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Por Jorge Herrera - No hay duda que las cuentas
fiscales distan mucho de mostrar cierta holgura. Por ello no extraña que la
“caja” que le dejó el exministro Nicolás Dujovne a su sucesor, Hernán Lacunza,
precisamente no se caracteriza por su margen de maniobra. Esto se vio el mismo
día que Lacunza asumió oficialmente sus funciones en el Palacio de Hacienda. Es
que el martes pasado vencía una operación de REPO (mediante un
swap de títulos en garantía) con un grupo de bancos extranjeros por u$s2.615
millones. Esta operación se pactó meses atrás con el fin de fortalecer la
posición de reservas internacionales.
En medio de la
debacle post-PASO, los bancos participantes del REPO decidieron no
renovarlo. De esta manera el Tesoro debía
entregarles los u$s2.615 millones. Pero dada la situación de los números fiscales,
hubo que recurrir a la asistencia del Banco Central. Fue así como el
martes pasado, por segunda vez en el año, el BCRA le transfirió
utilidades al Tesoro por un monto de $127.000 millones. Con esos fondos el
Tesoro le compró divisas al BCRA que fueron a cancelar en gran parte el REPO.
Ese día las reservas cayeron u$s3.010 millones, de los cuales u$s2.639 millones
están vinculados con la cancelación de esta operación.
En lo que va del
año el BCRA ya le giró al Tesoro $204.245 millones ($77.245 M en mayo y
$127.000 M en agosto). Es la mayor transferencia de utilidades desde
2003. El año pasado se había fijado que ya no se asistiría al Tesoro, pero
la necesidad tiene cara de hereje. Al respecto vale recordar que por el
artículo 38 de la Carta Orgánica del BCRA, las utilidades que no se capitalicen
deben integrar un fondo de reserva general y otro especial hasta el 50% del
capital del banco. El excedente, o sea, las utilidades que no se capitalizan ni
van a ningún fondo de reserva se giran al Tesoro. El año pasado el Directorio
del BCRA aprobó en el balance utilidades por $577.000 millones.
Desde el punto de
vista monetario el importante efecto expansivo de la última transferencia (para
el REPO) fue compensado con la venta de divisas al Tesoro. Ese día hubo, en
realidad, una contracción monetaria por $12.672 millones producto de la
expansión de $37.821 millones vía Pases, la contracción vía Leliqpor
$44.689 millones, vía venta de divisas al sector privado por $6.201 millones.
El resto es expansión por intereses y contracción por otras operaciones del
sector público.
Con relación al
REPO el economista Aldo Abram sostiene que la cancelación del préstamo no
implicó una baja de la deuda por u$s12.810 millones, como señaló el Gobierno
porque se rescataron las garantías (títulos públicos) que no se contabilizan
como deuda hasta que no se ejecutan y estas no se ejecutaron. “El REPO que
se pagó fue la deuda que cayó. Es como pagar la última cuota del crédito de la
casa y no por ello se baja toda la deuda, o sea, el valor de la casa”, explica
Abram.
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