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Por Daniel Sticco
- Pese a despertar del tipo de cambio, luego de la notable disminución
que experimentó en junio, las renta que recibieron los ahorristas en pesos en
el sistema bancario, con un promedio en julio de poco más de 3,9% nominal, no
sólo superior, sino que también amplió la brecha positiva en comparación con la
tas de inflación.
Se trata de un fenómeno que se observa desde abril último, en
línea con el incipiente indicio de salida de la actividad productiva,
con origen más en las economías del interior del país vinculadas con el agro
pampeano, pero también de las producciones regionales, que con los grandes
aglomerados urbanos donde aún pesa la debilidad de las grandes cadenas
industriales no agropecuarias.
De ahí que tasas reales de interés positivas en pesos y dólares no sólo
está demostrando que es una combinación
apropiada para recrear la cultura del ahorro en pesos, en contra de la cultura
de dolarización de los excedentes en pesos, sino también
para consolidar la
baja de la inflación mes a mes, que es el objetivo del plan de astringencia
monetaria y rigidez fiscal que decidió encarar el Gobierno
desde octubre de 2018, cuando cerró el Acuerdo II con el Fondo Monetario
Internacional, cuya maduración plena se prevé entre 12 y 24 meses desde
entonces, según las experiencias internacionales de más de 50 años.
Por el contrario, la contrapartida de la suba de las tasas de
interés para los ahorristas, fue también el incremento del costo de todas las líneas
de crédito para las empresas en general, y más aún de las pyme y de las
familias en particular.
De ahí la decisión de
la AFIP de ampliar el régimen de facilidades de pago de las deudas impositivas
hasta abril último, con tasas nominales de interés inferiores a las
de mercado.
Así lo refleja con contundencia la estadísticas del Banco Central sobre
la variación del monto de los préstamos y de las tasas de interés para el
crédito, más aún luego de la decisión de la autoridad monetaria de profundizar
su política de emisión cero, con la única flexibilidad que exigen la
estacionalidad del mercado.
Los técnicos del Banco Central, pero también muchos de los economistas
del sector privado, están convencidos de que la recuperación de la cultura del
ahorro a plazo en pesos, aún incipiente, es clave para inducir a la baja de la
inflación, y a partir de ahí de las tasas de interés, y de ese modo reanimar la
demanda de crédito privado.
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