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Por Diego Saravia Tamayo - Los últimos días han sido
de mucha volatilidad y no han faltado análisis -algunos de importantes bancos
de inversión extranjeros- que argumentan que la Argentina no tiene los recursos
para cumplir sus obligaciones de corto plazo. La siguiente nota tiene por
objeto analizar la capacidad que tienen el Gobierno y el Banco Central para responder a sus obligaciones de
corto plazo en un escenario de crisis. No es un
análisis de las políticas monetaria y fiscal seguidas
por el Gobierno -hecho en otras notas- ni desconoce la dinámica de la deuda argentina.
Analicemos primero
la potencial demanda de dólares en una
crisis.
Por el lado de la
deuda pública, los vencimientos relevantes en un caso de estrés son los que
están en manos del sector privado, ya que son los que tienen riesgo de no ser
refinanciados y ser transformados en dólares (los que están en manos del Estado
serían refinanciados casi con seguridad).
De aquellos, en lo
que queda de 2019 vencen unos 15.000 millones de dólares (considerando un dólar
de 56 pesos). En el peor de los casos, es decir, que no haya refinanciamiento
alguno de la deuda privada, la demanda de dólares proveniente de los acreedores
privados del fisco sería por ese monto hasta fines de este año.
Si el problema no
se circunscribiese solo a la deuda, la otra usina importante de demanda de
dólares provendría del sector financiero. En caso de crisis, parte del
circulante y de los depósitos querrían ir al dólar.
Los primeros
candidatos son los depósitos a plazo, ya que las cuentas corrientes tienen un
componente transaccional en su demanda; es decir, son necesarios para la
operación de los que las tienen.
Algo parecido se
puede decir del circulante en poder del público y del que está en manos de las
entidades financieras; son necesarios para transacciones cotidianas en las que
se necesitan pesos, desde comprar la tarjeta del transporte público hasta para
que los bancos puedan abrir sus puertas.
Consideremos
escenarios exigentes para el caso de liquidez de corto plazo. Durante la crisis
del tequila, los plazos fijos se redujeron en el orden del 20%. Seamos más
duros y digamos que el 25% de los depósitos a plazo (en pesos y en dólares) se
retiran del sistema y se quieren ir al dólar.
Esto sin considerar
que es probable que los depósitos en pesos se vean más afectados que los que
están en dólares en caso de estrés -o sea, el escenario planteado es aún más
exigente-. Esto representaría una demanda adicional de alrededor de 15.500
millones de dólares.
Sin perjuicio de lo
dicho en el párrafo anterior, consideremos además que el 20% de las cajas de
ahorro, cuentas corrientes y circulante (incluyendo el que está en manos de los
bancos) se va al dólar. Esto representaría unos 4620 millones de dólares
provenientes de estos depósitos y unos 3248 millones provenientes del
circulante. Serían 7868 millones de dólares en total.
Quiere decir que la
demanda de dólares que provendría del sector financiero podría ascender a unos
23.368 millones de dólares.
Para responder a la
demanda de dólares el Banco Central tiene reservas internacionales por 62.404
millones de dólares (según su informe monetario diario del 22 de agosto). Acá
hay consideraciones que hacer con respecto a la composición de las reservas.
Cómo se componen
Hay un swap con China de unos 18.000 millones sobre el
cual es muy difícil conseguir la información contractual, pero se necesitaría
algún tipo de habilitación para usarlo (la transformación a dólares se haría
vía Hong Kong).
En las reservas
también se cuentan los dólares que las entidades financieras tienen encajados
en el Banco Central (14.256 millones de dólares) y que no deberían usarse en
caso de que la crisis no envuelva al sector bancario (corrida).
También se computa
una deuda con el FMI de algo más de 7000 millones de dólares y un swap con el BIS de Suiza. Aunque sea muy difícil
saber hasta dónde estaría dispuesto el BCRA (y el Gobierno) a vender reservas
en caso de crisis, nos hablan de la capacidad de respuesta del Gobierno.
Comparemos,
entonces, las demandas que surgen de los escenarios descriptos arriba con el
stock de reservas.
Si el problema
fuese solo de deuda, sin envolver al sector bancario -lo que es improbable-,
las reservas estarían holgadas. Si hubiese problemas en el sector bancario -sin
problemas de deuda pública-, las reservas también alcanzarían, quedando unos
39.036 millones de dólares (62.404 menos 23.368). Si se presentaran los dos
problemas juntos, la demanda total sería de 38.368 millones de dólares, cifra
que es menor que las reservas internacionales.
Obviamente, esto es
considerando que todas las reservas se puedan utilizar en caso de crisis y que
no haya reservas inútiles (como sería el swap chino si
no se pudiese usar cuando se lo necesita).
¿Y los bancos?
Dado que es
probable que el sistema financiero se vea involucrado en caso de una crisis,
parece relevante analizar la liquidez del sistema bancario.
Para responder a la
demanda de depósitos, los bancos tienen las Leliq (1.280.223 millones de pesos)
y los encajes (1.142.651 millones de pesos, teniendo en cuenta los que están en
ambas monedas). No considero el efectivo en las entidades financieras porque
usarlo compromete su operación (aunque los bancos podrían usar el efectivo en
dólares en una buena proporción).
Todo esto suma
2.422.874 millones de pesos. La potencial demanda discutida (23.428 millones de
dólares) representa 1.311.968 millones de pesos. Es decir, en todos los casos
la demanda es inferior a la disponibilidad de fondos del sistema financiero.
Claramente, este
análisis se abstiene de temas importantes como las consecuencias monetarias,
inflacionarias y fiscales de una situación de crisis. Pero muestra que la
Argentina tiene capacidad de respuesta a una crisis en el corto plazo.
La probabilidad de
que ocurra la crisis y la manera en que se vaya a responder a ella es una
cuestión que emanará de la interacción del contexto político (incluyendo la
política monetaria que ha estado siguiendo el país) y su interacción con las
expectativas del mercado.
Director de
Proficio, exgerente de Investigaciones Económicas del Banco Central de Chile
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