macrismo argumentan
en televisión y radio que el año próximo será mejor, que se instrumentarán los
cambios hasta ahora postergados, que un nuevo triunfo de la coalición oficial
dará impulso para enfrentar sindicalistas y opositores, y que un regreso de las
tropas kirchneristas al poder devolverían a Argentina a las horas oscuras del
pasado. Todo puede ser en materia política, pero lo que una multinacional
analiza antes de decidir la inversión de su capital en un país, de radicar una
fábrica o abrir una sucursal de su empresa, son las variables macroeconómicas
básicas y las leyes de funcionamiento fiscal y laboral, y en ese aspecto los
apologetas del Gobierno no pueden negar la realidad. Los “fundamentals” de la
economía son negativos hoy en Argentina: la inflación promedia 3%
mensual y dará 40 por ciento en el año; el riesgo-país ronda los 800 puntos; la deuda externa e interna del Estado suma
330.000 millones de dólares contra una generación total de riqueza de 420 mil
millones, es decir 75% del PBI;
el desempleo alcanza 11% de la población activa; el déficit fiscal
cuando se pagan capital e intereses de deuda es enorme y absorbe casi todo el
crédito del mercado interno y del exterior; las exportaciones no han crecido en
años y apenas alcanzan los 70 mil millones de dólares; el tipo de cambio es muy
volátil y el Gobierno hoy lo retrasa con fines electoralistas. Además, los
argentinos atesoramos 300 mil millones de dólares en el extranjero, incluidos
muchos funcionarios de la actual administración. Peor aún, 40% de la economía
funciona en la informalidad, y a causa de las exorbitantes tasas de interés que
mantiene el Gobierno cierran 45 comercios, fábricas o empresas por día. Las
rígidas leyes que regulan el trabajo datan de 1974 y han dado origen a la
perversa “industria del juicio laboral”, que socava la competitividad de las
empresas. Cerca de 19 millones de personas viven del Estado y las cajas
jubilatorias se encuentran agotadas. Rigen en nuestro país 165 impuestos
diferentes 100 regímenes de pago anticipado de obligaciones fiscales, y el
sector público supera el 40% de la economía nacional. Aparte, los argentinos
solemos adquirir 2.500 millones de dólares por mes para atesoramiento
particular, unos 22.000 millones al año promedio. Esta cifra supera casi la
cantidad de reservas líquidas de libre disponibilidad del Banco Central y de la
Tesorería.
Esta es la realidad y cualquier grupo empresario que analice las
variables de nuestro funcionamiento opta por radicar su capital en Chile,
Brasil, Colombia o México, para nombrar sólo a los principales receptores de
inversión extranjera en Latinoamérica. Mientras que a Brasil ingresan 75 mil millones de dólares por año
del exterior (no financieros), vienen a la Argentina escasos 8 mil quinientos
millones, la décima parte. Los cables, rieles, centrales de distribución,
túneles y pavimentos que se van desgastando no se renuevan, porque no alcanza
la inversión ni mínimamente para eso.
¿Por qué tantos argentinos tenemos nuestros
ahorros en el extranjero?, ¿por qué tantos compatriotas se han ido a vivir al
exterior? Las realidades básicas del funcionamiento de un país son objetivas y
no pueden negarse. Por más relato que se esfuercen los representantes del
Gobierno en elaborar, las cifras hablan por sí mismas. Y del otro lado nadie
debería creer seriamente que Alberto Fernández, Axel Kiciloff o Roberto Lavagna
pueden mejorar este panorama con simplezas populistas como “poner más dinero en
el bolsillo de la gente”, ya que eso hace Nicolás Maduro en Venezuela todos los
días y sólo consigue alimentar la dislocada hiperinflación.
ABC Mercado de Cambios S.C. le acerca las noticias y novedades de mayor trascendencia relacionadas
con el comercio y operaciones cambiarias a través de una fuente
segura y confiable.