|
Por Luis Beldi
- Ni la más pesimista de las encuestas pudo pronosticar la debacle
electoral del Gobierno. La diferencia es irremontable hasta para los que creen en milagros. Pero
lo curioso es que el triunfo de la política es la derrota de la economía porque
los inversores recibirán el resultado con una fuga de capitales. Se
alejarán del país que eligió la mayoría de sus habitantes. El voto del domingo
fue en la mano opuesta a la de los inversores que necesitan cierto horizonte de
estabilidad no de restricciones.
El gran ganador será el dólar
y habrá una enorme cantidad de heridos y contusos que el viernes apostaron a
las inversiones de riesgo. Los bonos en dólares perderán paridad y
aumentará el riesgo país porque ahora serán el lado más vulnerable de la
economía.Siempre lo fueron, pero hasta ahora la gente miraba el precio del
dólar.
El gran error de Mauricio
Macri fue creer que un dólar barato le daría un triunfo electoral y lo
puso por encima del consumo en cuanto a carta de triunfo. Mientras tanto
sostuvo el esquema con tasas altas e impuestos impagables. La clase media,
su clase media, le contestó en las urnas. Los puntos que le faltaron para
tener una mediana chance de mantener el poder no se los llevó el kirchnerismo,
sino Roberto Lavagna un hombre que representaba mejor sus anhelos.
Los bancos fueron sorprendidos
en el peor de los mundos. Con récord histórico del siglo XXI de depósitos
en dólares y un incremento notable de los plazos fijos (vencen en total $1,2
billones desde acá hasta octubre) que se verán fuertemente disminuidos para
pasarse a dólares. Y los deberán devolver pidiéndole al Banco Central que les
reintegre el dinero que les dieron a través de las Letras de Liquidez (Leliq)
que se transformará en combustible de la inflación y de la suba del billete de
Estados Unidos.
La incógnita es si los dólares
seguirán en los bancos en cajas de ahorro, cuenta corriente o plazos fijos o
pasarán a cajas de seguridad.
Por supuesto, el default queda
a la vuelta de la esquina. Nadie apostará a los bonos y el riesgo país
puede tener un crecimiento notable que augura que el año que viene no se podrán
pagar vencimientos, salvo que puedan conseguir un apoyo inédito del exterior.
El público y los grandes inversores les perdieron el miedo a las intervenciones
del Banco Central.
El triunfo del Frente para
Todos ha dejado tambaleando hasta al FMI, que le dio a la Argentina el 60%
de los créditos que tiene otorgados en el mundo. Habrá que ver si esta
complicación se transforma en un beneficio para evitar la caída en default del
país. El organismo sería el primero que no cobraría.
La ceguera sobre las
consecuencias de la política monetaria, que vino sin anestesia y sin reformas
que cambien de fondo la economía, cobró su precio. Las tasas altas llenaron a
los bancos de bonos del Banco Central pero ahora no habrá tasa que retenga ese
círculo perverso que se inauguró con las Leliq, que representan casi toda la
base monetaria.
Por supuesto, atrás viene el
aumento de precios y hasta posibilidades de desabastecimiento: las empresas no
se van a endeudar para aumentar la producción de bienes. Saben que cuando
el dólar sube la gente sacrifica consumo para pasarse a la moneda de Estados
Unidos y las empresas con menores ventas e ingresos deberán afrontar el pago de
intereses de sus deudas. Eso se trasladará a precios, inexorablemente.
Ni hablar de las compañías que
emitieron bonos en dólares que verán un encarecimiento notable del pago de sus
intereses en un mercado donde les retacearán las divisas.
La Argentina hoy es un país de
habitantes que correrán detrás de la moneda de Estados Unidos.
Las reservas, el poder de
fuego, las tasas, todo lo que se mencionó como amenaza para los que intentarán
hacerse de dólares, serán armas livianas para contener el avance de los
compradores de dólares.
Pero lo peor es lo que se
esconde tras la economía. Los guardia cárceles del Servicio Penitenciario
Federal estaban indignados con los funcionarios presos del kirchnerismo. En
particular con un ex ministro y un empresario, que los amenazaban
constantemente con la pérdida de sus puestos. En Ezeiza y Marcos Paz,
descontaban lo que se venía. Ver abrirse las cárceles para quienes tienen
condenas por corrupción sería un golpe muy fuerte. Y no hablar de los jueces
que los condenaron o las causas en marchas que se paralizarán.
Una derrota de esta magnitud
hace insoportable mantener hasta los aciertos del esquema anterior, en
particular la política energética, básicamente las inversiones de Vaca Muerta.
La sorpresa sería que el
Gobierno que viene sincere tarifas y haga el ajuste necesario para bajar el
déficit fiscal, que lleve adelante la reforma laboral y previsional. Ellos
anunciaron que nada de eso va a ocurrir.
La situación que heredan es
más compleja que la que heredó Cambiemos. En primer lugar, porque tienen
las manos atadas para cualquier ajuste. Los votantes no esperan que les impongan
sacrificios y los sindicatos no van a aceptar que les modifiquen su status
quo.
Ahora todo está en el poder de
Fernández y como lo ejerza. La duda es si este le pertenece o sigue siendo
de Cristina Fernández de Kirchner. Sobre el macrismo poco se puede decir.
Cualquier medida que ensaye hasta diciembre será inocua. El mercado no le cree
y perdió la confianza exterior. La Argentina vivirá dos meses a la deriva y no
habrá política de ajuste sostenible.
El escenario es peor al
imaginado y el milagro es una ecuación con demasiadas incógnitas que dependerá
del poder real que tenga el nuevo presidente que va a soportar a un Axel
Kicillof demandante en la provincia de Buenos Aires y que querrá
participar las decisiones económicas y de la demanda del resto de los
gobernadores. Todos reclamarán la recompensa por su ayuda al triunfo en
cargos y dinero. El que más lo padecerá será Horacio Rodríguez
Larreta, que no tendrá una situación fácil. El kirchnerismo siempre
castigó a quienes no los votaron.
Por último queda el drama de
las reservas. Habrá que cuidarlas porque quedan absolutamente vulnerables. El
dinero que hay disponible puede evaporarse de aquí a diciembre cuando asuma la
nueva gestión. El horizonte de los próximos meses es dólar alto, recontraalto,
e inflación.
|