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Por Juan Manuel Barca - Pasada la
euforia de los primeros días, los nuevos detalles sobre el acuerdo entre el
Mercosur y la Unión Europea revelan un panorama más claro acerca del
impacto que podría tener sobre la Argentina.
Las asimetrías observadas
en materia comercial, regulatoria y competitiva comenzaron a despertar
preocupación a nivel local, y ya se vislumbran ganadores y perdedores. Este es un pronóstico que contrasta con el optimismo mostrado por el
Gobierno en las reuniones que mantuvo en las últimas horas con las principales
cámaras empresarias.
Para empezar, las negociaciones iniciadas en
1999 tendrán un cierre en un contexto diferente, de desaceleración del comercio
mundial tras la crisis financiera del 2008 y crecientes tensiones comerciales
entre Estados Unidos y China. Complicados por sus problemas internos, Mauricio
Macri y el brasileño Jair Bolsonaro confluyeron con los líderes europeos para
avanzar en un tratado de libre comercio entre dos bloques que tienen fuerte
peso a nivel global, con un intercambio anual de u$s100.000 millones. La
lectura oficial es que esto potenciará las ventas, el crecimiento y las
inversiones.
Pero los empresarios temen que el efecto sea
el contrario. "Yo no me puedo a
oponer a generar mercados, pero las asimetrías son muy grandes", advirtió
a iProfesionalGuillermo Moretti,
de la Unión Industrial Argentina (UIA). La queja apunta a las tasas
de interés para comprar maquinaria, hoy del orden del 100%, mientras que
Polonia ofrece un 1% con un plazo de cinco años.
En el campo, en tanto, también hay inquietud
ante el posible ingreso de productos europeos sin aranceles. "Los tambos
tenemos hoy una capacidad productiva del 40% y muchos con tecnología
obsoleta", advirtieron desde la Asociación de Productores de Santa
Fe (APLA).
Las dudas en el ámbito privado se vieron
reforzadas a partir de la publicación esta semana de "El principio de
acuerdo", un documento difundido por las autoridades europeas que resume
en 17 puntos los resultados de las tratativas.
Uno de los apartados es el cronograma de
reducción arancelaria por el cual se liberalizará el 90% del comercio bilateral
de bienes en un plazo de 10 años. Aunque algunos productos sensibles del Mercosur tendrán un plazo de 15 años, las diferencias
estructurales entre ambos bloques plantean fuertes riesgos para el primero.
Por caso, la capacidad productiva de la UE es
cuatro veces más grande que la de su par sudamericano, con un PBI per cápita de
u$s41.890 frente a otro de u$s10.600 en 2018. Dentro de ese mercado, solo
Alemania ostenta un PBI casi igual a la suma de Argentina, Brasil, Uruguay y
Paraguay, según el Observatorio de Coyuntura Internacional y Política Exterior
(Ocipex).
El desequilibrio también es comercial:
mientras los 28 países europeos exportan a su socio un 84% de bienes
industriales, el Mercosur le vende un 70% de productos agrícolas y
alimenticios con poco valor agregado.
En ese marco, la quita de
aranceles en sectores clave de la industria aparece como uno de los principales beneficios
para 60.500 compañías europeas, que hasta ahora enfrentaban mayores costos para
introducir autos (35%), autopartes (14-18%), maquinaria (14-20%), químicos
(hasta 18%) y medicamentos (hasta 14%).
Este capítulo comprende productos que hasta
ahora estaban excluidos del Mercosur, como ropa y calzado. Mientras que en el agro serán
removidas los impuestos a los chocolates (20%), vinos (27%), espirituosas (20 a
35%), bebidas ligeras (20 a 35%), y habrá cuotas de ingreso para productos
diarios.
Así, solo en materia arancelaria, el acuerdo
representa un ahorro de 4.000 millones de euros para las empresas europeas, una
suma que representa cuatro veces más que el Tratado de Libre Comercio de la UE
con Japón y seis más que el acuerdo con Canadá. Esta "primera jugada" frente a competidores como Estados Unidos
o China les permitirá ganar un mejor acceso al mercado sudamericano respecto
de otros países y una mayor competitividad para importar partes desde sus
sucursales ya establecidas. Esas son algunas de las ventajas identificadas por
la Comisión Europea en sus últimos documentos.
Los otros beneficios tienen que ver con
restricciones a las políticas de comercio exterior, la modificación del sistema
de certificación, criterios flexibles de origen que podrían permitir la
triangulación desde los países asiáticos, medidas para prevenir las
imitaciones, limitaciones a las empresas estatales y el acceso a los contratos
públicos en igualdad de condiciones por parte de empresas europeas.
A cambio, el Mercosur podrá ahora colocar mayores cuotas de productos
primarios y agroindustriales, y en teoría atraer mayores inversiones. La condición para abrirse con éxito, según el
Gobierno, sería avanzar en los próximos años en reformas estructurales.
De lo contrario, el riesgo es que
"desaparezcan" sectores de la economía, advirtió días atrás el
empresario agroindustrial Gustavo Grobocopatel.
"Si la Argentina se abre y no mejora su
competitividad en cuanto al costo tributario, logístico y financiero, va a
haber un problema de desempleo", reconoció a iProfesional el
economista de EcoGo Martín Vauthier. Esa posibilidad motivó el cuestionamiento
de la CGT y la CTA, cuyos representantes fueron recibidos el martes por el
Gobierno en el marco de la comisión del Diálogo Social, luego de que la semana
pasada alertaran sobre el "funesto impacto" que tendrá el acuerdo
sobre los trabajadores.
Para los analistas, el impacto será
diferencial. Mientras los sectores más
productivos, con demanda global y menores costos se ubicarían entre los
ganadores, como es el caso de los productos agroindustriales o el software, el
resto enfrentará mayores presiones para competir. En este último
grupo se encontrarían los sectores menos dinámicos de la industria textil, electrónica, autopartista y láctea.
Vauthier encontró, por ejemplo, que un Yogur
Illolay en supermercados porteños cuesta $141 frente a $56 en Madrid, es decir
casi tres veces más.
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