|
Por Juan Diego
Wasilevsky - Ni planes de educación, ni programas de salud o políticas de
desarrollo a largo plazo. Tampoco se habla de otros temas sensibles, como la
reforma laboral o cambios en la política tributaria.
En estas
elecciones, las plataformas de cada uno
de los candidatos quedaron en un muy segundo plano frente a un tópico que hoy
monopoliza toda la campaña: el precio del dólar.
Luego de que
Alberto Fernández instalara la polémica por el supuesto atraso cambiario, y de
que insinuara que –en caso de llegar a la Presidencia- apuntará a tener un
billete verde más alto para fomentar inversiones y potenciar exportaciones, el
nerviosismo se apoderó de la City porteña, cortando la paz cambiaria que el
Gobierno quería asegurarse a lo largo del proceso electoral.
Con el precandidato
del Frente de Todos disparando contra Macri por mantener el tipo de cambio artificialmente
quieto y ministros como Dante Sica, que salieron a asegurar que el valor de la
divisa garantiza competitividad a la economía y que no está afectando a ningún
sector productivo, el dólar es hoy el
factor que desvela a la clase política, a buena parte del electorado y, muy
especialmente, al rubro empresario.
Es que el escenario
cambiario que plantea una y otra fuerza política resulta diametralmente
opuesto, generando que en el lapso que se abre hasta los comicios de octubre se
potencie la incertidumbre.
Un informe de
Balanz Capital distribuido entre sus clientes reflejó, en buena medida, el
nivel de polarización que existe en torno al dólar: de acuerdo con la sociedad
de Bolsa, si la fórmula Macri-Pichetto es la que se impone, entonces se prevé que la
moneda se mantendrá relativamente estable.
En cambio, si la
dupla de "los Fernández" es la que resulta triunfante, estiman que el
billete verde podría dispararse hasta los $70, es decir, cerca de un 50% por
encima del nivel actual.
Sin embargo, nada
garantiza que las cosas no se aceleren: previamente están las PASO, un test
clave y que puede ser definitorio para Juntos por el Cambio, dado que si Frente
de Todos obtiene con una brecha difícil de descontar en octubre, en el mercado
consideran que se incrementará la volatilidad.
Y así como el
factor dólar se convirtió en una variable que divide las aguas a nivel
político, también es un elemento que está pesando, y mucho, en el sector
corporativo. Y no se trata ya de una cuestión de mediano plazo: el problema para las empresas, principalmente para
las industrias, es saber con qué precio de la divisa manejarse hoy para evitar
un desfasaje que podría ser inminente.
Y esta
incertidumbre es la que está afectando principalmente a las Pymes, que tienen
las mayores trabas para financiarse y que difícilmente puedan acceder a algún
tipo de seguro de cambio.
"Corremos el riesgo de sufrir un bache financiero
como nos pasó cada vez que hubo una devaluación repentina", afirma
uno de los referentes de la industria de la línea blanca en la Argentina.
El directivo, que
tiene una fábrica con más de 150 empleados, asegura que el riesgo está en el
lapso que va desde que se importan insumos para la fabricación hasta que
finalmente se cobran las facturas de venta.
"Casi todos
los materiales, como pintura, químicos y plásticos, los pagamos prácticamente
de contado, contra culata de camión. Y, en algunos casos, como los motores, que
vienen de afuera, los tenemos que cancelar un par de semanas antes, contra
documentación de embarque", explica el empresario que produce heladeras y
freezers.
El problema,
señala, "es que a nosotros, las cadenas de electrodomésticos nos dan
cheques a cobrar a 30, 60, 90 días y, en algunos casos, plazos más largos. ¿Qué
hacemos si nos agarra un salto del dólar? Lo que cobremos puede ser plata
devaluada".
Los fabricantes de
heladeras, lavarropas y artículos del hogar aseguran que el 18% del costo de un
producto, en promedio, está explicado por la mano de obra, mientras que los
insumos pesan un 75%. De ese total, el 90% tiene precio dolarizado.
La incertidumbre
también está afectando al negocio de la electrónica de consumo, un rubro donde
la exposición al billete verde también es elevada. Y esto se está observando
puntualmente en el caso de las notebooks, donde se ha venido reduciendo el
ritmo de importación y de distribución en el mercado interno.
"La categoría
en general de computadoras portátiles está a la espera de cómo va a seguir el
entorno económico. Los jugadores del mercado ofrecen un surtido de modelos más
económicos, con procesadores Celeron, por ejemplo, y no se arriesgan a vender productos más premium por
lo cambiante que está el dólar", explican.
