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Por Jorge Herrera - En lo que va de la gestión
de Cambiemos el nivel de atesoramiento del sector privado, o sea, la compra
(legal) de divisas que salen del circuito financiero, asciende ya a u$s70.210
millones. Esta cifra surge tras conocerse el resultado del Balance
Cambiario del BCRA del
primer semestre del 2019 donde la “formación de activos externos del sector
privado no financiero (FAE)” arroja un total de u$s10.881 millones. Es decir
que en la previa de las PASO, mensualmente, se han ido u$s1.814 millones. Para
el Gobierno y algunos analistas el sector privado ya se dolarizó todo lo que
quiso, por eso descuenta que el segundo semestre será más benigno. Veremos.
Porque aún quedan varios cartuchos en los cargadores de las familias y
empresas. Encima, todavía falta “lo mejor”. Ya que tras las PASO se verán los
primeros fuegos de artificios cambiarios para entrar de lleno a la recta final
del 27 de octubre. Es cierto que los “nuevos” plazos fijos en pesos apenas
representan u$s6.000 millones, pero gran parte del stock existente, hoy de más
de $1,5 billones, algo así como u$s28.000 millones, también viene “jugando” con
la opción tasa vs. dólar. ¿Cuánto de eso se volcará al dólar? Es la pregunta
del millón. Su respuesta dependerá del tenor de las PASO y de las encuestas
preliminares a octubre. Por lo pronto, el BCRA sigue agazapado, esperando un
verdadero test del mercado. Como cuando el 11 de mayo del 2018 lo pusieron a
prueba a Sturzenegger, que vendió u$s1.095 millones en una sola jornada. El
resto es conocido. Lo que está claro es que en las pulseadas, entre el BCRA y
el mercado, solo pierde la gente.
No es algo de este
gobierno y del anterior. Sino, por lo menos, de los últimos 50 años. Sin
embargo, al analizar la reciente evolución del FAE o atesoramiento privado es
insoslayable que algo se está haciendo mal. En la gestión de Néstor
Kirchner se fueron vía atesoramiento u$s17.250 millones, luego en el primer
gobierno de Cristina Kirchner la salida de divisas por atesoramiento sumó nada
menos que u$s70.135 millones. Vale recordar que ese mandato atravesó la
crisis financiera mundial. Luego en el segundo mandato, cepo mediante, la
“fuga” fue aminorada a u$s14.775 millones. O sea, en todo el kirchnerismo
la salida de capitales alcanzó los u$s102.159 millones. Junto con los más de,
hasta ahora, u$s70.000 millones de Macri, la economía argentina “fugó” recursos
por u$s172.369 millones. Casi mitad del PBI actual.
Sin duda, hasta
ahora, el peor drenaje es el de Cambiemos con un promedio anual de
u$s20.060 millones superando el de Cristina I de u$s17.534 millones y
ampliamente el de Néstor de u$s3.450 millones. Pero más allá de estas
estadísticas, se trata de un stock de recursos que se ha desperdiciado. Es un
ahorro genuino del sector privado que no ha sido canalizado hacia la generación
de riqueza productiva. O sea, no tuvo como destino financiar ni proyectos ni
inversiones como debería haberlo hecho y para lo cual, por ejemplo, el país
tenía a las “eliminadas” AFJP para cumplir ese rol, como lo hacen en Chile
desde más de tres décadas.
Es importante tener
en cuenta el nivel del atesoramiento porque si bien los flujos anuales
confunden, sobre todo, al comparar distintos gobiernos, es relevante el stock
ya que se trata no solo de un potencial ahorro que puede transformarse en
financiamiento genuino sino también puede jugar como un amortiguador tanto del
consumo como de la inversión local como así lo hizo al inicio de varios planes
de estabilización de los 70, 80 y 90, y que lamentablemente en la gestión
Cambiemos aún no jugó. Sin duda la clave es la confianza. Esto se vio principalmente
en los lanzamientos de, por ejemplo, el plan austral y la convertibilidad. Si
no se recupera la confianza, difícilmente los argentinos “atesorados” ingresen
esas divisas al circuito financiero. Sólo resta imaginar qué pasaría si la
mitad de los dólares atesorados en la era Macri se volcaran a la economía en
2020. Pero todavía es muy temprano para ello. Como dice el profesor Juan Carlos
De Pablo, “¡Ánimo, ya vendrán los problemas!”.
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