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Por Alejandro Colle - Vista Oil & Gas es
una de las empresas privadas
que consiguió colocar deuda el
último mes. El viernes licitó obligaciones negociables (ON) por u$s50 millones
a 24 meses y recibió ofertas por 152 millones. La compañía de Miguel Galuccio
adjudicó por prorrateo el monto original a una tasa de 7,88% anual. El
camino lo había abierto YPF a fines de junio, cuando la petrolera que conduce
Miguel Gutiérez colocó una ON a 10 años por u$s500 millones a una tasa de 8,75%
anual. Siguió Telecom en la primera quincena de julio, con una ON a 24 meses
con la que obtuvo u$s400 millones a un costo de 8,25% anual.
En estos últimos 30
días se pudo advertir una mejor predisposición para volver a emitir deuda, en
un contexto global de mayor inclinación a aceptar riesgo y bajo retorno en los
mercados centrales. Los rendimientos para deuda a 10 años en Japón (-0,15%) y
Alemania (-0,37%) son negativos. Y el crédito que consiguen otras naciones,
como Grecia (2,05%) e Italia (1,57%), tiene un costo más bajo que el que paga
el bono a 10 años del Tesoro de los Estados Unidos (2,07%).
Bancos y fondos de
inversión que en los últimos meses estuvieron deshaciendo posiciones en activos
argentinos volvieron a mirar con atención tanto los instrumentos de renta fija
como el equity. La semana pasada terminó con alzas que el viernes,
en el caso de los bancos, llegaron hasta 10%.
Algunos analistas y
operadores consideran que las cotizaciones son atractivas cuando las miden
contra el valor de los activos de las empresas.
Y, en el caso de la
deuda, hay quienes son más categóricos. Tanto las colocaciones
corporativas por debajo de 8% anual como las subastas de Letes en dólares del
Ministerio de Hacienda de Nicolás Dujovne a poco más de 7%, comparadas con el
rendimiento de 16,8% de un título soberano equivalente como el Bonar 2020,
llevan a pensar en que no debería demorarse un arbitraje. O comprime la
TIR del AO20, que vence en octubre del año próximo, o se encarecen las Letras
del Tesoro y la deuda corporativa.
Si prevalece la
idea de una baja en el retorno significaría una suba del precio que, a pesar
del repunte del viernes, en el caso del AO20 quedó en torno de de 91 dólares.
El riesgo-país de la Argentina, según el EMBI que mide JP Morgan, está en 793
puntos básicos (bps). Un nivel que, considerando la tasa de la deuda de corto
plazo, sugiere como probable una caída de hasta 200 bps en el indicador. Es
decir, que el riesgo-país podría ubicarse en menos de 600 bps.
El argumento de la
incertidumbre electoral desaparece como un factor determinante si se toma en
cuenta que los valores para la deuda corporativa, los títulos del Tesoro ya en
circulación y los rendimientos de las nuevas colocaciones son contemporáneos.
Las últimas
encuestas reflejan diferencias de hasta 7 puntos a favor de la principal
fórmula opositora, pasando por un virtual empate técnico con el ticket del
oficialismo, hasta una ventaja de 2% para Mauricio Macri en las PASO de agosto
y una victoria en las generales de octubre o en una eventual segunda vuelta en
noviembre.
Se atribuyó el
rally del viernes en acciones y bonos a la diferencia de 2 puntos que la
encuesta del banco de inversión brasileño BTG Pactual le atribuyó a
la fórmula de Juntos por el Cambio, revirtiendo el resultado de la última compulsa,
que daba una ventaja de 3 unidades al binomio de los Fernández, Alberto y
Cristina.
Como regla
básica, los mercados están considerando como “favorable” un triunfo del
oficialismo y como “desfavorable” un resultado que favorezca a la oposición. El
primero, sostienen, debería provocar una mejora en las cotizaciones y extender
la calma cambiaria. Por el contrario, el segundo escenario perjudicaría a las
cotizaciones, haría trepar el riesgo-país y generar algún grado de turbulencia
en la cotización del dólar.
¿Es válida esta
interpretación binaria? Por lo menos sería demasiado simplista. La
realidad macroeconómica del país lleva a pensar que, sea quien fuere el
ganador, lo espera un escenario delicado, en el que resulta imperioso atacar el
conjunto de reformas estructurales pendientes, que hacen a la competitividad de
la economía y al atractivo de la Argentina para las inversiones. Concretamente,
la adecuación de las normas laborales, impositivas y previsionales. Algo que ya
reclamó el FMI, principal acreedor del país, y que seguramente reclamará como
condición para conceder la conversión del actual stand by de 3
años en un programa de facilidades extendidas a 10 años.
Las empresas que se
lanzaron a colocar deuda en general lo están haciendo para recomprar obligaciones
ya emitidas a un costo mayor, o para financiar inversiones en un terreno que se
rige con reglas diferentes, como es el caso de Vaca Muerta. Pero también están
en fila para salir otras como IRSA esta semana y CGC, la petrolera del Grupo
América, mientras que Vista prepara la colocación de su ADR en Wall Street,
entusiasmada luego de la buena recepción que tuvo la venta de 10 millones de
acciones en Nueva York, por las que obtuvo 92 millones de dólares.
En principio, luce
como una competencia inesperada para las letras del Tesoro nacional, aunque
quizás haya para todos. Ya se descuenta que la Reserva Federal (Fed) dispondría
esta semana un recorte de un cuarto de punto en la tasa de interés de los
Federal Funds. Y el índice Fear & Greed (Miedo y Codicia) que calcula CNN
Money para medir el ánimo de los inversores, volvió a ubicarse en 57%, ya
claramente en el área que sugiere una mayor predisposición para asumir mayores
riesgos, con la chance de lograr mejores rendimientos financieros. Y esto favorece
a los mercados emergentes.
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