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Por Félix Peña
- El bloque sudamericano debe pensar en los dos años que se
proyectan como plazo para la entrada en vigor como una oportunidad para
fortalecerse a nivel interno y regional
Tras poco más de un mes desde que se
anunciara el acuerdo UE-Mercosur, y sin perjuicio de otras, por lo menos tres
cuestiones sobresalen por su relevancia en la etapa preparatoria de su efectiva
entrada en vigencia. Son cuestiones que en una perspectiva argentina requerirán
atención especial y prioritaria.
Una primera cuestión relevante será la
adaptación de políticas y de la organización del sector público y, en
particular, sus modalidades de interacción con el sector empresario y el
sindical, a fin de colocar gradualmente al país en condiciones de navegar el
nuevo entorno competitivo que se está creando con el acuerdo y con sus
múltiples posibles desdoblamientos. Uno de esos desdoblamientos sería el
vínculo entre las preferencias que se negocien, con las que provengan de otros
acuerdos comerciales, tales como los que la UE ha concluido o concluya con
otros países latinoamericanos, por ejemplo, los de la Alianza del Pacífico, con
los cuales también el Mercosur ha negociado. Tal vínculo permitiría desarrollar
estrategias de distintas modalidades de encadenamientos productivos de alcance
multinacional.
Ello implicará definir una distribución
inteligente de competencias entre distintos ministerios, y seleccionar las
políticas públicas que requerirán mayor atención en función de los compromisos
que genere el desarrollo del acuerdo; también de los desafíos de competitividad
que implicará operar con éxito en los mercados europeos. En tal definición de
competencias, tendrá que tenerse presente que el acuerdo birregional debe ser
visualizado como parte del desarrollo de una red de acuerdos comerciales
preferenciales que abarque países de muy diferentes regiones en el mundo. Las
perspectivas inciertas de la OMC tornan indispensable encarar negociaciones
internacionales orientadas al desarrollo de tal red de acuerdos comerciales
preferenciales.
Una segunda cuestión relevante es la de
desarrollar políticas y acciones orientadas a lograr un significativo
incremento del número de pymes que estén en condiciones de proyectar al espacio
europeo su capacidad actual o potencial de producir bienes y de prestar
servicios competitivos y sustentables. Se trata de lograr una presencia
sostenida en mercados de la UE, algo así como un mínimo de tres años en
góndolas o en encadenamientos productivos. Ello implicará, tanto para el
gobierno nacional como para los gobiernos provinciales, fortalecer las
instituciones dedicadas a la promoción del comercio y de las inversiones (como
la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional y los respectivos
organismos provinciales, como por ejemplo Globa-Provincia de Buenos Aires; ProCórdoba,
Pro-Mendoza, Santa Fe Global, entre otros).
Implicará, por lo demás, desarrollar
políticas públicas orientadas a estimular el vínculo operativo entre
instituciones académicas y de investigación y desarrollo -tanto públicas como
privadas- y los respectivos operadores de los sectores productivos, a fin de
desarrollar una amplia red de inteligencia competitiva y de vínculos entre la
capacidad tecnológica y la productiva existente en el país. Entre otras
funciones, tal red debería permitir tener un actualizado conocimiento sobre las
preferencias de los distintos consumidores europeos, y sobre los factores que
inciden en sus cambios de prioridades.
Y la tercera cuestión será la de fortalecer
la capacidad del Mercosur de operar como un marco institucional, funcional a la
inserción competitiva de sus países miembros en el contexto económico que se
desarrollará como resultado del acuerdo.
Más allá del debate sobre si el Mercosur es o
debe ser una zona de libre comercio o una unión aduanera , correspondería poner
el acento en un intenso esfuerzo por transformarlo en un mecanismo de trabajo
conjunto entre sus países miembros, que sea eficaz, que funcione en base a
reglas que se cumplan, y que contribuya a lograr claras ganancias de
competitividad para sus países miembros.
La calidad de su secretariado, incluyendo la
de su página web, concebida como un instrumento clave de un esfuerzo conjunto
de inteligencia competitiva sobre los mercados internacionales, sería entonces
un eficaz aporte para la inserción internacional de los países miembros,
incluyendo la necesaria capacidad para encarar negociaciones comerciales
internacionales exitosas.
Las tres cuestiones relevantes mencionadas
implican lograr desarrollar la capacidad de los países del Mercosur de actuar
como conjunto con un grado razonable de organización. Algo así como lograr ser
percibidos como un "equipo".
Un efecto de esta visión es la de concebir
los acuerdos comerciales en los que se inserta un país o un conjunto de países,
como los generadores de efectos de encadenamientos entre los distintos sistemas
nacionales -tanto en el plano económico como en el político-, es decir, como
algo difícil de desatar por sus efectos positivos y valorados por las
respectivas sociedades.
Era quizás la idea que impulsó a Jean Monnet,
un fundador del proceso que condujo a la actual UE, en lo que fue su enfoque de
generar solidaridades de hecho sustentadas en visiones, reglas e instituciones
comunes. Unos setenta años después demuestra aún sus resultados.
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