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Por Diana Mondino - El anuncio del acuerdo
Mercosur-Unión Europea implica numerosos cambios para Argentina. Es un gran
cambio que en muchos casos será beneficioso, ya que fundamentalmente abre
muchos mercados. Al mismo tiempo, obliga al Mercosur a competir. Aquellas
empresas que logren actualizarse tendrán acceso a cientos de millones de
potenciales consumidores y los que no sean tan eficientes enfrentarán serios
problemas.
Me llama la atención el dispar tratamiento o interpretación del acuerdo,
con voces muy a favor y en contra. Estoy entre los que están a favor. Para
analizar las críticas hay que ser consistentes. Una de dos: o este acuerdo se
estaba trabajando durante los últimos 20 años, o se realizó en la gestión
Cambiemos. Si fue durante 20 años, entonces no se pueden lanzar las críticas
infantiles de entrega de soberanía, sometimiento a empresas extranjeras y destrucción
de la economía, ya que se trabajó durante varias presidencias. Si, por el
contrario, es fruto de la gestión Cambiemos, es sorprendente la velocidad para
algo tan complejo. Es más, desde el punto de vista de Brasil es absurdo pensar
que pudo ser negociado en solo 6 meses de la gestión Bolsonaro.
Este acuerdo ha sido también muy criticado por diversas organizaciones
europeas. Si hay críticas sectoriales tanto por Mercosur como por Unión
Europea, ¿por qué es una buena noticia? ¿Por qué hacerlo ahora, cuando
nuestra economía y la de nuestros socios Mercosur está débil? Creo que siempre
habrá quien esté perjudicado, y contentar a todos es imposible. El punto es si
se logran más beneficios que costos.
El acuerdo plantea un tema de equidad muy relevante: si por el acuerdo
se perjudica Juan, pero se beneficia Pedro, la razón para firmarlo es que el
beneficio de Pedro sea muy grande (y pueda compensar a Juan), o que Juan no
tenía forma de mantenerse en la actividad de todas maneras. Tengamos en cuenta
que las economías cerradas solo pueden tener productos caros para su limitada
población y el nivel de empleo tiende a decaer.
También plantea tema de orientación de recursos públicos y privados:
¿apoyar a los sectores competitivos para que crezcan rápidamente o a los más
débiles para que el golpe sea lo más suave posible? Veremos. Estamos a pocos
meses de un nuevo presupuesto nacional, amén de las elecciones. Allí se verán
las decisiones que Argentina va tomando.
En cada empresa de cada sector de cada país, en cada repartición
pública, en cada asociación, debería haber en este momento un comité ejecutivo
estudiando exhaustivamente el tema. El tren de la historia ha acelerado y
nadie quiere quedarse en el andén.
La autora es economista, Universidad CEMA.
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