|
Por Fausto Spotorno - Las PASO nos han dejado a
los argentinos en un limbo político y económico no previsto. En consecuencia,
las expectativas cambiaron dramáticamente, generando una caída en el valor de
los activos argentinos, debido a la incertidumbre y a la percepción de que la
economía argentina pueda desviarse hacia un sendero insostenible. En gran
medida, este proceso comenzó a frenarse cuando el Presidente y el candidato de
la oposición comenzaron a entablar un diálogo sobre la economía y ello fue alejando
los temores de una potencial transición desordenada, que podría tener un gran
costo para la Argentina. No obstante, los desafíos hacia el futuro siguen
siendo muy grandes.
En primer lugar,
debemos tener en cuenta que el escenario internacional se está volviendo más
complejo y adverso al riesgo. Ello significa que los inversores globales le
escapan al riesgo como los gatos al agua. Señal de esto es que los activos de
refugio como el oro y los títulos públicos de las principales economías del
mundo están subiendo de precio.
Para la Argentina,
que es una economía muy riesgosa, este contexto no es nada favorable porque hoy
el riesgo "no está de moda". Sin embargo, gran parte de la deuda
pública argentina está en el exterior y en moneda extranjera. El 78% de esa
deuda pública está emitida en moneda extranjera y prácticamente la mitad es
deuda externa. Todo ello pone una gran presión sobre las necesidades de
financiamiento y sobre la capacidad del Gobierno de obtener divisas y
refinanciamiento tanto en lo que queda del año como durante el próximo año. Por
otra parte, la devaluación provocó un aumento en la relación de la deuda con
respecto al PBI y ello pone mayor presión a las cuentas públicas futuras. Si la
deuda crece con relación al tamaño de la economía por la suba del dólar,
también deberá mejorar el superávit primario del sector público nacional para
que la deuda sea sustentable.
El superávit
primario de la Nación se define como los ingresos del Estado menos los gastos
del Gobierno (salarios, jubilaciones, subsidios, etc.), excluyendo los
intereses de la deuda. Este superávit primario representa los recursos que
posee el Gobierno para hacer frente a los servicios de la deuda. De más está
decir que hoy el Estado no tiene superávit primario, sino déficit. Pero es
cierto que en los últimos años ha mejorado mucho y el déficit primario pasó del
3,8% del PBI en 2015 a un esperado 0,5% en 2019 y -según el acuerdo con el FMI-
llegaría a un superávit del 1% en 2020. Pero en las condiciones actuales será
necesario que el superávit primario continúe mejorando para hacer sostenible la
deuda, que creció en términos del PBI.
Como se ve en esto,
para los tenedores de deuda es muy importante conocer el futuro de la economía.
Es necesario saber cuáles son los planes fiscales y si se podrá pagar la deuda,
pero en el limbo político en el que nos encontramos todo esto resulta muy
difícil de establecer. El presidente Macri hoy no es el más probable
administrador de la Argentina a partir de 2020, sino que lo es Alberto Fernández.
Sin embargo, Macri es hoy institucionalmente el Presidente, mientras que
Fernández es un candidato y, por lo tanto, su discurso tiene muchas
limitaciones.
Por eso,
inicialmente, las señales emitidas desde la oposición han sido muy confusas. Si
bien muchos referentes han declarado que no piensan suspender los pagos de
deuda, también se han manifestado de manera enfática a favor de la
renegociación del acuerdo con el FMI y la negociación "uno a uno" con
los acreedores del país. Si bien es esperable que los pagos con este organismo
se aplacen en el tiempo, con nuevos acuerdos, no es de extrañar que las
declaraciones referidas a reestructurar la deuda no sean tomadas con calma por
el mercado y que el riesgo país se haya disparado bien por encima de los 1500 puntos.
Esta falta de
claridad ha llevado a los mercados a valuar los activos argentinos con la poca
información que poseían, esto es, la experiencia de lo que fue el gobierno
kirchnerista y las declaraciones económicas del candidato peronista en medio de
la campaña electoral. Se podrá decir con justicia que, tal vez, estos no son
buenos parámetros para evaluar una futura presidencia de Fernández y es cierto.
Pero a esta altura es la única información disponible. Por ello es que el
Merval alcanzó en dólares los niveles promedio que tenía entre 2004 y 2007 y el
dólar subió a los valores que se tenía entre 2008 y 2010, una vez ajustado por
inflación.
La amenaza de las
Leliq
Además, hay que
tener en cuenta que si la incertidumbre creciese considerablemente, la ya
debilitada credibilidad en el peso podría sufrir aún más y, en ese contexto, el
stock de Leliq resulta en una amenaza para el equilibrio monetario. En efecto,
ante un aumento en la salida de depósitos del sistema financiero, el Banco
Central se verá en la obligación de emitir dinero para repagar las Leliq. Ello
puede llevar a una mayor demanda de divisas y a una mayor oferta de pesos, que
a su vez podría provocar una aceleración de la inflación. Si bien en este
sentido parte del daño está hecho por la devaluación, es importante evitar la
incertidumbre para impedir que la inflación se acelere y esto dañe los ingresos
de los argentinos.
Como vemos, la
debilidad de la economía argentina presenta muchos flancos, tanto en materia de
deuda como en temas cambiarios, monetarios y de crecimiento. Estos problemas no
son nuevos y tampoco se atacaron de lleno, sino que se implementó un programa
gradualista plasmado en el acuerdo con el FMI. Desde el comienzo este acuerdo
tuvo como objetivo mejorar la credibilidad y las expectativas sobre la economía
argentina. De hecho, en la primera versión del acuerdo el FMI no iba a prestar
dinero directamente, sino que iba a ser como un garante para que la Argentina
pudiera conseguir dinero en los mercados internacionales. Sin embargo, eso
cambió tras la devaluación de agosto de 2018.
En este nuevo
acuerdo el objetivo fue construir un sendero de ajuste fiscal y ordenamiento
monetario para llegar a un escenario más sustentable. Más allá de la discusión
sobre la calidad de este nuevo programa, lo cierto es que al menos era una hoja
de ruta a seguir. Con el resultado electoral, la sensación en el mercado es que
"se perdió el mapa". O, mejor dicho, hoy sabemos que es posible que
cambiemos de conductor, pero no sabemos aún qué camino tomará. Por eso, cuanto
más acuerdos haya entre el oficialismo y la oposición mejor será para la
sociedad, aunque ello implique un gran esfuerzo y equilibrio para los
candidatos actuales.
|