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Por Francisco
Seminario - El calendario de las
revisiones técnicas, que indicaba que en estos días debía tener lugar la quinta
revisión del acuerdo stand-by, parece haber sido dejado a un lado,
al menos momentáneamente. Y si se posterga ese examen trimestral de los
números de la economía macrista, es altamente probable -casi una certeza a esta
altura- que se estirarán también los plazos del próximo desembolso, que estaba
previsto para mediados del mes que viene.
Esto quiere decir
que los 5.400 millones de dólares que el Gobierno espera con ansiedad para
enfrentar las probables turbulencias del tramo final de la campaña no
llegarán en fecha.Es posible, incluso, que lleguen después de las elecciones de
octubre. "Las demoras son normales", le dijo a Infobae un
experto de la capital estadounidense, veterano de negociaciones similares.
"No debería haber problemas con las metas, que seguramente están
cumplidas. Esto más bien parece indicar que algo no está fluyendo como se había
previsto", agregó.
El escenario está
lejos de anunciar una ruptura, lo que congelaría el desembolso. "No es una
situación sin retorno", indicó la misma fuente. Una decisión de ese tipo
no se toma a nivel técnico sino que es el board del organismo
el que lo decide. Y lo hace sobre la base de un incumplimiento grosero de las
metas o condicionalidades contenidas en el acuerdo, en este caso un
crédito stand-by de 57.000 millones de dólares a tres años con
desembolsos trimestrales sujetos a la aprobación de las revisiones técnicas.
Las fuentes
consultadas coincidieron en que los nuevos plazos del Fondo reflejan, en el
peor de los casos, "un cambio de contexto". El FMI debe todavía
indicar cuándo iniciará la revisión técnica, un proceso que lleva
usualmente unos diez días de trabajo en el terreno, codo a codo con los
funcionarios de Hacienda y el Banco Central, y, según el caso, varias semanas
más de consultas desde Washington.
Esto le daría
tiempo al organismo multilateral para analizar ese nuevo contexto político, que
según un experto de Washington "va a tener influencia sobre el futuro de
la relación entre las partes". El panorama va a ser más claro con el
diario del lunes posterior a las elecciones.
Los técnicos del
FMI practicaron una pirueta cuando estaban ya casi en el avión rumbo a Buenos
Aires. Primero postergaron una semana su viaje cuando de la noche a la mañana
salió Nicolás Dujovne de Hacienda y en su lugar entró Hernán
Lacunza. Con el cambio de interlocutores parecía razonable esperar unos días.
Pero luego el
equipo del Fondo le cambió el carácter a la visita. El objetivo ya no sería
examinar los avances del programa sino "analizar los recientes
acontecimientos económicos y financieros y los planes de políticas del Gobierno",
así como reunirse "con asesores económicos de los principales
candidatos presidenciales para intercambiar puntos de vista", según indicó
un vocero del organismo.
Esto último ya tuvo
lugar, pero no fue todo lo que pasó. Desde el entorno de Alberto Fernández no
desaprovecharon la ocasión servida para enredar al Fondo en la campaña.
"El escenario se está poniendo espeso", dijo en off the
record un analista de la capital norteamericana.
Los observadores
creen que el duro comunicado del candidato de Cristina Kirchner sobre
las responsabilidades compartidas en la "catástrofe social"
y los rumores sobre una supuesta percepción de "vacío de poder"
en la Argentina fueron un anticipo de la negociación que se viene. El organismo
rechazó "categóricamente" esos supuestos dichos, pero no hizo
comentarios sobre el comunicado.
"Fue un
mensaje para el Fondo", dijo uno de los consultados
por Infobae. "Alberto empezó a marcar la cancha", agregó.
No es un misterio
para nadie que el ex jefe de gabinete de Cristina quiere reformular el acuerdo
con el FMI y retrasar el calendario de la devolución del crédito. Siguiendo esa
lógica, estaría buscando una posición de fuerza sin esperar al resultado
electoral. Para él, octubre ocurrió en las PASO. Y la misma percepción parece
tener el mercado, a juzgar por su reacción de ayer.
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