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Por Dionisio Bosch - Durante tempos de paz, el
único crack bursátil que por su magnitud podría asimilarse a lo que estamos
viviendo es el del “Viernes negro” del 9 de mayo de 1873 en la bolsa de Viena, que
se expandió por toda Europa y los EEUU. Bajas de más de 20% en dólares
–libres- en un día, si bien no habituales, es algo que hemos vivido más de una
vez los que peinamos alguna cana.
En el inconsciente
colectivo aún queda como el peor incidente de este tipo en la historia
argentina el derrumbe accionario del 8 de enero de 1990 cuando el anuncio
del nuevo plan económico de Menem y un costo de vida que superaba el 40%
en diciembre fue acompañado por una baja de las cotizantes en torno al 28,58%
(el dólar retrocedió ese día 21,5%). Sin embargo hasta el viernes, este era
apenas el cuarto mayor.
Desde 1962 teníamos
nueve incidentes de este tipo, el primero el 16 de julio de 1975 cuando
renunció en pleno el equipo económico de Isabel Perón, el dólar saltó
25,34% y las acciones se derrumbaron en esa moneda 21,29%.
A fines de
noviembre de 1977 las tenciones entre la Junta Militar Argentina y el Gobierno
de Facto en Chile alcanzaron un clímax y la bolsa porteña, si bien el “verde”
no se movió, se desplomó 28,62%.
Algo similar
ocurrió el 31 de enero del año siguiente, cuando se negociaba una reunión entre
Videla y Pinochet y las acciones locales se derrumbaron 26,38% (el dólar ni se
movió), y el 27 de abril de ese año cuando anotamos una baja de 20,28% con la única
noticia de los problemas internos dentro de la Junta (dólar planchado).
Ese 26 de diciembre
finalmente llegó el enviado Papal, el Cardenal Samore, para poner fin a lo que
prometía ser una guerra y si bien en lo cambiario no hubo alteraciones, la Bolsa registró
una caída en moneda dura, 37,28%, la mayor en su historia moderna, hasta lo que
acaba de suceder.
Con el gobierno del
Dr. Ricardo Alfonsín la disparada inflacionaria de julio de 1987 a 10,1%
repercutió en una baja de 28,95% en las acciones, mientras el dólar se empinaba
un ligero 3.6%.
Dos años más tarde,
la decisión de liberar el dólar, que saltó 37,5% el 7 de febrero de 1989, fue
acompañada por una merma accionaria de 20,3%. Hacia fines de ese año, ya con
Carlos Menem en el poder el billete voló 35,5% el 26 de diciembre, lo que
derivó en una merma bursátil de 20,62%, y 13 días más tarde del incidente de
1990.
Para encontrar un
nivel accionario similar al actual debemos retroceder (siempre en dólares
libres) a principios de julio de 2009, y de manera consistente a julio de 2005, primera
mitad del primer mandato de Cristina Fernández.
Es decir, cuanto
menos acabamos de perder diez años de Bolsa en solo 24 horas.
La sensación, en
vista del derrumbe del dólar y la resistencia de la tasa de riesgo país, es que
en gran medida lo que estamos viviendo parecería obedecer al ajuste de
cartera de los mal-comprados, exacerbada por el efecto dominó de las
operaciones algorítmicas.
Si este fuera el
caso, apenas se “despejen” las operaciones de venta, debiera frenarse la caída.
De ahí, en más lo
que nos queda es la chance de un rebote abrupto o un proceso de largo plazo en
el sentido que sea. Más allá de esto, fuese cual fuese el camino que tome el
mercado, el golpe que acaba de recibir es algo que quedará en la memoria
colectiva por muchas décadas.
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