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Por Juan Gasalla
- A partir de octubre del año pasado, el Ministerio de Hacienda y el Banco
Central instaron a un ajuste de políticas frente a un dólar y
una inflación que se disparaban.
En el marco del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional,
se contó con el respaldo de divisas para afrontar los pagos de deuda y
apuntalar las reservas, mientras que se llevaron las tasas al nivel más alto desde la crisis de 2002 para
desalentar la demanda de divisas.
Desde octubre está vigente el
compromiso del BCRA de fijar la Base Monetaria en torno a 1,3 billón de
pesos, con lo que se apagó uno de los principales "motores" de la
inflación, la emisión de pesos. A partir de abril se estableció el congelamiento
de tarifas, para desactivar otro de esos impulsores del aumento de
precios.
En nueve meses y medio el
Central cumplió con su meta de Base Monetaria, que creció apenas 8,2% desde
los $1.249.657 millones ($1,25 billón) del cierre de septiembre de 2018 a los
$1.353.000 millones ($1,35 billón) del último promedio acumulado del mes.
En el mismo período, el precio
del dólar aumentó solo 0,8%, desde los $41,25 mayorista del 28 de septiembre a
los $41,60 del viernes último. La inflación, que tiene su inercia propia y
reacciona con rezago de meses a la instrumentación de las medidas que actúan
sobre las variables monetarias, acumuló en poco menos de diez meses cerca
de 37 por ciento.
Por ese motivo, el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) que
calcula el Banco Central descendió desde el máximo de la administración de
Macri, de 142 unidades el 28 de septiembre -es decir un 42% más alto
que la "Base 100" del 17 de diciembre de 2015, cuando se eliminó el
control de cambios o "cepo"- al 107 unidades del 11 de
julio pasado.
Asimismo, el ITCRM se sitúa en
el nivel más bajo desde el 10 de agosto del año pasado, once meses
atrás.
El ITCRM permite observar
que no hay necesariamente "atraso" cambiario, pues este
tipo de cambio calculado en base a una canasta de monedas de referencia, la de
los principales socios comerciales, y la inflación de esos mercados, es hoy un 7%
más alto que a la salida del "cepo".
Pero a la vez queda claro
que se erosionó muy rápido la "competitividad" cambiaria
obtenida por la devaluación del año pasado, que empujó a una extendida recesión
económica.
En el mismo sentido, el
Gobierno puede atribuirse en los meses recientes una notable estabilidad
cambiaria y una incipiente desaceleración inflacionaria. Pero esta
mejora, oportuna en tiempos electorales, tiene un alto costo, que puede
advertirse en el balance del Banco Central.
Desde que la autoridad
monetaria utiliza a las letras de Liquidez (LELIQ) como instrumento de
regulación monetaria, este stock de deuda creció en forma
exponencial.
Con tasas promedio de 60%
anual desde octubre, más efectivas para frenar al dólar que a la
inflación, el stock de Letras aumentó de $773.432 millones ($432.851
millones de LELIQ más $340.581 millones remanentes de LEBAC) a $1.241.147
millones, un 60,5% o 467.715 millones de pesos.
En el mismo sentido, el pago
de intereses de las LELIQ, que a diferencia de las LEBAC solo pueden ser
suscriptas por los bancos, asciende desde octubre a 404.100 millones de
pesos.
Los bancos que toman LELIQ del
BCRA no obtienen un beneficio pleno y directo de estas colocaciones, pues,
básicamente, pagan con estos fondos los intereses por los depósitos de
ahorristas.
Los plazos fijos en pesos
del sector privado ascendían a $785.254 millones el 28 de septiembre,
mientras que al 11 de julio contabilizaban $1.221.201 millones, ambos montos
comparables con el stock de Letras del BCRA en dichas fechas.
El stock de plazos fijos
creció en nueve meses y medio unos $435.947 millones, un monto similar
al aumento del stock de LELIQ y algo mayor al del pago de intereses de las
Letras, lo que refleja en buena medida que el BCRA está financiando con
emisión de deuda los rendimientos recientemente obtenidos por los
particulares con sus colocaciones a plazo en las entidades financieras.
Este objetivo -que los pesos
queden depositados en los bancos y no se vayan a demanda de dólares– quedó
explicitado por la autoridad monetaria, que presionó para que las altas
tasas de LELIQ fueran transmitidas a los rendimientos de plazos fijos.
Para que haya más competitividad en el sector impulsó la modalidad de los plazos fijos para no clientes, que
permite a los usuarios elegir el banco que les ofrezca una mejor tasa.
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