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Por Carlos Burgueño - Desde el Gobierno ya comenzó la preocupación
por la economía pos-PASO,
especialmente la real. Se teme, dentro del macrismo, que ya se haya
contabilizado todo lo que podría aportar a la estabilidad cambiaria y fiscal
lograda desde fines de abril (luego de la apertura desde el FMI del uso de los
dólares del stand by) y que para los próximos poco más de dos meses
preelectorales habrá que echar mano a nuevas estrategias para conseguir mejores
números que los del primer semestre. La situación se vuelve más compleja aún al
momento de analizar dónde tendrá que salir a buscar el oficialismo los votos
que le falten para soñar con una victoria electoral. Se confirmará el domingo,
pero lo que se sospecha (con cierta razón) es que los sectores más populosos de
los grandes centros urbanos periféricos del país, comenzando con el indomable
conurbano, serán los más esquivos a votar por el oficialismo. Por esto, dentro
del equipo económico, ya se están preparando algunas líneas generales sobre las
que actuar, ya desde la segunda quincena de agosto.
Lo primero que se
está visualizando es que los números que comenzarán a ser arrojados desde el
INDEC pueden ser complicados, comenzando por la inflación. Si bien la próxima
medición del organismo que maneja Jorge Todescacorrespondiente al IPC de
julio (que se presentará el próximo jueves 15 de agosto), arrojaría una
contracción de entre 2,4 y 2,5%. Será el menor nivel del año, y perforará la
marcha de diciembre de 2018 del 2,6%. Sin embargo, la sospecha desde el
Gobierno es que agosto mostrará un recalentamiento leve de los precios,
volviendo a niveles superiores al 2,5% y acercándose peligrosamente al 3%. La
devaluación de los primeros días del mes sería el factor que mayores
complicaciones traería al IPC de este mes ya que, según reconocen dentro del
oficialismo, la estructura de precios vigente se fijó con un valor del dólar
estacionado en 45 pesos. Este fue el valor con que la divisa operó hasta el
permiso de fines de abril del FMI, momento en el que el dólar comenzó a caer
hasta perforar fugazmente los 43 pesos. No registró el Gobierno movimientos
alcistas en los precios por la recuperación del dólar, mientras iba recuperando
el valor durante los últimos días de julio. Sin embargo, la sospecha es que el
último cimbronazo podría afectar la virtual calma. Uno de los problemas
que debe ahora atender el Gobierno es la decisión de contener las alzas en los
precios de los combustibles y servicios públicos, tomada especialmente para
surfear la campaña pre-PASO, tendría un cronograma preestablecido que llegará
en septiembre a su fin. Será tarea de funcionarios especialmente designados, la
de hablar fundamentalmente con las petroleras, para que la política de
incrementos continúe suspendida hasta, al menos, noviembre. Y si hay balotaje,
también hacia diciembre. Sabe el oficialismo que cada 5 puntos de incremento en
las naftas, implica un alza de un punto en la inflación. Y que cada punto de
más en la inflación son miles de votos menos en los sectores a los que hay que
convencer para el momento en que se cuenten los votos reales que definen una
reelección.
Donde tampoco se
esperan noticias favorables es en los próximos datos de la evolución de la
producción industrial y la actividad económica, fuera de lo que aporten el
campo y, quizá, la producción de alimentos. El resto de los sectores
continuarán operando en rojo, con mayor o menor intensidad, hasta octubre. Y,
quizá, hasta más allá de ese mes también. El problema que se reconoce desde el
oficialismo es que las tasas de
interés vigentes no ayudarán a la reactivación en lo que resta del año. Y que
el país deberá continuar operando sin crédito.
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