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Por Patricio Eleisegui - Era
uno de los mayores temores vinculados al pacto comercial entre la Unión Europea
y el Mercosur: que el poderoso lobby agricultor
europeo, unido al no menos fuerte movimiento ambientalista, lograran la
inclusión de normas paraarancelarias que pudieran limitar las exportaciones
agrícolas argentinas con los argumentos de que no cumplen normas de seguridad
fitosanitaria.
Sin embargo, después de leer
el texto del acuerdo, en el sector agroindustrial hoy predomina el optimismo.
En
concreto, lo consensuado no establece modificaciones para el cóctel de
plaguicidas que hoy se aplican para la producción sobre todo de soja y maíz,
con el herbicida glifosato a la cabeza. En paralelo, tampoco pone en discusión
la exportación de granos generados por cultivos transgénicos.
La primera
confirmación al respecto llegó desde el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad
Agroalimentaria (SENASA), desde donde se indicó a iProfesional que lo acordado avala
la continuidad del actual modelo de labor en el campo. Es más: las
fuentes consultadas incluso expusieron que tampoco se aplicarían cambios en
caso de abrirse nuevos intercambios con Francia, el país que más critica el uso
de químicos en la Argentina.
"Desde la Dirección de
Protección Vegetal se comunica que no hay nada nuevo respecto de los aspectos
fitosanitarios si se llegaran a concretar negocios con Francia a partir del
acuerdo con la Unión Europea. Sigue todo igual", expresaron los voceros
consultados.
Juan Carlos Batista, ex
director del organismo y uno de los especialistas que trabajó en el desarrollo
del apartado agrícola del acuerdo, se pronunció a tono con el SENASA y si bien
reconoció la preocupación de Francia, Dinamarca, Holanda y Alemania en lo que
hace a los cócteles de agroquímicos que se aplican en el agro local, expuso que
"a Europa le interesa seguir facturando por la venta de moléculas
nuevas".
"Un
aspecto que le resulta clave a la Unión Europea tiene que ver con la propiedad
intelectual. Y la realidad es que las principales compañías en producción de
fitosanitarios son europeas. Se viene pidiendo un menor uso de principios
activos, pero los europeos ponen el foco en los productos que ya no están
regulados por patentes. A esos los quieren fuera del mercado. Piden que se usen
determinadas moléculas, justo las que todavía están protegidas por patentes. Es
un tema económico", dijo a iProfesional.
El glifosato, herbicida creado
por Monsanto en la década del 70 y con patente liberada desde el año 2000, es
el único que escapa a esa lógica por tratarse del plaguicida más utilizado por
el agronegocio tanto en la Argentina como a nivel mundial.
Imponerle una restricción al
químico que la Organización Mundial de la Salud (OMS) vincula con la
proliferación del cáncer desde hace casi cinco años, reconocen entre los
exportadores, implicaría reformular todas las políticas de importación de
granos vigentes en el Viejo Continente desde hace décadas.
En diálogo con iProfesional,
Marcelo Elizondo, ex director ejecutivo de la Fundación ExportAr y director de
la consultora DNI, sostuvo que la diplomacia de países como Francia hasta ahora
no expresó grandes cuestionamientos al modelo de producción de Argentina y
el Mercosur. En general, aseguró, las
críticas proceden de actores privados y determinadas organizaciones
ecologistas.
"En Francia toda la
cuestión ‘verde’ tiene presencia, es un sector que se moviliza y el país está
en un momento social muy especial. Pero la realidad es que la posición del
gobierno de Macron fue aprobar el acuerdo, o sea que en lo concreto la decisión
oficial es avalar lo que propone el Mercosur", aseveró.
Si bien Elizondo da por
sentado que, tras el aval al pacto que irá dando cada parlamento en Europa,
surgirán ciertos aspectos a negociar entre los bloques, el experto señaló que
la batalla a futuro girará en torno a la competencia entre los productores
europeos y sudamericanos antes que en la forma en que se produce alimentos o
forrajes en sí misma.
"Lo más relevante es lo
acordado ahora. Hacia adelante no habrá grandes cambios. Francia, Polonia,
Irlanda, han sido los países que se mostraron más duros pero desde la
perspectiva de cuidar a sus respectivos productores", dijo.
Desde su
punto de vista, no será el tema fitosanitario lo que ponga en riesgo el proceso
de integración comercial: "Hay que entender que Europa defiende a su agro
no sólo como bloque productivo sino porque procura mantener pobladas a las
zonas rurales. Incluso subsidia bajo esa idea de política demográfica y social.
Entonces, puede que en ciertas cuestiones sean menos flexibles. En tanto
el Mercosur es más competitivo en
determinadas producciones, la reacción crítica también tiene sentido porque
perdería justificación esto de mantener como sea a la gente en el campo".
Preocupación europea
"Los problemas
fitosanitarios que le preocupan a la Unión Europea tienen que ver más con
enfermedades y plagas por ejemplo relacionadas al ganado. No sólo por la
presión de los consumidores sino, también, como una herramienta para blindar a
parte de su producción local. Europa permite el ingreso de determinadas mercaderías
o productos siempre y cuando éstos no destruyan la producción local. Son
restrictivos porque tienen posiciones proteccionistas con Francia a la
cabeza", comentó Batista.
