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Por Luis Palma
Cané - Apartir de las elecciones PASO del 11 de agosto, el
mercado financiero argentino inició un derrumbe que pareciera no tener fin. En
efecto, los inversores -tanto domésticos como extranjeros- reaccionaron ante la
negativa sorpresa del resultado eleccionario tal cual indican los libros de
texto: debido a la incertidumbre, aumentaron fuertemente su aversión al riesgo,
desprendiéndose de sus tenencias más riesgosas (activos financieros
argentinos), buscando un refugio de seguridad mayormente en dólares.
En nuestro país,
donde no existe la moneda como instrumento de ahorro, culturalmente el
termómetro de las crisis siempre ha sido el valor de la moneda de Estados
Unidos. Claramente, entonces, la condición necesaria para encauzar el actual
escenario de desequilibrio es lograr la estabilidad cambiaria. Para ello, las
herramientas clásicas son una importante suba de la tasa de interés en pesos,
una fuerte restricción monetaria y un claro mensaje del Banco Central en el
sentido de que hará todo lo que sea necesario para lograr la estabilidad.
Necesariamente,
todo este herramental debe ir acompañado por la confianza del mercado. A este
respecto, la teoría y la experiencia indican que -una vez iniciada la crisis-
la autoridad monetaria debe actuar de inmediato desplegando en simultáneo todas
las medidas necesarias a manera de shock. Caso contrario, las posibilidades de
cortar el círculo vicioso peso/dólar cada vez son menores.
¿Qué sucedió a
partir del domingo 11 de agosto? Se pueden distinguir tres etapas. La primera,
conducida por el ministro Nicolás Dujovne, se inicia a partir de la
"sorpresa" con una fuerte corrida cambiaria, acompañada por una
severa falta de confianza y una lenta reacción del BCRA. La segunda, a partir
de la designación, el lunes 19, del nuevo ministro Hernán Lacunza, el cual
correctamente definió la estabilidad cambiaria como prioridad y recuperó algo
de confianza, logrando, entonces, una relativa calma.
Lamentablemente,
solo se trató de una ráfaga, que se desvaneció el lunes pasado a partir de las
lamentables -y quizás intencionadas- declaraciones de Alberto Fernández, dando
lugar a una nueva etapa de inestabilidad.
La conclusión es
clara: sin confianza, la estabilidad cambiaria -condición necesaria para
encauzar la crisis- es prácticamente imposible de alcanzar.
¿Será posible
lograrla? La respuesta debe buscarse tanto en la oposición como en las
autoridades. Respecto de la primera, sería de vital importancia que los
candidatos a la presidencia evitaran en el futuro declaraciones que, dada la
sensibilidad actual, solo lograrían agravar la coyuntura. Dicho de otra manera,
como estadistas debieran perseguir el objetivo común de salir del actual y
grave escenario y no buscar meras ventajas electorales.
Salir de la inercia
En simultáneo,
sería necesario que las actuales autoridades salieran de la inercia de las
medidas ortodoxas tomadas (suba de tasa de interés, restricción monetaria e
intervenciones diarias en el mercado de cambios), las cuales a la fecha
claramente no han cumplido su objetivo de lograr la tan necesaria estabilidad
cambiaria.
Al respecto, las
medidas anunciadas ayer sin duda van en ese sentido: disminuir la incertidumbre
del cumplimiento de las obligaciones de corto plazo (Lete y Lecap), mejorar el
perfil de vencimientos de mediano plazo respetando moneda y tasa de interés e
iniciar conversaciones con el FMI para reperfilar los vencimientos de su
préstamo. También ha sido positivo el respaldo dado por el FMI a través de un
comunicado, que señaló que "las autoridades han tomado pasos importantes
para hacer frente a las necesidades de liquidez y para salvaguardar las
reservas".
¿Cómo reaccionarán
los mercados? Luego de varios intentos de "prueba y error", pareciera
que, por fin, han comenzado a completarse las medidas que conduzcan a lograr la
estabilidad cambiaria. El éxito de estas dependerá no solo de su bondad
técnica, sino también de que permitan disminuir sensiblemente la incertidumbre.
Si, tal como creemos, este fuera el caso, es de esperar una reacción positiva
de los mercados; la cual, para ser estable, debiera ir acompañada del necesario
apoyo político.
Economista de
Fimades
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