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Por Carlos Burgueño - La devaluación del yuan de ayer produjo para
el país una pérdida automática e inoportuna por unos u$s519 millones de
dólares. La obligada posición en la moneda china,
fruto de los sucesivos “swaps” que el país viene renovando desde 2014, hicieron
que a la actualidad un tercio de las reservas del Banco Central esté nominada
en esta moneda y, por eso, hubo consecuencias indeseadas en los activos
financieros de la entidad. En total, hasta el viernes, la cantidad
nominada en yuanes llegaba a los 18.600 millones de dólares, dinero que ayer
cayó el 1,3% sin que desde Buenos Aires se pueda hacer algo para evitarlo. Igualmente,
por la manera en que está diseñado, aún resulta un mecanismo más que útil para
mostrar al mercado, ya que para la entidad que maneja Guido Sandleris se
trata de un activo financiero de libre disponibilidad. Esto es, podría
utilizarlos en el momento adecuado para intervenir en el mercado cambiario
local. Si bien desde el 29 de abril el BCRA tiene
herramientas más aceitadas y efectivas (los u$s9.000 millones habilitados por
el FMI), el arma del “swap” chino siempre está vigente.
Como casi todos los acuerdos monetarios a los que llega el país, la
habilitación de este instrumento también es polémica. Un “swap” es un
mecanismo por el cual Argentina y China se comprometen a habilitar
eventualmente el cambio de divisas, sin la intervención de terceras monedas; en
este caso, el dólar. El aporte de capital lo hace el Banco Central de
China, bajo la certeza de que los yuanes originales serán eventualmente
utilizados. Mientras tanto, hasta que se ejecute el cambio, quedan como libre
disponibilidad del depositante: el BCRA. La idea china fue otorgar este dinero
en cuotas, como garantía para el intercambio financiero entre los dos países
para la construcción de las grandes obras en el país comprometidas con el país
asiático; fundamentalmente la represa Condor Cliff (ex Cepernic-Kirchner); un
proyecto que en algún momento el Gobierno de Mauricio Macri prometió clausurar
pero que, precisamente por la vigencia del “swap” decidió mantener vigente.
El primer acuerdo de este tipo fue firmado en 2009 durante la
presidencia de Martín Redrado en el BCRA, para reforzar los resguardos ante
eventuales crisis internacionales y cuando las reservas alcanzaban el record
del 15% del PBI. En total el acuerdo cerrado fue por unos u$s10.200
millones a tres años, con la opción de extender el plazo. Redrado lo negoció
con su par chino, Zhou Xiaochuan, para acordar un intercambio de monedas que
ambos países pudieran pedir uno del otro y que luego deberían ser repagados.
Los permisos de operatoria para el BCRA eran amplios. Se podían convertir los
yuanes en dólares en los mercados internacionales, o directamente utilizarlos
para el intercambio bilateral. O, en su defecto, mantenerlos como parte de las
reservas nominados en la moneda norteamericana. Sin embargo, con el tiempo, el
instrumento comenzó a desdibujarse.
EL segundo movimiento con China se activó en el tercer trimestre de 2014,
durante la gestión de Axel Kicillof en Economía y de Juan Carlos Fábrega en el
BCRA, por unos u$s3.800 millones, transferidos en el último trimestre de ese
año. La novedad de esa operación fue que se justificó bajo el comienzo de las
obras para el levantamiento de la represa santacruceña Cepernic-Kirchner que la
constructora china Gezouba había ganado en licitación en sociedad con la local
cordobesa Electroingeniería. El acuerdo total fue por unos u$s11.000 millones,
en liquidaciones sucesivas dependientes del avance de las obras. Durante el
primer semestre de 2015 se concretó un nuevo desembolso por unos u$s3.700
millones, completando hasta ese momento un total de u$s6.500 millones. El
dinero proveniente de China había llegado en un momento justo para apoyar los
últimos tramos del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, cuando la falta
de dólares y el ostracismo en los mercados internacionales ya era preocupante.
Las reservas rondaban los u$s30.000 millones, y las posibilidades de la
Argentina de recurrir a los mercados financieros internacionales a tasas
razonables eran nulas. El acuerdo de renovación del “swap” con China, llegó en
un momento ideal para poder sostener las reservas y hacer frente a eventuales
corridas antes del final del Gobierno kirchnerista. Para finales de 2014, unos
u$s3.000 millones del acuerdo ya se habían utilizado. De hecho, unos u$s2.000
millones provenientes de este financiamiento, se utilizaron para cancelar el
pago final del Boden 2015.
Vino entonces el cambio de gobierno, y la decisión de Mauricio
Macri de revisar el contrato de Gezhouba para construir la represa aún llamada
Cepernic- Kirchner. La primera y pública decisión del actual Gobierno fue
la de congelar la obra, bajo sospechas de corrupción y de impacto ambiental
negativo. Sin embargo, hacia julio de 2016, desde Beijing le recordaron a
Buenos Aires que parte del dinero para la obra ya había sido gastado (y no
precisamente para avanzar con la represa), con lo que de levantarse el
proyecto, el dinero debía ser devuelto. Fue así que se “renegociaron” las
condiciones del “swap”; la obra volvió a la vida con otro nombre (en adelante
se llamaría Condor Cliff), y el “swap” se reactivaría. Se renovó el mecanismo
por unos u$s11.000 millones con una vigencia de tres años más, con lo que las
reservan en yuanes llegaron a unos u$s8.000 millones. El año pasado volvió a
negociarse con Luis Caputo al frente del BCRA, con un nuevo desembolso sucesivo
por unos u$s10.000 millones, dinero que ahora es el que refuerza las reservas
del BCRA, pese a la devaluación de ayer. Por ahora no se destina a la obra de
Santa Cruz, que está basicamente paralizada.
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