Según datos de la
consultora Market Research & Technology, en base a información aduanera,
entre enero y junio ingresaron al país apenas 623.000 equipos, lo que implica
un derrumbe del 53% frente a igual lapso del año pasado.
Desde Newsan, una
de las compañías líderes en la producción de televisores y electrónica de
consumo en general, también dan cuenta de cómo la incertidumbre impacta en la
toma de decisiones.
"El proceso
preelectoral afecta de manera directa a nuestros negocios; por ejemplo, los
consumidores demoran sus decisiones de compra o inversiones, con la consecuente
baja del consumo. Por otro lado, se
posponen los debates legislativos que deben tratar las reformas tributarias,
laborales y estructurales que son necesarios para viabilidad de muchos negocios",
apunta Luis Galli, CEO y presidente de la compañía.
"El problema
reside en que una vez más los escenarios y el contexto se plantean de manera
muy diferentes dependiendo de quién gane las elecciones. La falta de
previsibilidad y cambio permanente de reglas de juego es lo que no nos permite
salir del proceso de estancamiento. Tampoco genera un entorno favorable para
nueva inversiones, que es lo que nos está haciendo falta", agrega.
Industria
automotriz: apuesta por la calma
En el sector hay
coincidencia tanto entre las grandes, es decir, las terminales; como entre las
Pymes, que son las autopartistas que proveen componentes: el mercado interno no está preparado para enfrentar
otra fuerte devaluación. En doce meses, hasta junio, los 0Km habían
acumulado un salto de precios del 80% en promedio, como consecuencia del avance
del billete verde. Y esto provocó un desplome de los patentamientos que obligó
al Gobierno y a las automotrices a instrumentar un plan de bonificaciones.
"Desde el
punto de vista comercial, el tema del tipo de cambio es determinante. Un dólar
a 70 pesos cambia radicalmente el escenario", asegura el directivo de una
marca de origen europea.
Si bien un billete
verde más alto está asociado en los "manuales" con una mayor
competitividad cambiaria y con más exportaciones, hoy el objetivo de las
compañías es recuperarse del desplome que sufrió el mercado interno. De casi
arañar el millón de unidades vendidas hace unos años, las compañías ahora rezan
para no caer por debajo de los 500.000 vehículos.
Desde la principal
cámara autopartista coinciden: un avance
del billete verde del 50% implicaría un nuevo mazazo para la demanda. Y, en el
caso puntual de los proveedores, implicaría un nuevo desfasaje financiero.
"Nosotros
trabajamos con contratos que no se pueden modificar automáticamente. Que las
terminales acepten revisarlos es una tarea que puede llevar meses", se
queja un directivo.
"Cuando se da
una devaluación siempre hay problemas financieros para las Pymes: compran
insumos que están dolarizados y luego le vende a las automotrices al precio
fijado. Y no pueden dejar de proveer, porque se estaría rompiendo el
contrato", agrega.
¿Hay chances
entonces de cubrirse comprando materia prima y componentes de antemano y así
amortiguar el impacto de un salto de la divisa? "Difícil. No hay datos en la cámara de que haya Pymes que
estén haciéndolo. El crédito es carísimo e inmovilizar capital de trabajo no es
algo viable hoy por hoy", apunta.
La imposibilidad de
"ahorrar" en stock es común a otras ramas de actividad. Desde la
Cámara de la Industria del Calzado (CIC) señalan a iProfesional que
"tener mucho inventario es anticompetitivo", porque implica tener
frenado "cash" que, en este rubro en crisis, se necesita para pagar
sueldos y cubrir las facturas de proveedores.
"Se trabaja
con lo justo y necesario", indican desde la entidad, desde donde agregan
que una devaluación hoy sería más un problema que una solución.
"Si sube el
dólar entonces aumenta el precio del cuero y de otras materias primas, como el
caucho, que viene de Brasil y está atado a esa moneda", apunta el
directivo, planteando un escenario muy similar al que se da en buena parte del
entramado industrial.
Así, a medida que
la Argentina va entrando en modo elecciones y se intensifica el debate entre
las dos principales fuerzas políticas por el precio de la divisa, las empresas
del sector productivo ingresan en una encerrona: por un lado, necesitan comprar
insumos, fabricar y vender más que nunca para hacer frente a la recesión que
les viene comiendo el negocio; pero nadie les da certezas que, en el medio del
camino, una variable llamada "dólar" les genere un sacudón en sus
finanzas.
|