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Por Daniel Sticco
- (Enviado especial a Washington). Las enormes carencias que mantiene la
Argentina en diversos frentes durante casi 3 décadas, y también en los primeros
años del actual Gobierno, se esgrimen como los principales argumentos por la
que la inversión extranjera directa de los EEUU en ese período se haya reducido
notablemente, aunque se mantuvo la de la mayoría de las empresas radicadas, a
través de la reinversión de utilidades para proteger el valor de sus activos en
el país.
De todas formas, en encuentros
con líderes de opinión de un grupo de periodistas argentinos en esta capital,
invitados por empresas asociadas a la AmCham, Cámara de Comercio de los EEUU en
la Argentina, se advierten notables cambios en varios de frentes, pero aún
la tarea no está completa, y no se perciben consensos con las fuerzas de
oposición y precandidatos a las presidenciales de octubre para no interrumpir
ese proceso.
Factores que aún limitan las
inversiones productivas en la Argentina
1. La debilidad de la
institucionalidad. Si bien se considera un activo real la consolidación de
la democracia en poco más de 35 años, aún se ve al país que no ha logrado
establecer políticas duraderas en el largo plazo, porque ha predominado el
péndulo entre populismo, libertad de mercado y experiencias intermedias, y
ahora, de cara a las elecciones de octubre, no está clara si se
consolidarán los cambios del actual Gobierno o se vuelve hacia atrás, porque
impide la construcción de reglas de largo plazo. Incluso, en el actual Gobierno
se dio un cambio fundamental en las reglas del sector energético con la
Resolución 46, que cambió las condiciones del subsidio a la extracción de
hidrocarburos no convencionales, pese a que se leyó como un condicionanete del
FMI por las restricciones que empezaba a enfrentar el Gobierno para alcanzar
este año la meta de déficit fiscal cero.
2. Las dificultades que
persisten en la economía y, principalmente en la política, para alcanzar
consensos para la estabilidad de políticas macro y microeconómicas de mediano y
largo plazo.
3. El abultado déficit de las
finanzas públicas y también de dólares. Si bien se ha avanzado
sustancialmente, aún no hay garantía de continuidad del tránsito al
equilibrio fiscal y recuperación del superávit externo de divisas; de ahí la
persistencia de un elevado índice de riesgo país; porque son los factores que
obstaculizan una baja más rápida de la tasa de inflación y mantienen la
desconfianza en el valor del peso.
4. El alto porcentaje de
excluidos. Algo que se refleja en el índice de pobreza y en la muy
alta informalidad de la economía, porque exige una alta cuota del Presupuesto
en políticas sociales, por un lado, y la pérdida de recursos fiscales e
inequidad tributaria, por el otro.
5. Desempeño irregular del
sistema educativo. El estar basado en criterios del siglo XIX, que se
aplicó en el siglo XX, para las tareas del siglo XXI, quedó disociado de
las necesidades de las empresas, tanto en el presente, como más aún a futuro,
donde se esperan tareas que hoy no se conocen, y para lo cual no se prepara a
los alumnos para poder enfrentar esos desafíos;
6. La resistencia de
sindicatos. Pero también de gran parte de la dirigencia política, a
modificar un régimen laboral que quedó desvinculado de las necesidades de
la oferta y demanda de trabajadores, mientras que otros países, incluidos los
vecinos han avanzado en esa dirección, clave para poder aumentar la
productividad, el salario real y la competitividad;
7. El alto nivel que alcanzó
la corrupción en los negocios y en el sector público, y pese a que se avanzó en
la judicialización, aún queda una batalla final en la que se pueda separar las
responsabilidad de las personas involucradas de las empresas; y
8. La situación del sistema
previsional, con jubilados y pensionados que hicieron los aportes obligatorias
en la vida activa, con otros que ingresaron al régimen a través de políticas
populistas, en lugar de formar parte de los planes de asistencia social que se
cubre con el cobro de rentas generales, porque se considera económicamente no
sostenible que lleva a la creciente presión tributaria.
Apoyo financiero, resta el
productivo
De todas formas, se
sostiene en el pensamiento de los líderes de opinión de Washington que la
Argentina ha avanzado mucho hacia la estabilización de la situación
macroeconómica, con fuerte recorte del déficit fiscal y también de más
cuentas en dólares con el resto del mundo, aún queda pendiente dar paso a
consolidar ese proceso y generar un sendero de crecimiento sustentable.
Se trata de dos factores
claves que, más allá de algún aspecto estacional en la liquidación de las
divisas de exportación de los productos del campo, llevaron a una importante
reducción del índice de riesgo país, pero aún es muy elevado, y puede rebotar si
el resultado de las PASO es negativo para el Gobierno en una proporción de más
de 7 puntos porcentuales, o la oposición obtiene un pico de más de 40% de los
votantes.
Y si bien se asegura que la
relación de los EEUU con la Argentina es de país-país más que de gobierno a
gobierno, y eso implica que se respetará la decisión democrática del
electorado, no hay duda de que se prevé un mejor escenario para la economía y
larevitalización de la inversión productiva, la cual inicialmente podría
superar, sólo a través de inversión extranjera directa, los USD 4.500 millones,
con un segundo mandato de Mauricio Macri, que con la vuelta a partir del 10 de
diciembre de un presidente y gobierno orientado a repetir políticas populistas
y resistencia a avanzar en las reformas estructurales que se requieren para
estabilizar la macroeconomía y generar un marco de previsibilidad y estabilidad
de las reglas de juego de largo plazo.
Y se sabe que con un
índice de riesgo país por arriba de los 600 puntos básicos no hay margen para
atraer inversiones productivas y financiar el crecimiento de la economía.
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