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Por Alejandro Colle - Los inusuales 25 grados
que alcanzó ayer la temperatura y el brusco descenso que sobrevino luego, con
cielo de tormenta, parecen una metáfora casi perfecta de lo que está sucediendo
en el mercado financiero. Bonos como el Bonar 2020 (AO20) se movieron en terreno
negativo toda la semana. El resto lo hizo en forma errática. El riesgo-país,
que venía comprimiendo, revirtió la tendencia para volver a rozar los 800
puntos básicos. Y los ADR de acciones argentinas que cotizan en Wall Street
perdieron hasta 7% en las últimas 5 ruedas.
Mientras tanto, la cotización del dólar, que
había saltado más de 2% entre lunes y martes, volvió a los valores de cierre de
la semana previa, luego de que el Banco Central interviniera con fuerza
vendiendo contratos en el mercado de futuros, a razón de u$s100 millones
diarios promedio, de acuerdo con la variación del open interest en
el Rofex. Prueba más que indicativa de que el precio de la divisa
estadounidense es probablemente el más cuidado y esencial de todos. Al menos
para el Ejecutivo.
Los saltos de lunes y martes dispararon
muchas preguntas. ¿Se terminó el veranito? ¿Fin de la pax cambiaria? ¿Sonó
la campana de largada (de la dolarización)? Y varias más dentro de la misma
tónica, todas reveladoras del ánimo subyacente entre analistas, operadores
e inversores. Como que esperan una dolarización preelectoral y quisieran
acertar con el timing correcto.
La contradicción es manifiesta, entre el
repliegue de las cotizaciones de los activos argentinos, tanto en renta fija
como variable, el rebote del riesgo-país, y lo que ocurre con el comportamiento
del dólar.
El mercado ya sabía del poder de fuego del
Banco Central para neutralizar la volatilidad cambiaria. Tampoco es un secreto
que la calma cambiaria es prioridad para el Gobierno, de modo de llegar sin
turbulencias a las elecciones primarias. Y después a las presidenciales de
octubre.
Pero el presidente del Banco Central, Guido
Sandleris, prefirió recordarle el arsenal que posee para hacer frente a
cualquier cambio de carteras.
En la conferencia de prensa relativa a la
política monetaria, dedicó quizás más minutos al tema cambiario que al
monetario. Y puntualizó que, ante una mayor demanda de dólares, cuenta con:
1 Los u$s60 millones diarios que vende
por cuenta del Tesoro y suman u$s6.600 millones hasta fin de año.
2 El incremento concedido por el FMI
para intervenir con ventas en el mercado de futuros, a u$s3.600 millones. Lo
que partiendo de una posición comprada de u$s3.000 millones a fin de junio le
otorga un límite de u$s6.600 millones (hoy menos, por las intervenciones del
lunes al miércoles pasados).
3 Las ventas de los exportadores de
cereales y oleaginosas, que el BCRA estima en u$s12.400 millones hasta fin de
año.
4 Una moderación en las compras de
divisas por parte de empresas, en una proporción de 1 a 10 respecto a 2018,
siempre de acuerdo a los cálculos de Sandleris.
5 La posibilidad de intervenir con
ventas en el mercado de contado, sin necesidad de preanuncio ni más límite que
el de las reservas de libre disponibilidad. Enfatizó que hasta ahora el BCRA
compró u$s978 millones y no vendió un solo dólar.
6 Que se corrigió el desequilibrio
externo y que cayó fuerte la demanda de divisas para viajes y turismo.
7 Que la esperada dolarización de
carteras ya ocurrió. Sandleris aseguró que fue en 2018 y que los portafolios ya
están en dólares.
No pocos creyeron en el detallado informe del
presidente del BCRA. De hecho, jueves y viernes el billete norteamericano
volvió a tranquilizarse.
Pero también hubo quienes recordaron aquel
anónimo refrán castellano: “Dime de qué presumes y te diré de lo que careces”.
Para preguntarse luego qué tan realistas las estimaciones del Central y cómo
puede influir en las decisiones del mercado las últimas encuestas para las
primarias y el resultado de las urnas de agosto.
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