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Por Cecilia Camarano - La propuesta del precandidato a presidente del Frente de Todos, Alberto
Fernández, sobre un aumento de los haberes jubilatorios financiado con la baja
de tasa de Leliq, generó una serie de repercusiones (aún perduran)
que cuestionaron la viabilidad y el posible impacto económico de la medida.
Pero además, y por
fuera de los cuestionamientos económicos al gobierno de Mauricio Macri, el
hecho puso el foco en el “cómo” de los anuncios de campaña, que es básicamente
lo que diferencia a los eslóganes de las propuestas. ¿Qué significa exactamente
“vamos a hacer lo mismo pero más rápido”? ¿Cómo sería que “la crisis la paguen
los capitalistas”? “Ya los saqué una vez de la crisis y se lo que hay que
hacer”, ¿es una propuesta?
La oferta
discursiva de los principales candidatos de cara a las PASO no responde
concretamente a ninguna de estas preguntas. En las últimas semanas, mientras
la oposición intentó llevar la discusión al plano económico, donde el Gobierno
muestra sus peores indicadores, el oficialismo corrió el foco hacia el eje
Seguridad, con anuncios como la puesta en marcha del Servicio Cívico Voluntario en Valores o
avalar públicamente la prisión domiciliaria para quienes hayan cometido delitos
de lesa humanidad (anuncios pensados más en tono electoral que otra cosa, pero
que aun así conllevan un peligro discursivo que es necesario desactivar).
En tanto, los
dardos entre los dos espacios que monopolizan el juego político (Juntos por el
Cambio y Frente de Todos) continúan y sumaron a jugadores de la primera plana
del oficialismo (el propio Nicolás Dujovne se metió en el fango de la
campaña al contestarle vía Twitter a Alberto Fernández, y el presidente
provisional del Senado, Federico Pinedo, arremetió contra Axel Kicillof
viralizando una fake news). Por su parte la precandidata a la
vicepresidencia, Cristina Fernández de Kirchner, continúa en la estrategia
de evitar toda confrontación política y apostar a las recorridas provinciales
valiéndose de la presentación de Sinceramente. Un tercer espacio, como es Consenso
Federal, parece esconderse, y las cuartas fuerzas como el liberalismo
libertario y la izquierda optan por apostar al “no todo es lo mismo” y que el
elector escape a la polarización. Ahora bien, mientras todo esto sucede, el
intercambio de propuestas es escaso y empobrece el debate democrático.
“Las plataformas
electorales se han vuelto de alguna manera obsoletas, lo que sí hay son
posturas ideológicas, y en torno a esto es que, los candidatos, por decirlo
sutilmente, plantean cuáles son sus visiones en torno a lo que van a hacer
eventualmente si ganan la elección. Es la polarización, lo que de alguna manera
los posiciona, más allá de las propuestas concretas”, aporta al debate Paola
Zuban. Para la politóloga y Directora de Investigación de Gustavo Córdoba y
Asoc. Consultora, la polarización se utilizó como una estrategia de campaña
“que no solamente va a ser beneficiosa para el oficialismo, sino que también
puede ser beneficiosa para la oposición y por las mismas razones”.
Si bien la ausencia de propuestas no es un fenómeno
propio de esta campaña electoral, la polarización sí lo es. De acuerdo a los sondeos de los últimos días,
Juntos por el Cambio y el Frente de Todos concentran más del 75% en promedio de
la intención de voto del electorado. También, a diferencia de
otros años, los votantes se enfrentan a opciones que le son familiares: el
actual Presidente y el exjefe de Gabinete del kirchnerismo son jugadores
fuertes y conocidos por todos.
Aun así, esto no explica por si solo cómo impacta la
polarización de la elección en la ausencia de propuestas.
Según Virginia Beaudoux, politóloga y especialista en
comunicación política e investigadora de CONICET, la toma de decisiones “es
mucho más fácil cuando te simplifican el procesamiento de la información”.
“Cuando te plantean un escenario polarizado en donde de un lado están los
buenos y del otro están los malos, de un lado es blanco y del otro es todo
negro, evidentemente es más fácil decodificar el escenario y posicionarse, que
cuando tenés una serie de personas discutiendo sus propuestas y te obligan a
pensar y cuestionarte cuáles son tus creencias, cuáles son tus preferencias, o
cuál pensás que de esas propuestas es la más viable”, argumentó.
