distintas estrategias de preservación que fueron ejecutando. Y de
los datos del sistema bancario, que muestran la mayor retracción en el
financiamiento a empresas desde la implosión de la convertibilidad.
Una docena de empresas que cotizan en Bolsa,
algo así como el 20% de las que marcan precio a diario, tuvieron vigentes
programas de recompra de sus acciones para defender su valor ante un mercado
que cayó casi 50% en dólares -subió magro 0,7% en pesos frente a una inflación
del 47,6%- durante 2018 y las arrastró en su debacle.
Lo hicieron para "disminuir la brecha
existente entre el valor de sus activos y su valor de mercado", según
coincidieron en justificar en las comunicaciones enviadas y, en algunos casos,
"hasta para evitar la posibilidad de compras hostiles que deriven en una
posible pérdida del paquete de control, de la compañía", explicó a LA NACION el economista Manuel Oyhamburu, aprovechando
la baratija.
"Las recompras tratan de estabilizar e
impulsar el precio de las acciones porque de seguir bajando no solo se
perjudican sus inversores minoristas, sino los propios accionistas
mayoritarios, que a la pérdida patrimonial agregan el riesgo de que algún
competidor esté adquiriendo de a poco grandes cantidades de acciones (y votos,
que implican mayor participación política en la asamblea) de la sociedad a
precio muy bajo", describe.
Estas empresas, entre las que se cuentan
Banco Macro, Transportadora de Gas del Sur, Mirgor, Pampa Energía, Cresud, YPF,
Comercial del Plata y Carlos Casado, entre otras, destinaron a ese objetivo
casi $10.000 millones, fondos provenientes de sus utilidades o de las reservas
de ganancias que habían sido constituidas, en principio, para encarar nuevos
proyectos, es decir, que se iban a volcar a inversiones.
Recompras de deuda
Otra estrategia de preservación fue la
reducción de deudas (pasivos), para adecuarlas a la depreciación del valor de
sus activos. En muchos casos, fueron realizadas por recompras de papeles de
deuda emitidos pocos meses antes, cuando la economía había comenzado a
"tirar" y la expectativa giraba en torno a sus posibles tasas de
crecimiento.
Esas compras fueron dirigidas a obligaciones
negociables (ON) o bonos emitidos principalmente en dólares, en el caso de las
que tienen ingresos en esa moneda para evitar el salto que la brutal
devaluación provocó en esos pasivos, o en pesos, para tratar de bajar amortizar
el impacto de la escalada de las tasas, en el caso de los pactados a interés
variable.
Aquí aparecen historias como en las del
polifacético Grupo Newsan o la pujante semillera Don Mario, dos compañías con
una historia en el mercado de capitales relativamente corta que buscaron de esa
forma no solo protegerse frente a un escenario adverso, sino, además, no
afectar su reputación deudora.
"Nosotros hicimos una recompra de deuda
parcial y se podría decir 'a pedido'. A través de nuestro agente de mercado
recibimos una oferta de un inversor y la aceptamos. Nos sirvió para bajar deuda
y costo financiero en dólares y seguir construyendo una buena historia de
mercado como nos interesa", confió Bernardo Bianco, gerente de finanzas de
la compañía que había tomado US$20 millones del mercado local en agosto de
2017.
Newsan, por su parte, rescató US$775.000 ON
clase IV y -más recientemente- 1,5 millones de la ON clase II, también
accediendo a "pedidos de inversores que querían abandonar el riesgo
argentino y ofrecían una recompra con descuento, es decir, bajo la par. Nos
pareció una buena forma de defender el valor del papel y nuestra reputación de
mercado. Y a la vez nos sirvió para adaptar nuestro pasivo general al volumen y
las nuevas previsiones de negocios", explicó a LA NACION el CEO de la compañía, Luis Galli.
El grupo, que sigue teniendo el grueso de sus
negocios en electrodomésticos, pero incursionó en los últimos años en otros
rubros, como pesca, carnes, energías renovables y hasta movilidad urbana,
precisamente redireccionó inversiones a los nuevos rubros, a la vez que redujo
pasivos en pesos por 200 millones y en dólares por una cantidad similar.
Mayores premios
Otras empresas aprovecharon el congelamiento
en el nivel de actividad y la baja en sus operaciones para enviar un mensaje de
reconocimiento a sus accionistas, aumentando el giro de utilidades, lo que hizo
que los pagos por este concepto alcanzaran niveles récord respecto de años
anteriores. Hay casos, como los de Central Costanera, en que se pagaron
dividendos equivalentes al 35% del valor de la acción. Pero aun quitando esos
extremos, todas las demás que habitualmente mantienen una política activa al
respecto (un rango en el que se encuentran Galicia, Supervielle, Macro,
Havanna, TGN, Transener, Siderar, entre tantas otras) incrementaron este tipo
de retribuciones en varios puntos o las duplicaron.
"Las empresas que todavía tienen deuda,
en especial bancaria, es porque no tienen otra alternativa que tenerla o porque
la pactaron en condiciones que no resultaron tan afectadas por la situación del
mercado. Las que tuvieron un mango de más lo dedicaron a cancelar deuda porque
no hay un escenario que les permita pensar en inversiones, a menos que cuenten
con un nicho de negocios o sectores muy particulares beneficiados por condiciones
externas o legislaciones especiales", describió el consultor financiero
corporativo Miguel Arrigoni, director general de First Corporate Finance.
Quienes adoptaron estas estrategias
defensivas no se equivocaron. Los últimos números del Indec, con cifras al
primer trimestre del año, muestran que el consumo lleva ya 4 trimestres en baja
y acumula la mayor caída interanual en 10 años, mientras la inversión no se
recupera y se retrotrajo ya 24,6% con relación a un año. "Al lastre de
altas tasas de interés reales y el escaso dinamismo de la actividad se agregó
el clima de incertidumbre electoral, que ha provocado que los planes de
inversión se posterguen hacia un futuro, predominando el efecto 'esperar y
ver'. Por eso la inversión, al igual que sucede en el consumo, registra la
mayor caída en 10 años", reseña el economista Guido Lorenzo, de la
consultora LCG.
Cada firma con su receta
Recompra de acciones
Una docena de empresas que cotizan en Bolsa
tuvieron vigentes programas de recompra de sus acciones para defender su valor
ante un mercado que cayó casi 50% en dólares en 2018.
Reducción de deuda
Otra estrategia de preservación fue la
reducción de deudas (pasivos), para adecuarlas a la depreciación del valor de
sus activos. Las compras fueron dirigidas a obligaciones negociables (ON) o
bonos emitidos principalmente en dólares.
Reparto de utilidades
Algunas compañías aprovecharon el
congelamiento en el nivel de actividad y la baja en sus operaciones para enviar
un mensaje de reconocimiento a sus accionistas, aumentando el giro de
utilidades, lo que hizo que los pagos por este concepto alcanzaran niveles
récord.
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