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Por Marcelo
Elizondo - El acuerdo estratégico entre en Mercosur y la Unión
Europea reviste una relevancia singular. Pero debe insistirse en que, no
conociéndose el detalle del tipo de pacto a la hora de celebrarse este trabajo,
es de reservar que es probable que la acuerdo a firmarse sea menos
ambicioso que un amplio tratado y hasta sea un pacto que institucionaliza
el vínculo dentro del cual podrá avanzarse más en el futuro.
El Mercosur es un
bloque que se concibió hace casi 30 años como acuerdo de integración económica
regional y logró, hasta la fecha, un involucramiento comercial destacable entre
las economías que son miembros del tratado, pero no entre ellas y terceros
mercados.
El Mercosur genera
para la Argentina el
23% de sus exportaciones(y
el 27% de las importaciones) y es un importante destino de nuestras ventas
externas, especialmente para las exportaciones industriales tradicionales, que
encuentran dentro de nuestro actual acuerdo regional un mercado que explica
casi la mitad -unos 9.100 millones de dólares- de la totalidad de las ventas
externas de este tipo de exportaciones.
En el mundo el
comercio entre países que forman parte de acuerdos de apertura reciproca
explica ya la mitad de todo el comercio transfronterizo, pero el Mercosur solo
genera comercio intrazona equivalente al 20% de todo el comercio internacional
de sus miembros.
Así, nuestras
exportaciones intrabloque sumaron el año pasado unos 14.000 millones de
dólares pero hay otros destinos aún más lejanos que generan más ventas
exteriores, como el continente asiático, al que se dirigieron el año pasado 16
mil millones de exportaciones argentinas.
Por ello, el
Mercosur debe trabajar también en mejorar la inserción en otros destinos. Un
pacto con la UE genera un complemento crítico. El acuerdo con la Unión Europea
no es aún el tratado de libre comercio ideal que genere una liberación del
comercio entre los mercados de los países de los dos grupos de manera general e
inmediata. No lo es.
Hay un camino aún
pendiente para ello. Pero es un paso significativo para romper un modelo de
integración endocéntrica, y -a través de esta asociación estratégica, que aun
deja materias para la integración reciproca pendiente- para buscar la inserción
productiva más allá de nuestra región.
Las empresas del
Mercosur tienen una escasa participación en cadenas de valor
transfronterizas (en el caso de Argentina, solo 30% de las exportaciones
ingresa en ellas mientas el 50% de las exportaciones de los países emergentes
participan de esas cadenas) y nuestro modelo de unión aduanera, solo usado en
pocos casos (7% del total de acuerdos de apertura reciproca vigentes en el
mundo) no ha contribuido en ese sentido.
El comercio fuera
de la región es mayoritario pero choca hasta hoy con restricciones propias de
la escasa institucionalización de esa vinculación externa más lejana, como el
hecho de que ese comercio extrabloque está grabado por altos aranceles (o por
trabas no arancelarias) de ingreso a terceros mercados por la escases de
acuerdos comerciales con ellos, Mientras, el ingreso de importaciones en el
Mercosur está afectado por que un arancel promedio -de más de 13%- que es
altísimo y afecta a empresas locales que podrían ingresar en procesos arquitecturales
de vinculación extrabloque.
Por ello, un
acuerdo con la Unión Europea; aun siendo por ahora un pacto de alianza
estratégica que permite cierta apertura reciproca relativa pero hace prever más
negociaciones futuras; logra desterrar ciertos defectos ancestrales.
La Unión Europea
recibió en 2018 desde Argentina exportaciones por 9.219 millones de dólares
(15Þl total); dentro de las cuales más de la mitad fueron manufacturas de
origen agropecuario; y originó importaciones argentinas por 11.262 millones de
dólares (17% del total) dentro de las cuales las importaciones industriales
fueron mayoría. Europa es el tercer continente en importancia en nuestras
exportaciones, después de América y Asia.
El acuerdo de
integración entre el Mercosur y la UE permitirá fomentar el comercio entre
ambos bloques (aun obteniéndose en el acuerdo -por ahora- menos acceso con
preferencias arancelarias que las esperadas) y también mejorar el marco
institucional para el aliento de inversiones de empresas europeas en nuestra región
(la Unión Europea es hoy ya el principal inversor externo en Argentina).
El pacto con la UE,
además, nos pone en el conjunto de quienes siguen apoyando en el planeta la
apertura internacional, que son mayoría (hace poco al UE firmó el mas grande
tratado de libre comercio -por el PBI involucrado- en el mundo, con Japón; en
el mismo tiempo en el que 44 países africanos han celebrado recientemente el
mayor tratado –por extensión geográfica- de apertura comercial reciproca). Hay
algunos que elevan aranceles, pero a la vez muchos otros que los reducen.
Aun con resultados
menos ambiciosos que los que se hubiesen esperado, el acuerdo entre el
Mercosur y al UE es una noticia para celebrar. Especialmente para países como
Argentina y Brasil, que tienen índices de participación del comercio
internacional en sus economías que equivalen apenas al 60% del promedio
mundial; y -a la vez- en particular para Argentina que tiene un stock de
inversión extranjera que implica solo 3,5% del total hundido en Latinoamérica.
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