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Por Mariano
Cuparo Ortiz - El Gobierno motorizó, durante la última semana,
la idea de que el acuerdo UE- Mercosurlogrará finalmente
atraer una lluvia de inversiones productivas. La posición fue explicitada por
el ministro de Producción, Dante Sica, quien afirmó que "genera un cambio
de expectativas en los inversores". Sin embargo, los especialistas afirman
que la mera liberalización de mercados no alcanza para traccionar formación
bruta de capital fijo y destacan que Argentina ya suscribe
a más de 50 Tratados Bilaterales de Inversión (TBI) con resultados magros: en
el último año los dólares para inversión productiva fueron apenas un tercio de
los que ingresaron para lo financiero.
Un informe reciente de la Undav afirmó al respecto:
" Argentina ya
tiene vigentes muchos TBI con varios de los países de la UE desde la década de los 90 cuando
estos comenzaron a proliferar. Con lo cual, es poco probable encontrar
resultados en este sentido. Las inversiones tienen más posibilidades de
dirigirse a los sectores objeto de la primarización. Si Argentina con el
acuerdo se encamina hacia una primarización y a un desarme de sus sectores
industriales, entonces no tiene sentido pensar que las inversiones se orienten
hacia esos sectores". El economista de Undav, Sergio Chouza, agregó
a BAE Negocios: "El
tema es que el segmento primario no tiene un problema de insuficiencia de
capital. Y las inversiones en Vaca Muerta no dependen de estos acuerdos".
La de la espera por una lluvia de inversiones
extranjeras productivas es una historia conocida. Arranca incluso mucho antes
que la expectativa del actual Gobierno de generar un aluvión de confianza. Ya
en los primeros años de los 90 Argentina comenzó a
firmar los conocidos TBI, cuyo espíritu era brindar un marco beneficioso a las
empresas extranjeras que decidieran traer sus dólares con fines productivos.
Los TBI incluyen cláusulas que permiten remitir
libremente todas las utilidades, que prometen que los conflictos se resolverán
en tribunales extranjeros y que garantizan que las inversiones recibirán
igualdad absoluta en el trato respecto a las empresas locales y también a las
de otros países. Hacia 1993 el país ya contaba con un marco legal sumamente
atractivo, que incluía a la Ley de Inversiones Extranjeras, hoy todavía
vigente, al igual que 58 de los TBI, aún firmes.
Sin embargo, los números actuales de ingresos de
dólares para realizar inversiones productivas son magros. En mayo entraron
US$161 millones. Nada comparado con los US$1.100 millones que ingresaron para
aprovechar la supertasa. Mucho menos con los US$5.553 millones que entraron los
propios residentes argentinos para desarmar sus posiciones en divisas (su
contraparte, la compra para fugar, llegó a US$8.050 M).
Ya en los 90 el resultado en inversiones se había
movilizado más por la compra de empresas ya existentes que generación
capacidades productivas nuevas. Primero fueron las privatizaciones y luego la
adquisición de empresas. Una investigación del economista Matías Kulfas señaló
que entre 1992 y 1998 sólo el 30% de la inversión extranjera directa
correspondió a aportes de capital (empresas nuevas o ampliaciones). Un total de
US$8.318 millones. También mostró que durante esa década.
El director de Epyca, Martín Kalos, comentó a BAE Negocios: "La inversión
extranjera de los 90 primero fueron privatizaciones y después aprovechar el
cambio barato para comprar empresas que eran negocios ya establecidos. El
porcentaje sobre el PBI fue
bajo respecto a lo esperable. Los más de 50 vigentes hoy garantizan un marco
legal beneficioso y las empresas no vinieron. ¿Por qué tenés que dar un más
beneficios y seguridad? Podés dar lo que quieras pero si no hay una economía
creciendo, si no hay un mercado que dé perspectiva de ventas y ganancias,
difícil que las empresas vengan".
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