A la polarización
ya existente hay que agregarle un alto contenido emocional. “La polarización ideológica nunca es neutra
en términos emocionales, esto supone mucha pasión, pero también mucho
enfrentamiento de ambos lados. Cuando esto pasa, no hay lugar para el debate de
las propuestas porque a las personas nos es más fácil procesar los escenarios
simplificados”, añade Beaudoux.
La identificación
de uno u otro espacio con un determinado conjunto de valores, y sobre todo, la
creencia de que la otra postura es una síntesis de todo lo opuesto con lo que
uno se identifica, diluyen los nombres propios, las propuestas, y muchas veces
hasta los partidos. Se repitió hasta el hartazgo en
los pasillos de Parque Norte durante la primera convención de Juntos por el
Cambio: “No vamos a poder coptar a un votante nuevo, hay que
asegurarse los propios e ir por los indecisos que ya votaron ‘el cambio’ pero
que ahora dudan”.
El libro de pases entre partidos que se abrió
este año de cara al escenario electoral fue sin duda uno de los más polémicos,
sobre todo porque, teniendo en cuenta que todavía no se conocen los resultados
de las PASO, aun no está cerrado. En este marco, varios
actores institucionales sufrieron sangrías y resta ver aún cómo se repartirán
los cargos en caso de llegar al Gobierno en aquellas coaliciones que se
hicieron con fines electorales, como el Frente de Todos. Pese a esto, el
daño ya está hecho y muchos partidos no volverán a ser los mismos.
Los argentinos
estuvimos históricamente acostumbrados (quitando las numerosas dictaduras
cívico militares) a elegir siempre entre posiciones de alguna manera
antagónicas que tenían que ver con algún modelo de país. “Hoy la discusión
tiene que ver no con una cuestión partidaria pero sí ideológica, ese
posicionamiento ideológico quizás la opinión pública no lo entiende como de
derecha e izquierda, pero sí entiende o toma en cuenta que tiene que ver con,
por ejemplo, una liberalización de la economía, una mínima intervención del
Estado, con no subsidiar determinadas actividades y sí otras”, considera Zuban.
En tiempos en los
que los propios dirigentes abandonan sus partidos para ir a otro, deciden el
pase de su espacio político a una coalición más amplia, o estructuras que
anunciaban tres presidenciables se desvanecen en el aire y sus candidatos
migran hacia tres fuerzas antagónicas (tal es el caso de Alternativa Federal),
es difícil pensar que los votantes puedan ser fieles a una identidad
partidaria.
“Las pertenencias partidarias ya no son tan
fuertes como eran y la representación política y la debilidad que los partidos
políticos tienen hoy, han dejado un lugar más a un posicionamiento ideológico
de identidad, que a un partido o a un líder en particular”, explica Zuban. En
este escenario, bien vale preguntarse qué prevalencia tiene el voto partidario
en el contexto actual, y qué porcentaje de este ha migrado al voto por
ideología.
Para Beaudoux, el
porcentaje de “personas que se toman el trabajo de analizar las propuestas de
cada espacio político”, es decir que no votan por el partido ni por
posicionamiento ideológica, es “muy chiquito, no representa más del 8% del
electorado”. “No hay que
idealizar el proceso de votación de los votantes, recordemos que hay un gran
porcentaje de voto heurístico, estos son los votantes que se basan en una
declaración que les gustó, pese a no conocer al candidato, por ejemplo”, argumentó.
Como primerísimas
conclusiones entonces, podemos afirmar que el escenario polarizado y la crisis
partidaria promueven una escasez de ofertas que empobrecen el debate
democrático. Sin embargo, a diferencia de otras campañas, se introdujo un
debate en la oferta discursiva ausente años atrás: el de género.
La llegada de
proyecto de despenalización
del aborto al Congreso tuvo al menos dos grandes logros: por un lado,
consiguió que las caras y nombres de diputados y senadores sean conocidos por
cientos de miles de ciudadanos, especialmente los y las jóvenes. Por otra
parte, obligó a los candidatos a manifestarse públicamente en torno a su
postura sobre la iniciativa pero también acerca de cuál es la agenda de género
que pretenden llevar adelante. Resta ver si es cuestión de campaña o el nivel
de compromiso es real.
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