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Por Claudio Zlotnik - ¿Argentina año
verde? ¿O acaso un crudo síntoma de la recesión? Lo cierto es que distintas
empresas alimenticias anunciaron que, a partir de agosto, rebajarán los precios
de algunos de sus productos. Muchos de ellos forman parte de la canasta básica.
La decisión fue adoptada por algunas de las
principales empresas productoras de alimentos de la Argentina e, incluso,
algunas que sin llegar a liderar el mercado optan por pelearla para no perder
clientes.
Y la razón para rebajar precios en un marco
inflacionario se vincula a la necesidad de que repunten las ventas, en un
contexto de una contracción del consumo que ya lleva un año de duración.
Lo interesante del caso es que, además de las
rebajas, las principales alimentarias del pais están enviando a sus clientes
listas sin mayores incrementos en los precios. Lo que está claro es que se
acabaron las listas con aumentos generalizados. Al menos mientras el tipo de
cambio no se mueva.
Así, por ejemplo, Molinos
-la principal fábrica de alimentos del país- les comunicó a sus clientes
(cadenas de supermercados y mayoristas) que desde el 1° de agosto reducirá 30%
el precio de sus botellas de aceto.
También (ya se puso en
vigencia) una reducción de nada menos que el 20% en algunas series de fideos
"Don Vicente", destinados al consumo medio y medio-alto de la pirámide de ingresos de
los consumidores.
Por otra parte, desde la próxima semana habrá
una rebaja del 6% promedio en los aceites Ideal, la segunda marca más vendida
de la empresa en ese rubro, detrás de Cocinero.
Otro producto de la canasta básica -la harina
"triple cero"- tendrá un abaratamiento del 3,5% desde agosto.
En el mismo sentido, se reducirán 8% promedio
los productos congelados, lo mismo que las denominadas pastas deshidratadas, mientras
que el precio del aceite en aerosol se reducirá un 10 por ciento.
Además de Molinos, las
rebajas incluyen a Pepsico, una de las líderes en el negocio de las
bebidas gaseosas. La compañía impulsó una campaña -denominada "Súper
Precios"-, con bajas en sus líneas.
Ejemplos: Pepsi Black, 7Up Free, Paso de los
Toros Free y H2Oh!. El precio bajó un 9%, de $55 a $50. Se incluyeron a las
presentaciones de 1,25 litro y a las de medio litro.
En el sector lácteo, uno
de los más golpeados por la caída del consumo, son varias las empresas medianas y pequeñas que
apuran rebajas de los valores de sus productos.
Uno de los casos
emblemáticos es el de la santafesina Ilolay, que anunció remarcaciones
(bajistas) de entre 5% y hasta 35%.
Precisamente, el rubro de los yogures aparece
como uno de los más lastimados por la crisis y, a la vez, uno de los que más se
encarecieron en el último año.
En cambio, en los quesos, las rebajas son
menores: de entre 5% y 15%. Lo mismo que en algunas leches, inclusive las
saborizadas. En el caso de los yogures y las leches, las promociones son por
tiempo limitado. No así en el caso del dulce de leche, que se abaratará un 15%,
lo mismo que los postres.
Receta: cómo sobrellevar la crisis
Las rebajas se dan, al menos por ahora, en
productos puntuales. Muchos de ellos clasificados como
"prescindibles" desde el punto de vista de la billetera del
consumidor, en un escenario de caída del poder adquisitivo.
En otros casos, los ajustes bajistas tienen
que ver con que las empresas no quieren resignar mercado y prefieren
"perder plata" antes de que la competencia le saque "market
share".
"Al final de cuentas,
a los empresarios les sale más barato trabajar a pérdida que si la competencia
les come participación. Salir a ganar eso que pierden por quedar poco
competitivos en el marco de una caída del consumo, les va a costar más caro si deben reposicionar a la
marca", cuenta un experto que conoce al dedillo el
manejo de marketing de las compañías.
