|
Por Miguel Boggiano - Últimamente me encuentro
con muchos inversores que
están convencidos de que, más allá de la masacre de los bonos argentinos de
las últimas semanas, lo más seguro ahora es mantenerlos. Incluso me dicen que
al hacerlo están haciendo un buen negocio.
Como argumento,
traen el recuerdo de lo que pasó en el default de 2001 y la reestructuración de
2005, diciendo que “quien aguantó” el muy mal momento, al final
terminó recuperando.
Para todos ellos,
vale la siguiente aclaración. Si Argentina tuviera que atravesar un proceso de
reestructuración como fue el del 2001, no tendría sentido hoy mantener los
bonos. Si las condiciones fueran mejores, podría ser. Sigan leyendo que voy a
explicar en detalle.
Es sabido que una
de las mayores trampas mentales que enfrentamos como inversores es nuestra
inmensa dificultad para aceptar las pérdidas. Incluso cada uno se autoengaña
con su propia contabilidad mental para no registrarlas.
Frases como “hasta
que no venda, no perdí” son muchísimo más frecuentes de lo que uno creería,
y sin embargo son sólo un mantra que repiten los que están en negativo para
poder dormir por las noches.
Veamos lo que pasó
en la última gran crisis de Argentina:
Recordemos que
Argentina decretó el default (dejó de pagar capital e intereses) en diciembre
de 2001 y que la reestructuración de la deuda ocurrió recién en 2005. Es decir
que quien tenía deuda de Argentina estuvo entre 2002 y 2005 sin cobrar un
centavo y con una incertidumbre máxima. Esto fue muy perjudicial para quienes
tenían bonos argentinos: se demoró muchísimo en reestructurar y la quita fue
del 65% del valor nominal.
Para saber si
mantener los bonos argentinos en aquel entonces fue un buen negocio, hicimos la
siguiente simulación:
Junto con Fernando
Baer de Bconomics-Quantum, analizamos un “bono argentino promedio” a
modo de estimador (utilizando el índice EMBI , una duration de
4.5 y un cupón del 8,06%). Luego se corrieron distintos escenarios, teniendo en
cuenta que la reestructuración de la deuda implicó una quita sobre el capital
del 65% como mencioné antes.
Lo importante del
ejercicio, es que los resultados mostraron lo siguiente:
Quien compró deuda
en diciembre de 1997 a un precio de u$s 90 (que era lo que cotizaba la deuda en
ese momento) y reinvertía todos los cupones, hubiera recuperado la misma
cantidad de dólares recién en agosto de 2006. Pero si, como usualmente pasa, se
hubiera gastado los cupones/intereses, hubiera recuperado los mismos dólares
recién en julio de 2014.
Es decir que el
inversor promedio que se gasta los intereses que pagan los bonos, si compraba
deuda argentina a fines de 1997, hubiera tenido que esperar 17 años para volver
a recuperar los dólares de la inversión inicial. Y eso sin tener en cuenta el
valor temporal/costo de oportunidad del dinero. Fue un negocio simplemente
pésimo.
Sin embargo, quien
compró deuda en agosto de 2001 a un precio de u$s 50 (casi de default), hubiera
recuperado lo invertido en diciembre de 2009 si reinvertía los cupones y en
julio de 2010 si no los reinvertía. Es decir, que en promedio una persona
que compró casi en valores de default, tuvo que esperar 9 años para recuperar
el capital invertido. Acá tampoco estamos teniendo en cuenta el valor
temporal del dinero.
Esto último parece
contra intuitivo. ¿Cómo es posible que alguien que compró tan cerca del peor
momento, haya tardado tanto en recuperar? Recordemos que, durante tres años,
Argentina no pagó ni capital ni intereses. Pero además de esto, la recuperación
de los precios de los bonos fue gradual, que sumado a la quita del 65%, condicionó
el plazo de recuperación de la inversión.
La frialdad de la
matemática financiera indica que no fue buen negocio tener deuda argentina en
la última crisis. ¿Conviene tener deuda hoy?
Si fuera tan obvio
que es un gran negocio comprar deuda argentina a estos precios, habría cientos
de fondos especulativos que estarían compitiendo por comprarla. Y eso no está
sucediendo.
En definitiva,
quien elige hoy tener bonos de Argentina tiene que saber el juego que está
jugando: uno de enorme incertidumbre. Hoy no se sabe si finalmente habrá
reestructuración, ni sus eventuales términos (quita, período de gracia, etc.).
Pero también hay que tener presente que el mundo atraviesa una burbuja
crediticia que difícilmente termine de buen modo.
El inversor que se
considera de riesgo bajo o moderado que hoy mantiene bonos argentinos, se ha
transformado en la práctica en un inversor que está comprando un activo de
altísimo riesgo. En consecuencia, creo que debería reevaluar su actual
portafolio de inversión, teniendo en cuenta el horizonte de inversión, los
precios de compra y los bonos que se tengan.
|