Por su parte, Raúl Ochoa, ex
subsecretario de Comercio Internacional, sostuvo que la decisión de Jair Bolsonaro
de mantener a Brasil dentro del Acuerdo de París con lo que esto implica en
términos de menguar el cambio climático, relajó la posición europea en buena
parte de sus conocidas preocupaciones ambientales.
"El
acuerdo estuvo a punto de no firmarse por los amagues de Bolsonaro de abandonar
el Acuerdo de París. En eso (Emmanuel) Macron, el gobierno francés en general,
era inflexible. Sí se mantienen firmes con cuestiones como la trazabilidad en
el ganado, por ejemplo. Para Europa es importante conocer el recorrido de la
carne desde el ternero al corte, que se respeten los criterios que ellos
sostienen para sus productores. Que no fallen los controles de sanidad, que los
frigoríficos no se salteen pasos. Esas normas son clave para el bloque",
explicó a iProfesional.
Ochoa
sostuvo que Europa repara más en la capacidad agrícola de Brasil antes que en
aspectos de la Argentina, y de ahí la relación por momentos tensa con
Bolsonaro. En opinión del especialista, el aparato del país vecino representa
una enorme complicación para el sector agrícola del Viejo Continente dado su
"tamaño relativo".
"Brasil es un monstruo de
la producción de etanol y azúcar, ya le compite el primer puesto a Estados
Unidos en soja y es el mayor exportador de carne vacuna del planeta. Además, es
el tercer mayor exportador mundial de carne de cerdo y el primero en pollos.
Ese volumen obliga a Europa a mantenerse duro con las exigencias, fijar
políticas o acuerdos que le garanticen cierta protección a su producción local.
Si bien allá son exigentes también con sus productores, lo cierto es que pueden
recurrir a chicanas por ese lado para mantener salvaguardados a sus
agricultores", aseguró.
Transgénicos no se discuten
La manipulación genética en
cultivos es otro de los aspectos que preocupan en distintos sectores de la
sociedad europea. En la actualidad, Brasil suma más de 50 millones de hectáreas
productivas cubiertas con transgénicos –u OGMs–, mientras que la Argentina se
acerca a los 24 millones. En ambos casos, predominan los cultivos de soja, maíz
y algodón.
Ante la resistencia al consumo
de alimentos a base de OGMs que evidencian amplios segmentos por ejemplo en
Francia, la duda lógica refiere a cómo podrían verse afectadas las
exportaciones locales a partir del nuevo y flamante acuerdo.
Respecto de
esto, Ochoa fue contundente: "La discusión en lo que hace los transgénicos
y la seguridad de su consumo está superada hace rato para los organismos de la
mayoría de los gobiernos europeos. Están alineados con lo que dice la
Organización Mundial del Comercio (OMC) respecto de esos productos. De ahí que
no habrá ningún cuestionamiento al respecto".
Crítica mediática
Al margen de la postura calma
que muestran la mayoría de los actores locales consultados, un repaso a los
medios franceses permite ver el grado de angustia con el que se está viviendo
la noticia del acuerdo comercial en esa zona de Europa. En particular, para el
hipersensible sector agrícola francés, tradicional receptor de subsidios
estatales.
En días recientes, el canal de
noticias ininterrumpidas CNews –que lidera los índices de audiencia a nivel
nacional- se refería a esta cuestión con la frase "El acuerdo con el Mercosur es malo para nuestra agricultura".
En simultáneo, Le
Figaro alertaba a la población que "los agricultores y ganaderos
europeos podrían ser los grandes perdedores con la apertura del mercado europeo
a la carne vacuna, de ave y el azúcar sudamericano".
También el
parisino L’Humanité hizo mención del tema como una "conquista para
Buenos Aires", agregando como dato que "el 74 por ciento de los
productos fitosanitarios utilizados en Brasil están prohibidos en Europa".
Hace una semana, protestas en
tierra francesa tuvieron como protagonistas especialmente a los Jóvenes
Agricultores y al principal gremio agropecuario. A su vez, la Federación
Nacional Bovina (FNB) aseguró que la firma del acuerdo acabaría con más de
50.000 puestos de trabajo en ese país.
Pero no solo el lobby ganadero
se queja. En las charlas de café parisinas, el flamante acuerdo con el
organismo sudamericano es un tema que tampoco pasa desapercibido, en un
contexto en el que el auge ecologista genera cada vez más adeptos –cabe
recordar que, en las últimas elecciones parlamentarias de la Unión
Europea, el partido ecologista resultó la tercera fuerza más votada, detrás del
oficialismo macronista y la referente de ultraderecha, Marine Le Pen-.
Respecto del acuerdo, se
escucha decir no sólo que perjudicará al sector agropecuario local, sino que
también pondrá en riesgo a los ciudadanos franceses debido a la calidad de los
productos que ingresarán a Europa a partir del pacto logrado.
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