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Por Claudio
Zlotnik -n Son raros estos días de optimismo macrista. Es más:
ni el mismísimo Mauricio Macri los
habrá imaginado algunas semanas atrás, cuando sus socios del radicalismo y
hasta el "círculo rojo" reclamaban en público que debía correrse y
resignar la posibilidad de reelección. Eran tiempos del "Plan V".
Desde aquello pasaron no más de ocho o nueve semanas. Demasiado para esta
Argentina volátil.
Lo
cierto es que la situación se fue alineando a favor de las aspiraciones de la
Casa Rosada. Todo comenzó
con la estabilización del tipo de cambio -a partir del guiño del FMI que
habilitó al Banco Central a utilizar reservas para intervenir en el mercado y
evitar así un nuevo salto disruptivo del dólar-, pero no fue lo único que
cambió.
El escenario internacional, que había sido agresivo contra el país (y
el resto de los mercados emergentes), se dio vuelta y ahora juega a favor de la
paz cambiaria. La "buena onda" se esparció por otras variables.
Algunas financieras, como el descenso del Riesgo País o la rebaja de las tasas
de interés, y otras políticas: la mejora del oficialismo en las encuestas y el
acuerdo con Europa, en el marco del siempre amable G20.
Un país cuya sociedad sufre por los efectos de la recesión pero en el que no
existe ningún tipo de violencia completa el cuadro, a poco más de un mes de las
Primarias.
Existe, sin embargo, una contracara de esta faceta de "amor y paz".
Un lado B del que se habla poco, en voz baja, pero que va ganando en intensidad
en los corrillos económicos y financieros.
Concretamente: la
probabilidad de que este esquema pacífico -que de por sí luce precario,
prendido con alfileres- termine de manera abrupta. Que haya un nuevo sobresalto
que retorne la situación a foja cero.
La mirada de los economistas y los bancos de inversión se posa en lo
que vaya a suceder con el precio del dólar, sobre todo luego de las últimas
jornadas en las que la cotización registró nuevas caídas nominales que llevaron
al billete por debajo de los $43. Esto, incluso, hizo que algunos expertos
comenzaran a pedir algún tipo de intervención gubernamental para frenar el
retroceso.
Un plan efectivo,
pero con fecha de vencimiento
Parece extraña esta preocupación cuando hace apenas dos meses y medio
el dólar minorista superó los $47, pero así es la dinámica de la volátil
economía argentina.
La estabilidad ganada fue trabajosamente buscada por el Gobierno. Lo
explicitó Guido Sandleris apenas asumió en el Banco Central, al plantear un
plan consensuado con el Fondo Monetario Internacional en base a un esquema muy
duro basado, en un histórico apretón monetario. Algo que se terminó de asentar
hace dos meses, cuando Donald Trump atendió la línea directa con su amigo Macri y
habilitó al BCRA a intervenir en el mercado, algo hasta ese instante vedado.
La
pregunta que se instala ahora, en la City y también en Wall Street, refiere a
cuánto puede durar este clima de fiesta financiera, en el cual el peso se transformó en el
mejor negocio, en un contexto en el que en algunas semanas se vienen las PASO.
Poco después llegarán las elecciones generales para definir -ni más ni menos-
el próximo Presidente, con candidatos a ambos lados de la grieta.
¿Sucederá como en anteriores elecciones? Lo típico en estos procesos es
que el
público se dolariza todo lo que puede mientras el gobierno de turno aguanta la
situación. Se trata de un cuadro usual en la Argentina.
Lo más complejo aparece cuando los agentes económicos llegan al diagnóstico
de que, una vez que pasen las elecciones, la situación se vuelve explosiva.
Irremediablemente.
Algo de esto habrá intuido Carlos Melconian, cuando días pasados,
mencionó que sería ideal que la cotización del dólar acompañe el ritmo de la inflación.
La duda de fondo está muy clara: ¿Por qué debería ser sostenible este
escenario de paz cambiaria si se trata de un esquema excepcional que fue
diseñado con el objetivo de llegar a las elecciones con chances? ¿Acaso existen
fundamentos económicos que garanticen esta tranquilidad?
Hay fuertes indicios de
que algunas variables macro siguen desacomodadas, más allá del valor del tipo
de cambio.
Sin ir más lejos, el hecho de que la tasa de interés de referencia se
encuentre en torno al 60% anual. O que, con tal de asegurar un dólar tranquilo,
el ajuste monetario obligue a una expansión nula de la circulación de
dinero. O el congelamiento de las tarifas, en el marco de una inercia
inflacionaria que lleva al índice al menos en el 2% mensual.
Son algunos ejemplos que llevan a gran parte del elenco de economistas
de la City a asumir que, más temprano que tarde, habrá una corrección cambiaria
que busque un nuevo equilibrio.
Se descuenta que una economía no puede ser viable con el actual nivel
de tasas de interés o sin emitir dinero. O vendiendo u$s60 millones diarios,
como lo hace el Banco Central por cuenta del Tesoro.
¿Quién puede desentenderse de que se trata de un equilibrio muy frágil?
