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Por Alejandro Colle - Es altamente probable que
la cotización del dólar se mantenga estable tras las elecciones primarias. Si
el resultado de las PASO mostrara
una diferencia a favor de la fórmula presidencial del oficialismo, el escenario
que prevé el mercado es el de una descompresión de las tensiones cambiarias. Lo
mismo ocurriría si las urnas revelaran una diferencia nula o mínima a favor del
principal ticket opositor de los Fernández, Alberto y Cristina.
Pero aún si el
recuento de los sufragios llegara a mostrar un saldo positivo del Frente de
Todos, sin importar cuánto, capaz de alterar el ánimo de los inversores,
tampoco habría un salto en el precio del dólar, ni un aumento de la
volatilidad. Pese a que los analistas y operadores esperan una mayor tendencia
a la dolarización.
Ya lo habían
señalado el ministro Nicolás Dujovne, lo ratificó el presidente del Banco
Central, Guido Sandleris, y ayer lo enfatizó el secretario general de la
Presidencia, Fernando De Andreis.
No son los
argumentos ya esgrimidos, tales como el superávit comercial, la reducción del
déficit fiscal o la solidez del plan económico, opinables tanto en lo referido
a la “solidez” como en el calificativo de “plan” o en la definición del
déficit, que solo considera el primario.
Tampoco es que
vayan a llover dólares del campo, ya que la exportación de cereales y
oleaginosas está liquidando un promedio de u$s 100 millones diarios.Unos u$s
2.000 millones por mes, cifra que tendería a reducirse a partir de agosto,
cuando finaliza la temporada de ventas de la cosecha gruesa y particularmente
de la soja.
No es tampoco la
menor demanda de empresas para el segundo semestre que prevé Sandleris. Ni la
estimación del titular del BCRA de que la dolarización ya se produjo el año
pasado en medio de la corrida cambiaria que disparó la cotización del dólar de
17 a más de 40 pesos.
De hecho, la
demanda por coberturas, compra de importadores y desarme de posiciones resultan
superiores a la oferta y los precios de la divisa se mantienen firmes, pese a
la intervención del Central en el mercado de futuros, vendiendo en todos los
plazos que tiene disponibles.
La verdadera razón
es la siguiente: en caso de una victoria de FF sobre la fórmula
Macri-Pichetto que pudiera alterar a los mercados, el Banco Central tendría
previsto utilizar todas las herramientas que tiene disponibles para neutralizar
la presión sobre la divisa norteamericana.
Esto significa que
no solo seguiría elevando la tasa de interés de las Leliq, que ayer se
consolidó por encima de 60% anual, y retirando liquidez del mercado (entre
lunes y martes, absorbió 98.000 millones de pesos, equivalentes al 7% de la
base monetaria). E interviniendo en el Rofex, para lo cual tiene margen para
vender contratos por más de 5.500 millones de dólares de acá en adelante.
El BCRA continuará
licitando los u$s1.200 millones mensuales por cuenta y orden del Tesoro y,
además, tiene licencia del FMI para intervenir en el mercado de contado sin
necesidad de previo aviso y sin límite con las reservas de libre
disponibilidad, para el caso de que se presentaran alteraciones que sean
consideradas disruptivas, entendiendo por tales, las que sobrevengan de fuentes
ajenas a lo económico. Léase, alteraciones derivadas de interpretaciones o
expectativas políticas.
Desde la Casa
Rosada confían en llegar a las PASO con un dólar calmo, sea cual fuera el
camino para lograrlo. Ni el costo que represente. La inteligencia es que si la
cotización de la divisa norteamericana se mantiene estable, mejoran las chances
electorales del presidente Macri.
Por lo tanto, la
prioridad no escrita del oficialismo es llegar al 11 de agosto con el dólar
sosegado y hacer todo lo posible para mantener esa condición hasta
octubre. Herramientas tiene el BCRA para operar ante una eventual
disrupción por factores políticos y un aumento de la dolarización de
portafolios. Todo dependerá de la pericia y oportunidad para utilizarlas y
del grado de presión que encuentre del lado de la demanda.
Un desafío que
puede ser importante, teniendo en cuenta que quedarán más de dos meses desde
las PASO hasta las generales. Y otro mes más para una eventual segunda vuelta.
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