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Por Carlos Burgueño - La frase “riesgos elevados” incluida
en el último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la
Argentina tiene, según fuentes del organismo, una razón simple. Según la
visión de los técnicos que manejan la relación con el país, no está claro que
luego de los resultados electorales de este 2019, exista el consenso político
suficiente como para que la Argentina pueda avanzar en las tres reformas clave
que se exigen para la meta máxima para el 2020. Si el país quiere negociar
una mutación del acuerdo stand by a uno de Facilidades
Extendidas (mejorando sustancialmente los plazos y tasas de interés), deberá
avanzar en cambios en los sistemas previsional, laboral e impositivo. Esto es, discutir
durante un tiempo corto y prudencial los proyectos de ley en cuestión,
enviarlos al Congreso, que el Poder Legislativo los apruebe y que antes de fin
del 2020 estén reglamentados. Sin estas reformas, las negociaciones con el FMI
para refinanciar los vencimientos con el organismo y extender y flexibilizar
las condiciones, serán difíciles de manejar.
“Los riesgos del programa son
elevados y lo más desafiante es la incertidumbre por el período electoral que
se avecina. Así quedó claro durante la turbulencia de abril”, fue la frase
redactada por el jefe de la misión argentina, el italiano Roberto
Cardarelli, supervisada por el director gerente para el Hemisferio
Occidental Alejandro Werner y entregada al board del
FMI el viernes pasado para su análisis. La interpretación de la frase (poco
común en un organismo que casi como religión evita opiniones políticas, y menos
por escrito y de acceso público), fue unívoca para todos los presentes en el
momento de analizar la situación argentina. Saben dentro del Fondo que para el
país resulta inevitable una renegociación de los términos del stand by firmado
en septiembre del año pasado; acuerdo que, según la palabra del propio
Cardarelli en Buenos Aires, fue diseñado sólo para estabilizar el tipo de
cambio. Una meta que, con la inestimable ayuda de los dólares anticorridas,
terminó de aplicarse exitosamente (al menos hasta aquí) desde fines de abril de
2019. Así se lo dejó en claro el economista italiano a los referentes de la
oposición con los que se encontró en mayo pasado.
Contexto
Tomando esta realidad, dentro del FMI se elaboró la alternativa de una
renegociación rápida del acuerdo con el próximo gobierno en el primer trimestre
del 2020 (sea una segunda gestión de Mauricio Macri o una llegada
de Alberto Fernández); con la fórmula de la mutación en uno de Facilidades
Extendidas. La cuota que pasaría a pagar sería menor a 3% de interés y los
plazos a más de 10 años. Incluso se podría negociar un aumento en el dinero
prestado; incluyendo un upgrade en el crédito de entre 10.000
y 13.000 millones de dólares. Con este dinero el próximo gobierno cubriría las
necesidades financieras hasta fines del 2021; año considerado el más complicado
de los próximos 4 en cuanto a la cantidad y calidad de vencimientos de deuda.
En el caso de una reelección de Mauricio Macri, la zanahoria es
auspiciosa. Liberaría a Macri de amenazas financieras hasta los dos años
finales de su última gestión. Sin embargo, desde el FMI se analiza que en este
caso el riesgo político pasa por la incógnita que puede haber en una segunda
gestión de Macri en cuanto a las posibilidades de contar con el apoyo
legislativo suficiente como para avanzar en la aprobación en Diputados y en el
Senado de las reformas reclamadas. Si la tendencia se confirma y el país va a
una polarización; el Presidente deberá negociar necesariamente con la oposición
la aprobación legislativa de los cambios impositivos, previsional y laboral. En
otras palabras, deberá sentarse en una mesa con el eventual vencido
justicialismo opositor para que el Congreso apruebe las leyes que el Fondo le
reclama para el cambio de un stand by a un Facilidades
Extendidas.
En el caso de una victoria de Alberto Fernández, los “riesgos
elevados” son aún mayores. Y dichos por el propio candidato del Frente de
Todos, en el encuentro que el 27 de junio mantuvo, cara a cara, con Werner. En
la visita especial que el mexicano hizo para encontrarse con el candidato (y
con Roberto Lavagna), ofreció un cambio de lógica en la propuesta del FMI,
basado en su experiencia como jefe de Gabinete de Néstor Kirchner. “Nosotros
negociamos muy duro con Horst Köhler en septiembre de 2003. Finalmente llegamos
a un acuerdo y lo cumplimos. Y en diciembre de 2005 ya no le debíamos nada al
FMI. Lo que hicimos es poner en marcha el aparato productivo del país. Ahora a
proponemos lo mismo”, dijo Fernández alejándose de la oferta de un acuerdo de
Facilidades Extendidas. Según el candidato, en un eventual gobierno con su
presidencia, se “aplicará una política de crecimiento que le permita al
país generar los dólares para pagar la deuda. Todo lo contrario del acuerdo
actual”. Para peor, en esa reunión criticó la autorización que desde el FMI se
le hizo en abril pasado al gobierno de Mauricio Macri para utilizar
los dólares del stand by para enfrentar corridas. Fernández
preguntó: “¿cómo fue que se aprobó el último acuerdo, donde se está
violando el acta constitutiva del FMI? ¿Cómo le dieron un préstamo semejante a
Macri en estas condiciones?”. Hablaba de la habilitación que llegó el
último 29 de abril, para que el Gobierno pueda utilizar hasta u$s 9.000
millones para contener eventuales corridas hasta fin de año; mecanismo que le
permitió al Gobierno sostener una estabilidad cambiaria que probablemente
llegue a las elecciones Paso. El candidato definió este último acuerdo como un
pacto “con Macri, no con la Argentina” que generó “un dólar
ficticio y electoral”.
El candidato que va a las elecciones de octubre en fórmula con Cristina
Fernández de Kirchner, reiteró que la voluntad de un eventual gobierno bajo su
gestión respetará el acuerdo firmado por el FMI; pero reiterando que se necesita
renegociar los términos, sin pedir dinero extra, extendiendo plazos y sin que
el organismo fiscalice cuentas locales y, mucho menos, reclame reformas
estructurales. La traducción que se llevó Cardarelli a Washington, es que bajo
la fórmula Fernández- Fernández, pensar en reformas laborales o previsionales,
es una utopía. Al menos en los términos que creen desde el FMI que necesita el
país.
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