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Por Jaime Rosemberg - Llegó a la Casa Rosada minutos antes de
las 9, con el paso acelerado y hablando por celular. El día después de su peor
derrota política, el presidente Mauricio Macri se mostró aún sorprendido por la
magnitud de la victoria del Frente de Todos, pero también "decidido"
a "estabilizar" la economía y "asegurar la gobernabilidad".
Por la tarde se vio su versión más combativa cuando en la conferencia de
prensa y con rostro serio habló incluso de "revertir" la derrota el
27 de octubre e ir a una eventual segunda vuelta en noviembre, una misión
cuesta arriba.
En la Casa Rosada, desde temprano, los funcionarios cercanos al
Presidente hablaban del "minuto a minuto" de la posderrota y no
arriesgaban definiciones sobre eventuales medidas o cambios en el gabinete. Por
varias horas no figuró en la agenda presidencial una felicitación a Alberto
Fernández, triunfador por amplio margen en las PASO. Luego fue Miguel Ángel
Pichetto -su compañero de fórmula- quien anticipó el llamado que el Presidente
hizo a "todos" los candidatos presidenciales oficializados anteayer,
incluido Fernández, quien "no respondió", según voceros oficiales.
Quien sí había felicitado al ganador fue el ministro del Interior,
Rogelio Frigerio, vía mensaje de WhatsApp y con respuesta amable del candidato
opositor incluida. Por pedido del Presidente, fue también Frigerio el que hizo
pública la felicitación.
Habló de un mensaje "contundente" de las urnas, aunque destacó
que "la oposición tiene la responsabilidad de acompañar y garantizar la
gobernabilidad" hasta el final del mandato, que culmina el 9 de diciembre.
"Lo más importante ahora es terminar con esa maldición y que un gobierno
no peronista llegue al final de su mandato", se sinceró un ministro que
dialogó con el Presidente durante las primeras horas del lunes negro.
Después de su reunión matinal con el ministro de Hacienda, Nicolás
Dujovne; el titular del Banco Central, Guido Sandleris, y el jefe de Gabinete,
Marcos Peña, por Balcarce 50 comenzaron a circular todo tipo de rumores.
¿Habrá medidas económicas de emergencia? "No creemos en los
controles de cambios. Si el Presidente lo hiciera, estaría traicionando lo que
piensa", afirmaba una fuente oficial, que había hablado con Macri, pero
que de todos modos no daba nada por descartado.
Fue Sandleris quien poco después de salir de Balcarce 50 tomó la
iniciativa y con la venta de US$50 millones logró bajar la divisa desde el pico
de 61 pesos hasta los 58 con los que finalizó una jornada tensa y nerviosa.
El Presidente luego en conferencia de prensa desestimó cambios en su
equipo. Antes lo había ratificado con los suyos. "Hay una cuestión de
responsabilidad, nadie se va a ir. Además, ¿quién va a agarrar ahora?", se
sinceró un miembro del gabinete en un mediodía de nervios y desazón.
En medio de la incertidumbre, el Presidente dio un giro: de la amargura
matinal pasó a la acción, con el objetivo de mostrar un gobierno que está
"vivo" y dará la pelea "a morir" con vistas a la elección
de octubre. "Perdimos 2 a 0 en casa, pero vamos por la heroica de
visitantes", graficó al caer la tarde uno de los funcionarios que lo
acompañan en la cotidianeidad.
Un ministro que se lo había cruzado afirmó que el Presidente está
"convencido de que en un 99,9 por ciento esto es irremontable. Pero está
entero", destacó.
"No lo esperábamos, pero hay que entender lo que votó la
gente", dijo el Presidente a sus ministros en la reunión previa a su
conferencia de prensa. "Vamos por el voto del que está enojado y votó a
Fernández", dijo uno de los asistentes a esa reunión.
La idea del oficialismo, por el momento, es pugnar por pasar del 32 por
ciento obtenido ayer al 40, un número "factible" si se sumaran muchos
de los votos que ayer se inclinaron por Roberto Lavagna, José Luis Espert y
Juan José Gómez Centurión.
"Somos una coalición política, tenemos muchos diputados, y no es lo
mismo sacar 32 que 40", afirmaban ayer en un despacho oficial.
"Tenemos, como mínimo, el rol de contralor del próximo gobierno",
sugirió un funcionario que, a diferencia de lo dicho por el Presidente, ya
piensa en un futuro en el llano, alejado de la función pública.
Otro objetivo, ahora prioritario para el Presidente, será
"defender" el triunfo de Horacio Rodríguez Larreta en territorio
porteño, el bastión histórico de Pro. "Ganó muy claramente, pero no
sabemos qué puede pasar en este contexto", agregaban cerca de Macri.
Hasta diciembre
"Gobernamos hasta el 10 de diciembre", fue otra de las líneas
que bajó el Presidente a sus colaboradores más cercanos. Todavía tenía en mente
los sondeos que le acercaban los responsables de la campaña, que incluso el
mismo domingo seguían hablando de triunfo.
"¿En serio ganamos? Díganme si de verdad es así o si perdemos por
poco y se puede recuperar", se quejó ante muy pocas personas en la noche
del domingo. El consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba insistía entonces en
sus previsiones, que hablaban de tres puntos de ventaja incluso durante la
jornada de la derrota.
"Es muy fina la diferencia entre gobernabilidad y transición",
afirmaban ayer en un despacho importante. "Todavía no perdimos la
elección, hay que seguir", indicaban cerca del despacho presidencial.
En la conferencia de prensa, Macri culpó al kirchnerismo por la corrida
cambiaria. Su idea, dicen a su lado, es continuar la batalla hasta el final.
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