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Por Martín Clément - Nadie puede decir que el contexto político argentino no
influye en nuestras decisiones diarias. Nuestro ánimo parece cada día un
electrocardiograma, pasando en cuestión de horas de la esperanza a la
desilusión, de la euforia al terror. No es para menos: se define el marco
institucional, económico y social para las próximas décadas.
De todos modos, ya
tenemos a la vista algunas señales sobre su posible forma: el acuerdo entre la
Unión Europea (UE) y el Mercosur ya es una realidad, se está trabajando
fuertemente en acuerdos similares con Canadá y Turquía, se habla de inminentes
reformas laborales e impositivas, y lentamente se está domando al tipo de
cambio y la inflación. Nadie duda de que las exportaciones serán el eje del
crecimiento y mucho se ha hecho para facilitarlas; incluso no sería extraño
pensar que antes del vencimiento previsto para los derechos adicionales de
exportación para fines de 2020 estos sean desactivados.
Pero si de algo ya
los argentinos deberíamos estar convencidos es de que existen ciertas premisas
básicas sobre las que no deberíamos tener dudas, entre ellas que:
Debemos trabajar en
nuestros puntos de acuerdo más que resaltar nuestras diferencias para colaborar
en vez de enfrentarnos.
El mundo nos espera
con sus brazos abiertos si le mostramos una actitud similar.
La tecnología
avanza a pesar de nuestra negación.
Adoptar una actitud
protagonista y abandonar definitivamente la victimización es la clave, tanto
desde ámbitos privados como públicos, empresariales o laborales, para obtener
resultados concretos y positivos.
Si hasta acá ha
estado de acuerdo, le propongo que nos demos vuelta y ahora miremos hacia la
organización y analicemos algunos puntos que deberían ser tenidos en cuenta
para enfrentar aquel futuro que tan incierto se nos presenta.
La inevitable
apertura a las importaciones con la facilitación de la operatoria a través de
la ventanilla única de comercio exterior (VUCE), menores canales rojos y
algunos cambios normativos en ese sentido, nos obliga a volver a pensar en conceptos
olvidados durante la época de las DJAI como el "just in time",
procesos logísticos más eficientes y la búsqueda de mejores proveedores para
nuestros insumos. Por eso se debe hacer foco en medir puntos críticos para
controlar los procesos logísticos como una forma de hacer más rápidas y
económicas las compras y de llegar con productos más competitivos al mundo.
Invertir es la
clave para generar valor. Desde hace mucho tiempo existe la posibilidad de
importar líneas de producción completas y autónomas con arancel cero, cuyo
trámite es relativamente sencillo y ágil. Desde enormes plantas para producción
de cemento hasta líneas de producción de cerveza artesanal han sido autorizadas
en los últimos años, en pocos meses.
Pero es imposible
pensar en procesos competitivos sin gente acorde a cada puesto dentro de la
estructura. Esto puede parecer una verdad de Perogrullo, pero formar equipos de
alto rendimiento no es solo capacitar en habilidades blandas como liderazgo y
trabajo en equipo, es pensar la organización como un todo, ya sea con formatos
más piramidales, matriciales o híbridos, donde cada persona sepa cuál es su
misión, sus funciones y las habilidades requeridas. Para eso es clave la
delegación, lo que para algunos es prácticamente un arte. En cuanto a los
contenidos de la capacitación y entrenamiento, deberían ser diseñados dentro de
un plan de carrera, donde se defina de manera estricta cuáles son relevantes
para cada puesto y detectar aquellos profesionales que demuestren talento y
pasión por lo que hacen. Parece fácil, pero requiere de extrema templanza,
minuciosidad y paciencia mantener el rumbo a fin de lograr el equipo ideal.
Invertir en coaching y en asesoramiento profesional también es crítico para
lograr resultados excepcionales.
El involucramiento
de los socios y de las máximas autoridades dentro de la empresa es fundamental
para transmitir el entusiasmo necesario para enfrentar esta nueva etapa. Hay un
cambio cultural que el país debe dar, que necesariamente debe ser impulsado por
el esfuerzo individual de cada actor. Adoptar aquella postura protagonista
exige contagiar entusiasmo, transmitiendo historias vividas en la actividad,
para inspirar a nuevas generaciones y formar esta nueva cultura protagonista
para vender nuestros productos al mundo.
Quienes están en
posiciones de decisión deben apuntar a la internacionalización de la empresa
más que a generar exportaciones, incrementando la presencia en los mercados de
destino, formando alianzas con socios locales, viajando, viéndolo como un proceso,
un trabajo de largo aliento. También se requiere su aporte para definir temas
estratégicos, especialmente los que tienen que ver con la generación de valor,
teniendo en cuenta que el mundo es cada vez más complicado y volátil, aunque
también lleno de oportunidades.
Hablamos de definir
las famosas "cuatro P": producto, plaza (canal), precio y promoción
(comunicación, publicidad, etc.) pensándolas para millones de personas que
demandan productos novedosos y más sofisticados, sin subestimar nuestro poder,
por más pequeños que creamos ser. Existen nichos con mayor valor agregado
dentro de los rubros de alimentos, farmacéutica, biotecnología, manufacturas de
diseño, software y productos audiovisuales.
Por supuesto que la
tecnología juega un rol importante, pero no debemos obsesionarnos. Podemos
buscar un partner que nos asesore a fin de incorporar las herramientas
adecuadas según el estado de avance de cada empresa. En algunos casos, esto
será incorporar sistemas de gestión de recursos (ERP) y en otros podrá
consistir en la instalación de software para gestión de la relación con los
clientes (CRM). Lo cierto es que hoy existe una amplia variedad de
alternativas, sobre todo con el avance de la nube, que permite gozar de las
ventajas de potentes soluciones a costos moderados y variables.
A pesar de haber
perdido terreno durante muchos años frente a nuestros vecinos, la diferencia
estará en la implementación, en el servicio y la organización detrás del producto.
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