El caso de las gaseosas también se asemeja a
lo que sucede con algunos rubros (como el aceto o ciertas marcas premium): son
prescindibles para el consumidor en tiempos de crisis y bolsillos delgados.
Es decir, la genta prefiere no comprarlos. O
-lo que incluso es peor desde el lado de los empresarios- los reemplaza por
productos de la competencia, más allá de que se traten de marcas desconocidas o
de menor calidad.
Esto último fue lo que vino ocurriendo en el
ahora híper competitivo mercado de las gaseosas: marcas de segundo y tercer
orden, que antes focalizaban sus negocios en distritos puntuales, alejados de
las grandes ciudades, ahora se expenden en las góndolas de los supermercados de
la Ciudad de Buenos Aires.
Perspectivas grises
Los últimos indicadores económicos sugieren
que el escenario no variará en el corto plazo. El Indec, por caso, acaba de
anunciar que si bien la actividad económica se expandió 2,6% durante mayo, eso
se debió a la extraordinaria perfomance del sector agropecuario. El resto de la
economía -industria, comercio, bancos y la construcción- siguen operando en
rojo.
Lo mismo vale para
el consumo masivo. Las últimas mediciones muestran que la
pérdida del poder adquisitivo de los salarios impactan negativamente en la
economía: dos consultoras -Kantar y AC Nielsen- acaban de confirmar, en sendos
informes, que el registro de junio se ubicó en el peor nivel del año.
De acuerdo con la medición de la consultora
Kantar Worldpanel, el consumo masivo (alimentos, bebidas y productos de higiene
y limpieza) registró una caída del 9% el mes pasado, en relación al mismo
período de 2018.
Ese guarismo empeora la dinámica que se venía
observando en los últimos meses: el retroceso del 9% de junio resulta más
profundo que la baja del 6% de mayo. En abril, en tanto, la caída había sido
del 7% y en marzo, del 11%.
La consultora reportó además que el signo
negativo abarca a todas las regiones del país e incluye a todos los niveles
socioeconómicos.
El dato de que las listas con los precios de
los alimentos no se mueve -al contrario, que incluso incluyen rubros con
rebajas- implica una buena noticia para la campaña del Gobierno, a escasas
semanas de las Primarias y de las elecciones generales.
Después del 2,7% de junio,
la Casa Rosada se ilusiona con un índice algo inferior para este mes. Al
respecto, la consultora de Orlando Ferreres midió que, en las primeras tres
semanas de junio, comparadas con similar período de junio, da unainflación del 2,8%. Sin embargo,
prevé que el mes cerrará en torno al 2,4 por ciento.
Lo cierto es que, en ese marco todavía
de inflación alta, llama la atención la noticia de las
rebajas de precios que están adoptando los fabricantes de alimentos. Y, como
siempre, quedará para la polémica la interpretación sobre si se trata de un
fenómeno positivo y digno de festejo o si es el síntoma de la agudización de la
crisis.
El antecedente histórico de bajas
generalizadas de precios no permite ser muy esperanzador: fue en 2001, cuando
ya cursando el cuarto año de recesión empezó a darse el inédito fenómeno de la
deflación (es decir, una inflación negativa). Pero en aquella época nadie
festejaba, porque el fenómeno no obedecía a ninguna mejora en la productividad
sino a un desplome del consumo.
Eran otros tiempos, claro. Regía el "uno
a uno" entre el peso y el dólar, lo cual hacía que todos los ajustes
fueran nominales. Empezando por el de los salarios, como recuerdan los que
tienen edad para haber vivido aquellos días.
Esta crisis de hoy tiene características
diferentes, aunque una caída de precios en un contexto de inflación alta y de
caída sostenida del consumo no puede habilitar al festejo. Queda, al menos,
el consuelo de saber que, en el promedio, ayudará a que el índice de inflación
continúe su senda descendente.
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