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Por Pablo Wende
- La economía tocó fondo y empezó a pegar la vuelta. Ésa es la idea que buscan
transmitir desde el ministerio de Hacienda, pero se trata de una visión que
comparten cada vez más analistas del sector privado. El cambio de
escenario incluso podría generar un efecto totalmente impensado hasta hace un
par de meses: la economía podría terminar creciendo marginalmente en 2019, a
contramano de los cálculos que realiza el propio Gobierno e incluso el FMI.
En despachos oficiales fueron corrigiendo sus cálculos sobre cómo
evolucionará el 2019. La última estimación es que la caída será de 0,8%,
con un primer trimestre pésimo (según el Indec la caída fue de 5,7%), un
segundo trimestre algo más equlibrado y recuperación interanual mucho más
notoria en el segundo semestre.
Pero ahora el estudio del economista Orlando Ferreres sugiere que el
repunte será un poco más enérgico. Y esto permitiría que el año no termine
recesivo, ya que esperan que una suba del PBI en torno al 0,4%. O en el
peor de los casos que termine neutro. Quizás la única condición ineludible para
que se dé este escenario es que la inflación mantenga su tendencia a la baja,
ya que esto permitirá la recuperación gradual de poder adquisitivo y por ende
del consumo.
Dentro de este cálculo, la mejora se vuelve mucho más notoria en el
cuarto trimestre. La expansión de ese período podría incluso superar el 5%.
Claro que se trata de una comparación contra el peor momento de la crisis, el
último trimestre de 2018, que es cuando se tocó el piso de la actividad.
Los factores que alentarían la reactivación económica ya están jugados a
esta altura: en el segundo trimestre traccionó básicamente el agro, con
una expansión de entre 40% y 50% versus la sequía de 2018, otro sector
que encontró el equilibrio (dejó de caer) es el petrolero gracias a Vaca
Muerta. Para el tercer trimestre tomará ya más preponderancia la construcción,
que en junio tuvo un tropiezo por la poca cantidad de días hábiles y las
continuas lluvias. Y en el cuarto trimestre ya es el consumo el que tomaría la
delantera.
El Gobierno se entusiasma con este escenario. La conclusión obvia es que
la economía ya estará en proceso de franca recuperación cuando arranque el
cuarto trimestre, es decir aproximándose a la elección presidencial, el 27 de
octubre.
"Si con un par de meses de dólar más tranquilo e inflación en baja
cambió el ánimo de la gente, esta tendencia se va a profundizar mucho hasta
octubre porque vienen mejores noticias económicas", razonaba un alto
funcionario de Hacienda.
A pesar de esta mejora, al repunte le faltará fuerza en relación al que
se produjo en el segundo semestre de 2017. En aquella oportunidad, la economía
empezó a recuperarse desde el primer trimestre del año y para el momento de la
elección legislativa ya se encontraba en plena expansión.
Ahora el despegue apenas comienza y está muy concentrado en el
agro. Recién en los próximos meses habrá una mayor "difusión" a
sectores como la construcción y la venta minorista.
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