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Por Liliana
Franco - Las últimas mediciones que permanentemente vienen realizando en la
Casa Rosada sobre las perspectivas electorales arrojan un dato muy preocupante
para el gobierno de Cambiemos: si la votación fuera hoy, el oficialismo perdería la provincia de
Buenos Aires por unos 10 puntos.
El dato encuentra justificación en que en el conurbano bonaerense es
dónde se concentran los mayores bolsones de pobreza. En tren de
encontrar explicaciones, en el equipo de gobierno hay quienes admiten aunque en
voz baja que, a la luz de estos números, fue un error no haberle permitido a la
gobernadora María Eugenia Vidal desdoblar las elecciones. Es que
la mala imagen del gobierno afecta la intención de voto hacia Vidal ya que su
imagen positiva es mayor que la de Macri.
El temor a perder la provincia más importante del país ya estuvo
implícito en la elaboración de la lista de candidatos, según evalúan analistas
políticos. Por esta razón – sostienen – es que la conformación fue “cerrada”,
es decir sin mayor apertura a la oposición, para que Cambiemos se fortalezca en
el Legislativo provincial ante una eventual derrota. Y muestran como contraste
la integración de las listas en la Ciudad de Buenos Aires, donde Horacio
Rodríguez Larreta tuvo una actitud más abierta, convencido de que triunfará por
un amplio margen.
En cuanto a las elecciones nacionales, en el entorno presidencial se
realizan especulaciones en torno de cómo podría ser el resultado de las
primarias. “Sería bueno que no perdamos por más de 5 o 6, a lo sumo 8 puntos,
porque una mayor diferencia podría poner nerviosos a los mercados”, se
sinceró un hombre cercano al Presidente.
Dicho de otra forma, creen que una diferencia de 9 o más puntos podría
provocar nuevas presiones sobre el dólar, generando subas en la divisa,
presionado de esta forma sobre los precios y abortando, en consecuencia, la
incipiente recuperación de la economía que los funcionarios están empezando a
vislumbrar.
Por lo pronto, las velas están prendidas para
que la actividad económica continúe en recuperación. En este contexto
parece aceptado en el gobierno que el dólar deberá quedar “planchado”. “Con
peso apreciado se gana, con devaluación se pierde” confesaba un funcionario
redescubriendo la vieja receta que facilitó el triunfo de Cambiemos en 2017 y
de muchos otros gobiernos antes, en lo que se dio en llamar el “populismo
cambiario”, es decir un dólar retrasado que alienta el consumo y permite ganar
elecciones, a costa de comprometer el futuro.
Que el dólar se quede relativamente quieto es clave para que tengan
efecto las subas salariales del orden del 3% mensual contra una inflación que
rondaría el 2%. Y el gobierno acompaña con medidas como los créditos de la
Anses o la extensión de planes de compras en cuotas.
“Con estabilidad se puede ver lo que hicimos, como la mejora en la
institucionalidad (recuperación de la credibilidad de las estadísticas del
INDEC), la lucha contra el narcotráfico y la corrupción (baja en el costo de
las obras públicas) o la construcción de cloacas”, señalaba a ámbito.comun importante funcionario anticipando los ejes de
campaña.
Sin embargo, agregó, “por más que les dimos la
reparación histórica, va a ser difícil conseguir votos de los jubilados y de la
población en general si los ingresos no alcanzan para comer”. Además,
ven como el voto joven -entre 16 y 35- que está mayormente concentrado en los
centros urbanos como el zona metropolitana, se inclinan por fuerzas políticas
de la oposición.
Hay quienes dentro del gobierno de Cambiemos creen que será posible
ganar las elecciones porque “la vara que tenemos que superar es baja”. Es que
en realidad, la decepción con el gobierno de Macri lleva a pensar que donde
mejore la economía puede volver a recuperarse un “poco de esperanza en la
gestión de Macri”.
Además, se defienden argumentando que más allá de los hechos de
corrupción del gobierno anterior los “datos terribles como que la mitad de los
chicos sean pobres no es producto de este gobierno, sino de años de
decadencia”.
En esta línea, confían en la Casa Rosada que,
de la mano de la recuperación económica, la ciudadanía esté dispuesta a
darles “una segunda oportunidad”, a pesar de los errores cometidos y, en
privado, algunos reconocen que se pagó un alto costo de aprendizaje.
Dentro del Gobierno hay un ala que considera que “es muy difícil
gestionar sin hacer política” e indican que este fue un uno de los errores que
cometió Macri. Son conocidos los mensajes públicos argumentando que el macrismo
es “la nueva política”, despreciando a los políticos y dirigencias en general a
los cuales acusaban de ser responsables de 70 años de decadencia de la
Argentina.
Quienes critican dentro del propio gobierno a esta postura, sostienen
que los acuerdos con otras fuerzas políticas son necesarios y que la
administración de Cambiemos se limitó a gobernar dentro de su zona de confort,
sin generar la empatía que es necesaria para asegurar la gobernabilidad.
El
miedo
Es por esta razón que algunos consideran que la convocatoria a un
peronista como Miguel Ángel Pichetto para integrar la fórmula oficial con
Mauricio Macri, fue fruto más del “espanto” que del “amor”. Es decir, el temor
a perder las elecciones llevó a una actitud de apertura.
Los mercados recibieron bien la noticia. Pichetto es un hombre que no
aporta votos, pero que ayudaría a la racionalidad política si Cambiemos logra
renovar mandato. Después de todo, consideran que será necesaria una ardua
negociación con la oposición para llevar adelante reformas clave como la
impositiva, laboral o previsional.
Pero también está claro que dentro del propio gobierno hay disconformes
con esta apertura. “No es bueno salir de un incendio montado en un tigre” dice
un proverbio chino que algunos recordaron anticipando que la designación de
Pichetto podría generar en el futuro una competencia impensada al poder del
Presidente.
Por lo pronto, el ala más “pura” de Cambiemos pudo tener su revancha en
la conformación de las listas de candidatos, en las que se observa una magra
representación de otras fuerza políticas.
Así, quedaron heridos, comentan en la Casa Rosada, como Emilio Monzó, un
dirigente que aportó a la gobernabilidad, sostienen los acuerdistas, y que
ahora se va del gobierno y que no ha podido dejar propia tropa en las listas de
candidatos por la provincia de Buenos Aires.
Esto lleva a algunos políticos de Cambiemos a criticar lo que consideran
la falta de “premios y castigos” en la gestión, algo que no deja de ser curioso
para un elenco gubernamental que proviene en buena medida del sector privado,
en donde las empresas suelen guiarse por este método.
Al caso de Monzó agregan otros como la salida de Luis "Toto"
Caputo del Banco Central pese a que después el gobierno terminó aplicando las
medidas por él sugeridas y que le significaron la expulsión de la conducción
monetaria. Por el contrario, afirman, “en este gobierno el que comete errores
no tiene sufre ninguna consecuencia”.
En síntesis, el sector del gobierno que cree en la necesidad de una
mayor apertura, considera que el próximo gobierno de Cambiemos debería tener
una posición más abierta, integrando por ejemplo al equipo ministerial a
dirigentes como, por ejemplo, el gobernador Juan Manuel Urtubey. Pero hasta
ahora son conjeturas y el final comenzará a develarse en agosto cuando se
realicen las elecciones primarias.
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