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Por Daniel
Muchnik - Sin duda que todo se sabrá a partir del
resultado. No se caerá el mundo, pero son muchos los que están tomando
previsiones. Hay algunas voces de expertos que aseguran que el valor del
dólar actual no es rentable para las exportaciones: debería rondar los 50 o los
60 pesos. Si se llega a esas alturas previstas recién para fin de año, después
de las presidenciales, las ondas que se puedan expandir en agosto pegarán en la
inflación y el consumo.
Es por la calma de las últimas semanas que el
Gobierno, sometido a varias críticas, comenzó a tomar aire como para
diagramar una campaña política que lo posicione en mejores niveles. Podrá
convencer a aquellos que votaron a Cambiemos en 2015 y luego se sintieron
defraudados y quizás atraiga votos que deberían recebir otros candidatos a
los que la ciudadanía no les ven envergadura. Probablemente capture a los
indecisos. Pero no es seguro, y los pronósticos de Jaime Durán Barba no
son aceptados por gran parte de la sociedad porque subestima a los ciudadanos y
a la política. De lo que se puede afirmar como cierto es que la juventud, en
especial los millennials, están apartados de esta elección y
de los vaivenes y desmadres de la política.
Los habitantes de la Casa Rosada saben
algunas cosas importantes: la elección de Miguel Ángel Pichetto como
vicepresidente favoreció las chances oficialistas. Y el "veranito
cambiario", la estabilidad del dólar, mejoró la imagen del Gobierno; venía
en caída.Pueden dedicarse en paz a la campaña electoral.
Entretanto hay quienes prefieren no quedarse
callados. Por ejemplo Miguel Acevedo, el tenaz presidente de la Unión
Industrial Argentina, afirmó que el Gobierno tiene un programa coyuntural para
frenar al dólar, pero no tiene un plan económico de mediano o largo
plazo. Y frente al acuerdo comercial con la Unión Europea, o el que se
está gestando con Estados Unidos, pide que la economía se estabilice y
reclama un programa para impulsar la producción, cuestiones que no son tenidas
en cuenta.
Se sabe que el oficialismo busca también
fomentar el consumo. Las políticas que evitan que el dólar suba son
bastante usuales en los años electorales. De allí que haya negociado con el
Fondo Monetario Internacional que el Banco Central puede actuar con toda la
agresividad necesaria para estabilizar al dólar y frenar la inflación. El
FMI aprobó la estrategia y habilitó al Central a vender todos los dólares que
fueran necesarios para garantizar la "pax cambiaria".
Es sabido que en tiempos electorales personas
y empresas buscan dólares por una probable devaluación poselectoral.
Ahora, el consumo dependerá de que las paritarias le ganen a los precios.
Es indudable que en esa línea se justifica la aparición de planes de estímulo,
como el relanzamiento de Ahora 12 o Junio 0Km para adquirir
automóviles. Las ventas de cero kilómetro cayeron 56% interanual en mayo
pasado. El mismo número del hundimiento de la producción industrial total.
El aparato oficial de promoción sabe que los
números de los años anteriores no sirven para imponerse en una
elección. En 2015, año electoral, el dólar trepó poco y la inflación fue
del 26 por ciento. Un año después, ya con Macri en la poder, hubo una
devaluación y la inflación giró en torno al 40%. En 2017 el dólar pudo lograr
estabilidad y la inflación llegó a 25 por ciento. Pero el año pasado todo se
desbarrancó: el dólar duplicó su precio y la inflación fue del 48 por
ciento. ¿Qué pasará en el futuro? Nadie puede preverlo.
El Gobierno dará esperanzas frente a
problemas que requieren mucho tiempo para ser solucionados. La inflación
necesita acuerdos partidarios y una estrategia de por lo menos 10 años de
combate, según las experiencias de otros países. La pobreza no pudo ser
disminuida pese a la promesa del Presidente y el drama social es casi una
vergüenza nacional. En el primer trimestre de 2019 la desocupación llegó a
los dos dígitos (10,1 por ciento): los registros hablan de 2,1 millones de
desocupación, cuando en el 2018 era menor a 1,9 millones. Todo por menor
capacidad de producción industrial y la recesión.
Esperemos que se mejoren las perspectivas.
Que los políticos sean realistas a la hora de mostrar las estadísticas y
reviertan los índices peligrosos congregando a los mejores especialistas, sin
importar el partido al cual pertenecen, y no a los analistas partidarios
enajenados por la grieta.
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