No se trata de convocar voces alarmistas, pero algunas advertencias suenan bien
conocidas a los entrenados oídos de los argentinos: "Es muy probable que
estas vacaciones de invierno volvamos a ver a muchos argentinos haciendo
turismo en el extranjero", señala Martín Redrado.
El ex banquero
central da su opinión de "economista profesional" para dejar de lado
cualquier interpretación política en medio de la campaña electoral: "El dólar
está artificialmente planchado", dice. Y menciona a las
elevadas tasas de interés, el ajuste monetario y el renovado ingreso de
capitales golondrina para explicar su postura.
"El retraso del tipo de cambio es pan para hoy y hambre para
mañana. En algún momento corrige", completa.
Como su colega Melconian, se muestra a favor de que el Banco Central
utilice todas las herramientas disponibles para que, al menos, la cotización
del billete verde acompañe a la inflación.
¿Hay peligro de un estallido? ¿O de un cimbronazo que altere la paz de
los últimos dos meses? ¿O es una exageración pensar en esos términos?
El economista Pablo Goldin (MacroView) da una explicación concreta para
el actual "súper peso". "Tiene que ver con el mega superávit
comercial que estamos viendo, por el derrumbe de las importaciones, pero que
asegura la afluencia de divisas", afirma, en diálogo con iProfesional.
Según Goldin, "hasta las PASO habrá una suficiente cantidad de
dólares. Salvo un imponderable, la situación seguirá de la misma manera". Eso sí,
refuerza el economista: "Después de las Primarias habrá que recalcular el
escenario en función de los resultados".
Goldin también es de los que piensan que "no es una buena
estrategia dejar que el dólar caiga. Puede ser un búmeran si se mantiene ese
esquema, una vez que pasen las elecciones".
Dicho en otras palabras: "Si se reacomodara más arriba de a poco,
ese movimiento se va a observar como lógico". Otra vez, la sugerencia de
que el Banco Central debería utilizar las herramientas que tiene a mano para
pinchar una burbuja antes de que se infle.
Por su parte, Lorenzo Sigaut Gravina es de los que creen que la última
palabra no fue pronunciada. Es tajante: "Este esquema no funciona a largo
plazo, no se puede tener emisión cero en un país con 40% de inflación anual,
asegura.
Buscando al tipo de
cambio "de equilibrio"
¿Está hoy el tipo de
cambio subvaluado? Es un tema para la polémica eterna sobre cómo se determina
el "dólar de equilibrio". A valores de hoy, el dólar, tras la
devaluación a la salida del cepo, debería valer $40. No muy lejos de los $43 de
ahora. Mucho más atrás se encontraba el dólar "convertibilidad", de
$28. Mientras que, en la otra punta, el "dólar Néstor" valía $60 en
promedio.
La referencia que muchos miran es el dólar de octubre, cuando comenzó
el plan Sandleris en el Banco Central. La cotización de ese momento era de $40.
Es decir, en nueve meses el tipo de cambio tuvo una suba de apenas 7,5%,
mientras que el resto de los precios, medidos en el IPC, tuvieron una suba
acumulada de 36%. Si
el dólar hubiese acompañado a los precios, hoy debería cotizar en $54.
Esa diferencia respecto del precio actual es lo que lleva a que muchos
se preocupen por el riesgo de una corrección brusca que se esté incubando en
estas semanas de calma.
Pero claro, no necesariamente la adecuación debe ser violenta. El
economista Gabriel Rubinstein, por ejemplo, descarta la posibilidad de una
estampida. Tiene argumentos: básicamente, que Guido Sandleris cuenta con
suficientes recursos para atender un salto en la demanda, en tiempos de
elecciones.
Rubinstein lo pone en
cifras: existen, al día de hoy, u$s45.000 millones (entre reservas netas y
brutas) que el BCRA podría vender en el mercado. Según las estimaciones de Rubinstein,
si el escenario se pone tenso, el Central debería vender unos u$s5.000
millones. Y, en el peor de los casos, no más de u$s10.000 millones.
"No debe esperarse ni sobresaltos ni pánico", apunta.
Rubinstein es de los que piensan que, así como está, el tipo de cambio
luce competitivo y valora que algunos de los desequilibrios de antes ya se
emparcharon, como el déficit de cuenta corriente. Y se suma a los que creen que
el BCRA podría ponerle un piso comprando billetes verdes en el mercado para
evitar un atraso.
Son recién los primeros pasos de un debate que amenaza con crecer y
ocupar el centro de la campaña electoral. Por lo pronto, ya los economistas
afines al kirchnerismo han acusado al Gobierno de estar "planchando"
al dólar por una mera estrategia electoral. No les faltan argumentos, como
tampoco les faltaban a los economistas macristas en 2015 cuando denunciaban que
el dólar a $10 era artificial y que sólo se sostenía por el "cepo" y
las controversiales ventas de dólar a futuro.
Y ahora, igual que en
2015, la oposición insinúa que será inexorable una devaluación luego del
traspaso de mando.
En definitiva, nada nuevo. El dólar, ese termómetro por excelencia del
humor social argentino, vuelve a ser protagonista de una campaña electoral.
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