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Por Pablo Wende - Tras la
histórica paliza que sufrieron los activos argentinos el lunes, ayer no fue un
día de alivio ni mucho menos. El Banco Central tuvo que vender USD 150
millones de sus reservas pero no evitó otro aumento del dólar, que cerró a un
promedio de $58,30 en el mercado minorista. Al mismo tiempo continuó el
fuerte castigo a los bonos, que siguen sin encontrar un piso. El riesgo país
volvió a subir fuertemente hasta los 1.771 puntos, lo que evidenció una nueva
caída libre en los precios de los títulos públicos.
La única nota
positiva fue la suba de las acciones, pero resultó marginal. Apenas un leve
rebote luego de la terrible que caída que provocó una pérdida de entre 50% y
60% en dólares entre las acciones líderes. En el mercado hablaron de compras
marginales en búsqueda de ganancias rápidas ante un posible rebote.
Las complicaciones
que plantea una inédita transición política hasta el 10 de diciembre mantienen
a los inversores en estado de alerta máxima. Nadie tiene muy claro qué sucederá
hasta el 27 de octubre entre un gobierno que perdió una cuota sustancial de
poder al perder las PASO por 15 puntos y un candidato presidencial –Alberto
Fernández– con amplias chances de victoria, pero que aún no ganó.
El nerviosismo por
un complicado escenario político y las dudas respecto a cómo sigue la economía
se reflejaron en altísimos rendimientos para los bonos en dólares y tasas de
interés por las nubes. Los bancos salieron a pagar hasta 59% anual por
depósitos a plazos fijos para tentar a los ahorristas y evitar que aumente la
presión sobre el dólar.
Luego de haber
caído 35% el lunes, ayer los bonos sufrieron otro derrumbe de entre 10% y 15%
según la especie. Los precios actuales prácticamente proyectan una altísima
probabilidad de renegociación de la deuda por parte del próximo gobierno. Sin
embargo, Alberto Fernández aseguró que no tiene en sus planes un default ni
nada por el estilo.
El Bonar 24, por
ejemplo, cerró con un increíble rendimiento de 43% anual en dólares. Pero la
caída más emblemática fue la del Bonar 2020, que vence en octubre del año que
viene y cerró con un rendimiento de 58%. Refleja como ningún otro las enormes
dudas respecto a la capacidad de pago que tendrá la Argentina el año próximo
para enfrentar sus compromisos. Los bonos más cortos de la curva pasaron a
cotizar entre USD 50 y 55, asumiendo ya una fuerte quita en el futuro
cercano.
El aumento del
riesgo país a 1.700 puntos, el más alto en más de una década, muestra el nivel
de nerviosismo extremo que existe en los mercados financieros y a su vez
plantea un desafío enorme para el próximo presidente. Cualquiera que gane
deberá recuperar el acceso al financiamiento en los mercados internacionales en
2020 para hacer frente al pago de los intereses de la deuda y otros
compromisos. Pero con este panorama sería imposible lograrlo.
Estas dificultades
extremas quedaron en evidencia ayer cuando el ministerio de Hacienda
suspendió la licitación de Letes con vencimiento en marzo 2020. Ante la
caída de los precios, hubiera tenido que pagar tasas estratosféricas en dólares
para conseguir financiamiento posterior al recambio presidencial. Finalmente
colocó a sólo 105 días de plazo y una tasa mucho más alta que en las anteriores
colocaciones, de 7,18% anual.
Para adelante es
difícil por ahora encontrar motivos para que mejore el clima entre los
inversores. Si no hay algún tipo de pacto o acuerdo entre Macri y
Fernández para llevar más ordenadamente esta transición preelectoral lo más
probable es que el nerviosismo aumente todavía más.
El dólar a fin de
año en el Rofex ya cotiza a $77 y el Central tiene como objetivo impedir que
supere los $60 en el mercado contado en las próximas jornadas. Mientras tanto,
el impacto por la suba de 25% del dólar se sentirá ya en la inflación de agosto
y seguramente aún con más fuerza en septiembre. Un panorama que complica
todavía más al Gobierno si quería mantener alguna chance de dar vuelta el
resultado en las elecciones de octubre.
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