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Por Daniel Sticco - Casi 72
horas le llevó al equipo económico preparar el
paquete de 10 medidas que por la mañana de ayer anticipara el
presidente Mauricio Macri, y, que el ministro de Producción y Trabajo, Dante
Sica, y el director general de la AFIP, Leandro Cuccioli, se ocuparon de
explicar a la prensa los alcances y efectos.
Y si bien ante la
consulta de Infobae sobre ¿si creían que con el paquete de medidas se
compensaba el efecto de la devaluación y de la suba de la tasa de referencia
del mercado del Banco Central sobre la pérdida del poder de compra de los
salarios y de los mayores costos sobre las empresas, en particular las pequeñas
y medianas", Dante Sica respondió: "esperaremos a ver dónde se
estabiliza el tipo de cambio, y en los próximos días junto con el Hacienda y
AFIP se evaluará si será necesario tomar más medidas".
En línea con ese criterio,
el ministro de Producción y Trabajo prefirió evitar dar una estimación del
impacto de la devaluación sobre la inflación y de cuánto se compensará con el
bono salarial de $2.000 en septiembre y octubre, y el proyecto de cambio en el
mínimo no imponible de Ganancias de asalariados y autónomos.
Pero Sica dejó en
claro que el paquete de 10 medidas podría no ser el último, y completarse en la
próxima semana, según sea la respuesta de los empresarios y del consumidor.
Leandro Cuccioli
agregó: "del lado de las pymes los pedidos habituales se concentran
principalmente en la ampliación de los planes de pago de deudas vencidas, como
también corriente para los habituales cumplidores. Eso fue atendido y forma una
parte sustancial del paquete de medidas".
Sin embargo, la
reacción posterior de los mercados cambiarios, con nueva escalada de más del 8%
de la cotización del dólar, a $63 en la pizarra del Banco Nación para la venta
al público, y $60,450 para el canal mayorista donde operan las empresas que operan
con el resto del mundo en negocios de exportación e importación; nueva suba,
aunque leve, de la tasas de referencia del Banco Central, al filo del 75%
anual, indicaría que las medidas anunciadas serán complementadas.
Recursos escasos
Claramente, el
margen de acción del equipo económico para proponer de nuevas medidas es muy
limitado, excepto se logre acordar mayor
flexibilidad en las metas comprometidas con el Fondo Monetario Internacional,
primero en septiembre de 2018 y luego en abril último, en materia de déficit
fiscal primario cero; y de no traicionar el compromiso con el campo de subir
las retenciones de emergencia sobre las exportaciones.
Sin embargo, a la
vista no aparecen otros caminos. El salto cambiario próximo a 40% en la primera
mitad de agosto posibilitará un sustancial crecimiento de la recaudación de los
impuestos aduaneros, si la paridad se estabiliza y los exportadores no retrasan
la liquidación de sus operaciones, a la espera de un valor más alto aún.
Mientras que en
contrapartida, semejante devaluación potenciará la inflación y con eso no
sólo una fuerte caída de los salarios medidos en dólares, para alegría de
los sectores con potencialidad exportadora, pero singular malestar para los importadores;
los industriales con elevada carga de insumos que no se fabrican en el país,
sino también del poder de compra en pesos, con el consecuente efecto
contractivo de la ya muy debilitada producción industrial y de la actividad de
los constructores, y por tanto del empleo.
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