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Por Ximena Casas
- La semana pasada, se conocieron las cifras oficiales del desempleo, que en el primer trimestre del año alcanzó los dos
dígitos, algo que no sucedía desde 2006. Según informó el Indec, la
desocupación se ubicó en 10,1% entre enero y marzo, con una suba de 1 punto
porcentual en comparación con el mismo período del año pasado.
En un contexto de
caída de la actividad económica, es difícil lograr políticas de empleo que sean
éxitosas. Es más probable, claro, que los programas de empleo muestren
resultados positivos cuando el crecimiento del PBI del país es mayor y el
desempleo es menor. Sin embargo, distintas investigaciones muestran que
programas que tienen como objetivo la construcción de capital humano —como la
capacitación, la asistencia a trabajadores independientes o los subsidios
salariales— pueden tener un impacto positivo significativo.
En la Argentina,
una investigación reciente del Centro para la Evaluación de Políticas
basadas en la Evidencia (CEPE) de la Universidad Di Tella, realizada por los
especialistas Eduardo Levy Yeyati, Martín Montané y Luca
Sartorio, indagó sobre más 100 casos de programas de empleo en 32 países y
midió cuáles funcionaron mejor en términos de impacto y de costo.
En todo el mundo,
los países invierten en Políticas Activas para el Mercado Laboral (ALMP por sus
siglas en inglés) con el objetivo de que los trabajadores tengan
más probabilidades de encontrar un trabajo y mejorar sus
ingreso. La duración del programa, los incentivos monetarios, el
seguimiento de cada caso individual y la especialización son clave para lograr
programas efectivos, según las conclusiones del estudio.
Aquí algunos casos
aplicados con éxito en América Latina:
Chile: Programa de Apoyo al
Microemprendimiento
Su objetivo
es mejorar la empleabilidad de personas que eran beneficiarios del
programa antipobreza. Este programa de entrenamiento de microemprendedores
contempla una "transferencia en especie" por USD 600, un
entrenamiento en prácticas de negocios de 60 horas y un sistema de seguimiento
individualizado durante de 90 días. El 93% de las personas beneficiarias de
este programa eran mujeres. El programa atiende aproximadamente a 24.000
beneficiarios por año.
"El impacto
sobre las horas trabajadas de las personas que tuvieron la posibilidad de
participar es de un aumento del 21% con respecto a aquellas que no
participaron luego del primer año de finalización del programa, y la diferencia
es de 13% luego de tres años de finalizado el programa", explicó Montané,
uno de los autores del estudio.
Con respecto a los
ingresos laborales, aumentaron un 33% luego de un año de finalizado el programa
y se mantiene en 19% luego de tres años del fin del programa.
Colombia: Jóvenes en Acción
Es un programa
orientado a jóvenes de bajos ingresos, entre 18 y 25 años y desempleados.
Contaba con dos componentes: un entrenamiento "en el aula" y otro en
forma de pasantía laboral. Los efectos del programa fueron positivos, y los que
participaron tuvieron un aumento del 13% en los salarios del sector registrado
y un 10% más de probabilidades de estar empleados luego de 6 años de finalizado
el programa.
La brecha con
respecto a los que no participaron se mantenía aún 10 años luego de terminado
el programa. "La mejora observada en el total de los participantes en
realidad obedeció a la marcada mejora en la performance laboral
de las mujeres participantes, mientras que los efectos en los hombres fueron
prácticamente nulos", señaló Montané.
Argentina: Programa Primer Paso
Este programa se
aplicó en la provincia de Córdoba y consistía en una pasantía laboral en el
sector privado con un subsidio de aproximadamente el 90% del salario horario
mínimo. Se brindó un primer trabajo formal para mejorar la empleabilidad de
jóvenes de entre 16 y 25 años.
El aprendizaje se
daba dentro del ambiente de trabajo, una importante diferencia con la mayor
parte de los programas de entrenamiento laborales. La evaluación fue realizada
con un grupo de 7.305 participantes en 2012 y los resultados fueron muy
alentadores: un año después de terminado el programa, los participantes
tenían un 21% más de probabilidad de tener un empleo con respecto a los que no
participaron, y un 32% más de probabilidad de tener un empleo formal.
"Además, los
ingresos laborales formales eran un 33% superiores con respecto a los que no
participaron. Estas diferencias no se eliminaron con el paso del tiempo y
seguían persistiendo luego de 3 años y medio de finalización del programa",
advirtió el investigador de la Univesidad Di Tella.
La investigación,
que fue dada a conocer esta semana, analizó políticas de todo el mundo y las
dividió en cuatro grandes grupos: formación profesional, asistencia en el
proceso de búsqueda de empleo, subsidios salariales o programas de obras
públicas, y apoyo a microempresarios y trabajadores independientes. Entre sus
conclusiones se destacan:
– Los programas
de subsidios salariales son los que tienen un mayor impacto en los
ingresos laborales y en el empleo, seguidos de los programas de asistencia
profesional y de capacitación para profesionales independientes, mientras que
la incidencia de los servicios de empleo es muy baja.
–
La capacitación personalizada y el seguimiento de los
participantes, así como la capacitación para una industria específica y los
incentivos monetarios lograron mejores resultados en los programas de
capacitación.
–
Los programas de capacitación tienden a ser más efectivos para los
jóvenes, aunque los investigadores no encontraron diferencias entre los géneros
o los niveles educativos.
– El contexto
importa: la efectividad de este tipo de programas se relaciona positivamente
con el crecimiento del PBI per cápita y negativamente con la tasa de desempleo
en el año de implementación.
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